Publicado el 6. agosto 2015 In Iglesia - Francisco - Movimientos

Nosotros podemos cambiar el mundo: Francisco y los Movimientos Populares

Pensamiento y acción del Papa Francisco, por Jorge Benedetti, Generación Francisco

La alocución del papa en el Encuentro de los Movimientos Populares (Bolivia) amerita un análisis a profundidad, dado que expresa claramente una nueva pedagogía -tanto pastoral como política- de la Iglesia Católica.

Ésta debería ser comprendida a cabalidad por el episcopado y por los movimientos de Iglesia como un giro de acción de la magnitud que efectivamente tiene, a fin de acompañar la labor del pontífice.

“Nosotros” los que luchamos por el cambio de las estructuras

Fco en Bolivia02Comencemos considerando que no es frecuente (casi me animaría a afirmar que es la primera vez) que en la exposición de un pontífice se observa el uso del “nosotros”, no como una forma de realeza o infalibilidad, sino que en este caso el nosotros debe ser interpretado como hacerse partícipe o ser parte de.

En ese sentido no corremos el riesgo de que se trate de un error de interpretación, ni mucho menos de traducción, dado que el mensaje fue pronunciado en castellano y el carácter de estas afirmaciones es sistemático.

Insistentemente hace referencia a las palabras nosotros, nuestro, utiliza reiteradamente múltiples giros en plural, como reconocemos, queremos, pensemos, podemos y –por si quedara alguna duda- habla de “nuestros encuentros” y agrega “Ustedes (…) me han hecho parte de sus luchas”.

No cabe duda de que se siente partícipe de las luchas de los movimientos populares, de aquellos que expresan a los excluidos o a los que han sido marginados hacia las periferias. Es decir, Francisco está violando la tradicional neutralidad del papado y -como parte de la imitación a Cristo- se ubica entre los pobres y excluidos.

La constatación de la situación del mundo lo obliga a ello. Citando el documento de Aparecida manifiesta que «las instituciones financieras y las empresas transnacionales se fortalecen al punto de subordinar las economías locales, sobre todo, debilitando a los Estados, que aparecen cada vez más impotentes para llevar adelante proyectos de desarrollo al servicio de sus poblaciones».

Frente a esto destaca que “La distribución justa de los frutos de la tierra y el trabajo humano no es mera filantropía. Es un deber moral. Para los cristianos, la carga es aún más fuerte: es un mandamiento. Se trata de devolverles a los pobres y a los pueblos lo que les pertenece. El destino universal de los bienes no es un adorno discursivo de la doctrina social de la Iglesia. Es una realidad anterior a la propiedad privada. (…) No basta con dejar caer algunas gotas cuando los pobres agitan esa copa que nunca derrama por sí sola.” Es por esta causa que resalta las acciones de quienes trabajan “oponiendo una resistencia activa al sistema idolátrico que excluye, degrada y mata”.

Una prioridad: los cambios que exigen los pueblos

Fco en Bolivia17No como error de locución sino como fuerza expresiva del discurso, Francisco insiste con algunos términos utilizándolos -en singular y plural- en una forma que podríamos decir exageradamente reiterada. Así el vocablo “pueblo/s” es utilizado en 40 oportunidades y la palabra “cambio/s” en 33.

No caben dudas acerca de que la profunda formación teológica (e inclusive la política) de Francisco está claramente vinculada con lo popular, pero la utilización de la palabra pueblo en la cantidad indicada (no incluyo en la suma el término “populares”) manifiesta no sólo una clara predilección, sino también una intencionalidad pedagógica, que sólo de mala fe no puede ser comprendida claramente.

Pero esta identificación también incluye una orientación. Para solucionar los problemas de los pueblos hay que producir cambios y estos son imperiosos. Francisco se refiere expresa y reiteradamente al hecho de que “las cosas no andan bien en un mundo donde hay tantos campesinos sin tierra, tantas familias sin techo, tantos trabajadores sin derechos, tantas personas heridas en su dignidad” y agrega “digámoslo sin miedo: necesitamos y queremos un cambio” y esto implica modificar las estructuras resultado del proceso de una globalización al servicio de los poderosos que ha construido “realidades destructoras” que “responden a un sistema que se ha hecho global”. Desea que ese cambio comience a producirse “en nuestro barrios” pero también “que toque al mundo entero”, dado que hay un cambio “que queremos y necesitamos”, pero no sólo nosotros, sino que es querido “incluso dentro de esa minoría cada vez más reducida que cree beneficiarse con este sistema, reina la insatisfacción y especialmente la tristeza. Muchos esperan un cambio que los libre de esa tristeza individualista que esclaviza.” Y esto es así cuando gobierna “la ambición desenfrenada de dinero”, lo cual -afirma- es “el estiércol del diablo”.

