Publicado el 17. junio 2018 In Vida en alianza

Princesas de María, guerreras del mundo

ITALIA, Maria Lucrezia Rallo •

El mes de mayo ilumina y acerca a los cristianos a María. Mujer fuerte, bella y celestial. ¿Quién no querría ser así?—

Por eso, cada uno de nosotros hace de su vida una continua imitación, todos se inclinan ante un nuevo modelo que, ciertamente, nada tiene que ver con lo que se ve actualmente. Este nuevo modelo es María y esta vida de imitación es la vida de cada hombre y mujer que, con corazón puro, acepta el inmenso amor de la Madre y lo transforma en amor por los otros.

¿Quién puede conocer el éxito en esta empresa, tan difícil para nosotros mayores y no tan mayores que, cada día más, nos vemos imposibilitados de recibir y dar este regalo desinteresado, sin pensar que detrás haya algún cálculo?

Los niños y, en especial, las Apóstoles de María.

Una pequeña María en el siglo 21

Con mucha alegría, mi ciudad, a poca distancia de Palermo, acogió hace ya un año, esta realidad nueva para nosotros italianos, y se convirtió en una gran familia: la familia de las Apóstoles de María.

Se inició un largo recorrido, no siempre fácil (la verdad, exactamente lo contrario), rico en novedades más o menos positivas y verdaderas pruebas de coraje.

Pero, sin desviar nunca la mirada de la estrella Polar que es María, diez tenaces niñas entre 9 y 10 años de edad conquistaron con fuerza de voluntad y el amor desinteresado la pañoleta de las Apóstoles de María.

Símbolo de su ser una pequeña María en el siglo 21.

¿Y qué mejor día que el 18 de mayo para la ceremonia oficial?

Después de estos largos meses de preparación, las Apóstoles aprendieron la alegría de la comunidad, la serenidad del compartir y la esperanza de un mundo mejor. Conocieron en María un camino diferente a los caminos que se les había mostrado y combatieron como verdaderas guerreras por un único reino que es el reino de Dios.

Fueron muchas actividades que involucraron, no sólo a las diez Apóstoles sino también a sus familias, que acogieron nuestro Movimiento con una calidez y entusiasmo raros en estos tiempos.

El primer grupo de madres de Sicilia

He experimentado de primera mano la fuerza de la familia, la alegría de una hija por el apoyo de sus padres y sentido también, cómo una única frase de la propia hija puede cambiar vidas enteras. No por casualidad, gracias a la ayuda y constante empeño de la Hermana Julia, nuestra Asesora, se formó el primer grupo de Madres de Sicilia que, con el corazón abierto decidieron dar su “sí” a la Santísima Virgen, para vivir junto con las hijas, este amor materno que aún hoy a los 16 años me emociona.

La pañoleta no es sólo un símbolo: es mucho más. Es el compromiso concreto con una misión que, con determinación, las Apóstoles aceptaron delante de Dios y de la comunidad con su “Aquí estoy” (que reventaba los tímpanos). No es algo estético, la pañoleta pesa tanto como la responsabilidad que conlleva. La responsabilidad de llevarla con orgullo e inmenso amor, la responsabilidad de perdonar al otro sin rencor y la responsabilidad de combatir en un mundo que está dispuesto a destruir los frutos del amor de Dios.

El verdadero compromiso comienza fuera de la Parroquia, fuera del hogar y de los lugares que les son más queridos. El compromiso de cada una de ellas comienza en los lugares más hostiles donde podrán experimentar más aún que la Madre no las dejará nunca solas. Con convicción, escucho repetir la oración de Consagración a Nuestra Señora, y, tal como nuestro Padre Fundador, veo en ellas la certeza de que María está presente y jamás las dejará.

Sus ojos brillan con la misma luz de María

Fueron varias las emociones durante la celebración; recordaré tal vez como uno de los momentos más hermosos de mi vida cuando nuestro párroco el Padre Matteo Ingrasia, con amor y alegría en los ojos, colocó en el cuello de cada una este estupendo manto. Los nombres resonaban en el silencio místico de toda la comunidad que había acompañado con cariño a sus Apóstoles. Sus nombres: Maria Cristina, Natalia, Daisy, Nicoletta, Chiara, Alice C., Alice D., Alice S., Elisa, Maria Pia, son para nosotros ejemplos de pureza y entrega total a María. Sus ojos brillan con su misma luz.

No puedo más que agradecer a la Santísima Virgen por este regalo y esta responsabilidad, porque ahora conozco un poco más la fuerza de su amor.

Después de esta primera etapa, nuestro camino no termina. La verdad, quiero considerar esta meta como un nuevo comienzo, el inicio del crecimiento.

Quién sabe qué otras sorpresas nos reserva la Madre de Dios, espero que la formación de un nuevo grupo, no sólo en nuestra pequeña localidad, sino también en el resto de Italia.

Mamá, piensa Tú en eso.

 

 Original: italiano (9/6/2018). Traducción: Carmen M. Rogers, Santiago de Chile

Etiquetas: , , , ,