Publicado el 18. mayo 2019 In Dilexit ecclesiam, Iglesia - Francisco - Movimientos

El llamado vigoroso a la santidad apostólica

ARGENTINA, Maria Teresa y Daniel Martino •

Hace apenas 10 días ocurrió en nuestro suelo argentino y en el corazón de la Iglesia, un acontecimiento sin precedentes: después de 43 años se concretó el reconocimiento y la beatificación de los mártires riojanos, que se entregaron hasta las últimas consecuencias en la misión de anunciar y encarnar la esencia del Evangelio. —

Cuando soñamos con la beatificación de nuestro padre fundador, siempre nos atrae esa certeza de que cuando el Santo Padre y sus comisiones pontificias deciden que es hora de elevar a algunos cristianos al honor de los altares, es después de un profundo discernimiento iluminado por el Espíritu, y no es para inaugurar una nueva estatua en los templos, sino para enaltecer y tomar como ejemplo la vida de esos cristianos, de acuerdo a la temperatura de su respuesta a las heridas de la humanidad actual. Así emergen del silencio y el anonimato vidas ejemplares, marcadas por gracias extraordinarias, pero también donadas a su historia y a sus contemporáneos en forma extraordinaria.

Por eso, no podemos dejar de vincular el llamado vigoroso a la santidad apostólica que brota del espíritu de Hoerde, con nuestra vocación de laicos kentenijianos, que nos vemos sorpresivamente iluminados y bendecidos por este acontecimiento.

Para compartir con pocas palabras el núcleo de este paso histórico y sagrado, transcribimos parte de la carta al papa Francisco de los laicos de La Rioja, y las palabras centrales del enviado del Vaticano, responsable en la Iglesia de las causas de los santos, celebrante principal en la Santa Misa de beatificación.

¡Gracias Papa Francisco! por la beatificación de los mártires riojanos

«Junto a otros dirigentes laicos de nuestro país hemos enviado una carta al papa Francisco para agradecerle la futura beatificación de los mártires riojanos, destacando la figura de Wenceslao Pedernera, quien fuera dirigente de la Acción Católica Rural en la Región Cuyo. Él se convertirá en nuestro primer laico mártir y primer miembro de nuestra Institución en llegar a los altares.

“Los cuatro beatos juntos: monseñor Enrique Angelelli, el sacerdote Gabriel Longueville, el religioso Carlos Murias y el laico Pedernera, fueron testigos del Reino de Dios en una de las épocas más oscuras de la historia argentina y juntos murieron, dejándonos una imagen de la Iglesia sinodal, en la que todos los bautizados estamos llamados a caminar ‘con un oído en el Pueblo y otro en el Evangelio’, como lo decía el obispo Angelelli, para servir a los pobres y a los excluidos”.

Sin duda, el testimonio de Wenceslao “nos llama a los laicos de Argentina a abrir -como él- las puertas de nuestra casa, de la Iglesia, de nuestras instituciones, de nuestras familias, para salir al encuentro de quien nos llama y nos necesita”.

La carta fue firmada por dirigentes de las Comisiones Nacionales de Justicia y Paz, de la Pastoral de Juventud de la Conferencia Episcopal Argentina, DEPLAI (Departamento de Laicos de la Comisión Episcopal de Laicos y Familia), Renovación Carismática y Acción Católica Argentina.

Palabras del cardenal Becciú, que preside en Roma la Congregación de las causas de los santos

“El ejemplo y la oración de estos cuatro beatos nos ayuden a ser cada vez más hombres de fe, testigos del Evangelio, constructores de comunidad, promotores de una Iglesia comprometida en testimoniar el Evangelio en todos los ámbitos de la sociedad, levantando puentes y derribando los muros de la indiferencia”.

“Confiamos a su intercesión esta ciudad y toda la nación: sus esperanzas y sus alegrías, sus necesidades y dificultades. Que todos puedan alegrarse del honor ofrecido a estos testigos de la fe”, agregó el cardenal.

“Que el Señor sostenga, con la fuerza del Espíritu Santo, a quienes hoy trabajan en favor del auténtico progreso y de la construcción de la civilización del amor”, concluyó.

Esta santidad puesta en acción tiene rostro misionero.

Recordamos también lo que nuestro Director del Movimiento, el P. Pablo Gerardo Pérez, escribió el 18 de abril:

Le pedimos al Señor que por su pasión y alianza nos transforme, nos santifique. Sabemos que la santidad no es algo lejano o extravagante y menos débil o tiernito. Lo sabemos por nuestro carisma y así nos lo recuerda el papa Francisco en su exhortación apostólica “Gaudete et exultate” y nos lo quiere mostrar en la beatificación de monseñor Angelelli y los mártires riojanos del próximo 27 de abril.

Veamos este acontecimiento eclesial con una mirada de fe, tal como nos lo enseñó nuestro Fundador, el P. Kentenich, un gran observador de la vida. Ver detrás de cada acontecimiento de la historia la mano bondadosa de Dios que guía y conduce a sus hijos. Así nos lo recordaban también los obispos en Aparecida (Doc. conclusivo, Cap. 2) cuando nos decían que la mirada de los acontecimientos desde la fe es la manera de mirar de los discípulos misioneros. Ver detrás de estos nuevos beatos el aliento por una santidad alcanzable, con tonada argentina.

Queremos ser también nosotros santos porque la entrega del Señor nos santifica. Esta santidad puesta en acción tiene rostro misionero. Así pues, nos unimos espiritualmente a todos los grupos misioneros schoenstattianos que en esta semana santa están misionando en diversos lugares del país: misiones universitarias en Mendoza, Vía Iesum; en Paraná, Ita Pater; en Bs As, Quo Vadis; en San Juan, Crux Fidelis; en Chaco, las MUIPIM; en la Plata, Adsum Pater; sumado a las Misiones Familiares en Tucumán, Salta, Mar del Plata, San Isidro y Pilar.

La santidad tiene rostro misionero

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