Publicado el 1. enero 2020 In Iglesia - Francisco - Movimientos

Mujer de la salvación, te confiamos este año, custódialo en tu corazón.

FELIZ AÑO NUEVO 2020 •

«En la ciudad Dios puso su tienda… ¡y de allí nunca salió! Su presencia en la ciudad, incluso en esta nuestra ciudad de Roma, «no debe ser fabricada, sino descubierta, revelada» (Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, 71). Somos nosotros los que debemos pedir a Dios la gracia de unos ojos nuevos, capaces de «una mirada contemplativa, es decir, una mirada de fe que descubre a Dios que habita en sus casas, en sus calles, en sus plazas» (ib., 71). —

Los profetas, en la Escritura, advierten contra la tentación de atar la presencia de Dios sólo al templo (Jer 7:4): Él habita en medio de su pueblo, camina con ellos y vive su vida. Su fidelidad es concreta, está cerca de la existencia cotidiana de sus hijos. En efecto, cuando Dios quiere hacer nuevas todas las cosas por medio de su Hijo, no empieza desde el templo, sino desde el vientre de una pequeña y pobre mujer de su Pueblo. ¡Esta elección de Dios es extraordinaria! No cambia la historia a través de los hombres poderosos de las instituciones civiles y religiosas, sino de las mujeres de la periferia del imperio, como María, y de sus vientres estériles, como el de Isabel.

Dios nos confía su Palabra y nos insta a lanzarnos a la lucha, a implicarnos en el encuentro y en la relación con los habitantes de la ciudad, porque «su mensaje corre rápido». Estamos llamados a encontrarnos con los demás y a escuchar su existencia, su grito de ayuda. ¡Escuchar ya es un acto de amor! Tener tiempo para los demás, para dialogar, para reconocer con una mirada contemplativa la presencia y la acción de Dios en sus vidas, para dar testimonio con hechos y no con palabras de la nueva vida del Evangelio, es verdaderamente un servicio de amor que cambia la realidad. Al hacerlo, de hecho, circula un aire nuevo en la ciudad y también en la Iglesia, el deseo de volver a partir, de superar la vieja lógica de la oposición y de las vallas, de colaborar juntos, construyendo una ciudad más justa y fraterna.

No debemos tener miedo o sentirnos inadecuados para una misión tan importante. Recordémoslo: Dios no nos elige por nuestra «habilidad», sino precisamente porque somos y nos sentimos pequeños. Le agradecemos por su gracia que nos ha sostenido en este año y con alegría le elevamos el canto de alabanza.

Papa Francisco, 31.12.2019

«El primer día del año celebramos estos desposorios entre Dios y el hombre, inaugurados en el vientre de una mujer. En Dios estará para siempre nuestra humanidad y María será la Madre de Dios para siempre. Ella es mujer y madre, esto es lo esencial. De ella, mujer, surgió la salvación y, por lo tanto, no hay salvación sin la mujer. Allí Dios se unió con nosotros y, si queremos unirnos con Él, debemos ir por el mismo camino: a través de María, mujer y madre. Por ello, comenzamos el año bajo el signo de Nuestra Señora, la mujer que tejió la humanidad de Dios. Si queremos tejer con humanidad las tramas de nuestro tiempo, debemos partir de nuevo de la mujer.

Jesús, recién nacido, se reflejó en los ojos de una mujer, en el rostro de su madre. De ella recibió las primeras caricias, con ella intercambió las primeras sonrisas. Con ella inauguró la revolución de la ternura. La Iglesia, mirando al niño Jesús, está llamada a continuarla. De hecho, al igual que María, también ella es mujer y madre, la Iglesia es mujer y madre, y en la Virgen encuentra sus rasgos distintivos. La ve inmaculada, y se siente llamada a decir “no” al pecado y a la mundanidad. La ve fecunda y se siente llamada a anunciar al Señor, a generarlo en las vidas. La ve, madre, y se siente llamada a acoger a cada hombre como a un hijo.

Acercándose a María, la Iglesia se encuentra a sí misma, encuentra su centro, encuentra su unidad. En cambio, el enemigo de la naturaleza humana, el diablo, trata de dividirla, poniendo en primer plano las diferencias, las ideologías, los pensamientos partidistas y los bandos. Pero no podemos entender a la Iglesia si la miramos a partir de sus estructuras, a partir de los programas y tendencias, de las ideologías, de las funcionalidades: percibiremos algo de ella, pero no el corazón de la Iglesia. Porque la Iglesia tiene el corazón de una madre. Y nosotros, hijos, invocamos hoy a la Madre de Dios, que nos reúne como pueblo creyente. Oh Madre, genera en nosotros la esperanza, tráenos la unidad. Mujer de la salvación, te confiamos este año, custódialo en tu corazón.»

Papa Francisco, 01.01.2020

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