Publicado el 6. agosto 2015 In Iglesia - Francisco - Movimientos, Proyectos

La Pastoral penitenciaria en el encuentro con el Papa Francisco

PARAGUAY, P. Pedro Kühlcke •

Camino a la Costanera de Asunción, le decía a Orlando: “No te pongas nervioso, total solamente tenés que proclamar el Evangelio delante del Papa y del mundo entero…” Quizás no es la frase más indicada para calmar los nervios de un joven de 17 años a punto de vivir una de las experiencias más fuertes de su vida, pero nos reímos un buen rato.

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En primera fila

En la Pastoral penitenciaria ni se nos ocurrió que iba a ser posible llevar a adolescentes privados de libertad al encuentro de los jóvenes con el Papa Francisco. Pero cuando nos llegó una invitación de la Comisión central de la visita papal, y las autoridades del Ministerio de Justicia dieron luz verde, empezamos a movernos con mucha ilusión. Ya teníamos la experiencia de llevar a los chicos del sector semiabierto todos los meses a Tupãrenda para la Misa de jóvenes, ¡pero esto era otra cosa! Encima, quince días antes del gran día, me pidieron que uno de nuestros chicos proclame el Evangelio delante del Papa. Eso sí que no iba a ser fácil: algunos apenas saben leer y escribir, otros son bastante tímidos – pero uno de ellos, Orlando, se ofreció. Practicó mucho, casi ya se sabía las Bienaventuranzas de memoria; y el jueves previo el director lo llevó para la práctica en el lugar mismo.

Entre consideraciones de seguridad, autorizaciones de los jueces, y muchos et cetera, al final logramos que cuatro jóvenes puedan participar del encuentro con el Papa. Nos habían reservado un lugar especial, bien adelante: entre los discapacitados y los obispos, ¡en primera fila! Me llenó de orgullo encontrar a tantos schoenstattianos entre los servidores y organizadores. Una de ellos, Marti Ybáñez, candidata de las Hermanas de María, volvió a practicar con Orlando por qué rampa tenía que subir, cómo se tenía que mover en el escenario, y todo lo demás. Pero media hora antes de la llegada del Papa, vino otra servidora a decir que Orlando tenía que estar ya mismo detrás del escenario, cosa que no estaba prevista. Así que le acompañé hacia esa zona, especialmente vigilada. Me puse muy contento al darme cuenta que querían que Orlando esté en el camino por donde el Papa iba a subir al escenario, para poder saludarlo. Pero un guardia suizo dijo muy enérgicamente que eso no era posible, de ninguna manera. Se me ocurrió preguntarle si hablaba alemán, pero él hablaba solamente italiano. Llamó a otro, que estaba vigilando la escalera posterior de acceso al escenario. A éste le expliqué en alemán que Orlando tenía que proclamar el Evangelio en el encuentro, y en seguida dijo: “Ah, entonces ustedes tienen que estar en el escenario, ¡ahora!” Nos hizo subir, le dio las explicaciones del caso a Mons. Marini, el maestro de ceremonias del Papa, y de pronto estábamos Orlando y yo sentados en dos sillas en primera fila sobre el escenario – no sé quién tendría que haber estado ahí… Pero en seguida tuvimos que pararnos de nuevo, para ir al otro lado del escenario. Pensé que era para practicar algo más, pero no: ¡ya estaba entrando el Santo Padre, y pudimos saludarlo personalmente!

Era demasiado emocionante

En una entrevista posterior para el diario Última Hora, Orlando cuenta: “Antes de iniciarse todo conversé con el Papa. Me preguntó mi nombre y de la emoción no pude hablar, no me salían las palabras, era demasiado emocionante, luego de mucho esfuerzo le conté y también que iba a leer. ‘¿Te animás a hacerlo?’, me dijo. ‘¡Y sí!’, le respondí. El Papa me contestó: ‘¡Sos un valiente!’”.

Yo tuve la ocasión de pedirle una bendición especial para todos los adolescentes privados de libertad. Escuchó atentamente, miró de nuevo a Orlando, y con una sonrisa bondadosa dio la bendición.

