Publicado el 24. agosto 2019 In Hoerde, Vida en alianza

Hoerde 100 años después – en Tupãrenda

HOERDE – ¿Y AHORA QUÉ?, María de Lourdes y José Domingo Marin Massolo •

Tupãrenda lucía reluciente bajo el sol de agosto. La claridad del día presagiaba una jornada especial. Este domingo 18, la Iglesia principal, Santa María de la Trinidad, estaba abarrotada de fieles conmemorando el día de alianza, entre los cuales se divisaba a algunos con un atuendo especial: la remera particularmente diseñada para estos días festivos, la remera de la conmemoración del jubileo de los 100 años de Hoerde. En la parte frontal, lucía la imagen del símbolo de Hoerde y en la parte posterior, los nombres de los héroes de esa jornada ya centenaria. –

Luego de la eucaristía, en la que resonaron las palabras del evangelio: “He venido a prender fuego en el mundo, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo”, subimos en peregrinación hacia el Santuario, rezando un misterio del rosario. Tras la bendición final del P. Kühlcke, nos reunimos en la estatua del P. Kentenich y entonamos “Tiembla de emoción”, hasta donde la emoción nos permitía. En el Santuario se descubrió la Bandera de la Federación Apostólica de Familias del Schoenstatt paraguayo (FAF), un logro largamente anhelado, entonando “En nuestra llameante bandera…”

Juegos, premios, canciones y asado

La naturaleza con el sol radiante y el fresco de los días de agosto se hacía cómplice de nuestra alegría y la reforzaba. En el “mangal” (bosquecito de mangos, terreno de la FAF), los cursos en candidatura 29, 31, 33, 34 y 35 se encargaron de la ambientación, un exquisito asado campestre, los cobros, la cantina, los postres y el área de juego de niños.

Se entregaron los premios a los participantes del concurso de creación de la bandera, y los cursos 1 y 2 interpretaron un popurrí de estribillos de canciones que fue muy celebrado por la concurrencia. Luego de las fotos de rigor, nos abocamos a hacer honor al asado tan bien preparado.

Nos quedaba chica la cara para las sonrisas que prodigábamos como expresión del gozo de nuestras almas por este encuentro, donde el espíritu de familia, el espíritu comunitario penetraba por todos los poros. Nos decíamos ¡qué felices estamos de poder participar de un encuentro como este!

Espiritualmente unidos

Lo veníamos haciendo cada año en torno al 20 de agosto, desde hace al menos 12 años, y este día era como el momento cumbre de esta celebración. Cuanta alegría trae Schoenstatt a nuestras vidas, y que riqueza es poder compartir, este año con el aditamento de estar espiritualmente unidos a nuestra delegación presente en los festejos en Alemania.

Ahora, queda como desafío ¡hacernos dignos de esta herencia!

 

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