Después de dos testimonios muy emotivos, le tocó a Orlando proclamar las Bienaventuranzas. ¡Qué bien que leyó! Me sentí muy orgulloso de él, y agradecido a Dios. Orlando mismo cuenta: “Al término de la lectura me acerqué para abrazarlo porque él me llamó. Sentí que volaba en las nubes, sentí una paz y que todo lo que pedí se iba a cumplir. Puedo decir que el abrazo del Papa vale oro. Cada vez que le hablaba me pedía que no me olvide de rezar por él, le insistí que ore por mi libertad y por toda mi familia. Luego me pidió permiso para mencionar en público lo que le dije, pero que se iba a referir sobre la libertad en general. Convirtió en una reflexión mi pedido y cada vez que mencionaba mi nombre yo sentía emoción y sentía que volaba”.

Y así, el Papa Francisco dejó de lado el discurso que tenía preparado, para empezar a hablar de Orlando y su pedido de libertad: “Después de haber leído el Evangelio, Orlando se acercó a saludarme y me dijo: te pido que reces por la libertad de cada uno de nosotros, de todos. Es la bendición que pidió Orlando para cada uno de nosotros. Es la bendición que pedimos ahora todos juntos. La libertad, porque la libertad es un regalo que nos da Dios, pero hay que saber recibirlo, hay que saber tener el corazón libre, porque todos sabemos que en el mundo hay tantos lazos que nos atan el corazón. Y no dejan que el corazón sea libre. La explotación, la falta de medios para sobrevivir, la drogadicción, la tristeza, todas esas cosas nos quitan la libertad. Así que todos juntos, agradeciéndole a Orlando que haya pedido esta bendición, tener un corazón libre, un corazón que pueda decir lo que piensa, que pueda decir lo que siente y que pueda hacer lo que piensa y lo que siente. Ese es un corazón libre. Y eso es lo que vamos a pedir todos juntos. Esa bendición que Orlando pidió para todos.

Repitan conmigo: Señor Jesús, dame un corazón libre, que no sea esclavo de todas las trampas del mundo, que no sea esclavo de la comodidad, del engaño, que no sea esclavo de la buena vida, que no sea esclavo de los vicios, que no sea esclavo de una falsa libertad que es hacer lo que me gusta en cada momento.

Gracias Orlando por hacernos caer en la cuenta de que tenemos que pedir un corazón libre, pídanlo todos los días”.

¿Qué significó para Orlando ese día? “La lectura, el abrazo y el rosario (que le regaló el Papa) son mi mayor regalo. Me tocó muy en el fondo del corazón. Mi compromiso es ayudar a mis compañeros a que crean en Dios, que le dediquen su tiempo. Demostrar que él ayuda y cambia nuestras vidas. Cuando salga de acá, voy a llevar la palabra de Dios primero en mi familia. Luego ayudar a que los jóvenes piensen dos veces para hacer las cosas, que un error puede costar muy caro”.

Un precedente valioso de lo que podemos hacer para ayudar a la reinserción social efectiva de los jóvenes

IMG-20150713-WA0032Para nuestra Pastoral penitenciaria “Visitación de María” fue un día de gracias muy especiales, y un precedente valioso de lo que podemos hacer para ayudar a la reinserción social efectiva de los jóvenes que por diversas circunstancias, muchas veces muy trágicas, entraron en conflicto con la ley. Nos motiva mucho un párrafo del discurso del Papa Francisco: “Libertad de corazón, ¿se acuerdan? Libertad de corazón, lo que nos decía Orlando. Servicio, solidaridad, lo que nos decía Liz. Esperanza, trabajo, luchar por la vida. Salir adelante, lo que nos decía Manuel. Como ven la vida no es fácil para muchos jóvenes y esto quiero que lo entiendan, quiero que se lo metan en la cabeza. Si a mí la vida me es relativamente fácil, hay otros chicos y chicas que no les es relativamente fácil. Más aún que la desesperación los empuja a la delincuencia, los empuja al delito, los empuja a colaborar con la corrupción. A esos chicos, a esas chicas les tenemos que decir que nosotros les estamos cerca, que queremos darles una mano, que queremos ayudarles con solidaridad, con amor, con esperanza”.

 

 

Fuente de la entrevista:  http://www.ultimahora.com/historia-del-joven-que-inspiro-al-papa-cambiar-su-discurso-costanera-n913934.html

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