Como para que no haya lugar a titubeos, el papa Francisco no habla con subterfugios ni con dobles interpretaciones, manifiesta claramente: “insisto, digámoslo sin miedo: queremos un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta”.

La bandera de esta lucha: Las “tres T”: tierra, techo y trabajo

Fco en Bolivia12Pero esta orientación hacia un cambio a favor de los pueblos tiene políticas concretas en cuanto a lo económico y social, como a lo específicamente político y geopolítico.

Vayamos al primer aspecto. Francisco habla, entre otras cuestiones, de la exigencia de dignificar la “economía popular”, desarrollar y expandir la “producción comunitaria”, de la necesidad de “poner la economía al servicio de los pueblos” y para esto propone un piso: Las “tres T”, a las que menciona específicamente en 6 oportunidades. La primera de ellas cuando manifiesta que “La Biblia nos recuerda que Dios escucha el clamor de su pueblo y quisiera yo también volver a unir mi voz a la de ustedes: las famosas “tres T”: tierra, techo y trabajo, para todos nuestros hermanos y hermanas. Lo dije y lo repito: son derechos sagrados. Vale la pena, vale la pena luchar por ellos. Que el clamor de los excluidos se escuche en América Latina y en toda la tierra.” También destaca el carácter de “madre sin techo” de María, “una humilde muchacha de un pequeño pueblo perdido en la periferia de un gran imperio”.

Pero también aclara que alcanzado el objetivo de las “tres T” la lucha no termina, sino que debe procurarse el “vivir bien”. En este sentido manifiesta que “Jesús dice en el Evangelio que, aquel que le dé espontáneamente un vaso de agua al que tiene sed, le será tenido en cuenta en el Reino de los cielos. Esto implica las «tres T», pero también acceso a la educación, la salud, la innovación, las manifestaciones artísticas y culturales, la comunicación, el deporte y la recreación. Una economía justa debe crear las condiciones para que cada persona pueda gozar de una infancia sin carencias, desarrollar sus talentos durante la juventud, trabajar con plenos derechos durante los años de actividad y acceder a una digna jubilación en la ancianidad. Es una economía donde el ser humano, en armonía con la naturaleza, estructura todo el sistema de producción y distribución para que las capacidades y las necesidades de cada uno encuentren un cauce adecuado en el ser social. Ustedes, y también otros pueblos, resumen este anhelo de una manera simple y bella: «vivir bien», que no es lo mismo que «pasarla bien».”

América Latina: “Liberación o dependencia

Fco en Bolivia09Decíamos que también planteaba orientaciones específicamente políticas. En este sentido habla de América Latina en 6 oportunidades (destaquemos que si bien el encuentro se realizó en nuestro continente era de carácter mundial) planteando claramente la necesidad de la unidad continental, refiriéndose en 2 oportunidades a la “Patria Grande”.

Así manifiesta que “En estos últimos años, después de tantos desencuentros, muchos países latinoamericanos han visto crecer la fraternidad entre sus pueblos. Los gobiernos de la Región aunaron esfuerzos para hacer respetar su soberanía, la de cada país, la del conjunto regional, que tan bellamente, como nuestros padres de antaño, llaman la “Patria Grande”. Les pido a ustedes, hermanos y hermanas de los movimientos populares, que cuiden y acrecienten esta unidad. Mantener la unidad frente a todo intento de división es necesario para que la región crezca en paz y justicia”.

Pero como para que no queden dudas de que el aspecto geopolítico es un tema central, Francisco condena al “colonialismo” en 7 oportunidades y las “imposiciones” en otras 3, destacando el valor de la “soberanía” en 4 y de la “independencia” en 3. Así manifiesta que “No se puede permitir que ciertos intereses –que son globales pero no universales– se impongan, sometan a los Estados y organismos internacionales, y continúen destruyendo la creación. Los pueblos y sus movimientos están llamados a clamar, a movilizarse, a exigir –pacífica pero tenazmente– la adopción urgente de medidas apropiadas”.

También resalta que “El nuevo colonialismo adopta diversas fachadas. A veces, es el poder anónimo del ídolo dinero: corporaciones, prestamistas, algunos tratados denominados «de libre comercio» y la imposición de medidas de «austeridad» que siempre ajustan el cinturón de los trabajadores y los pobres”.

Luego condena el aspecto cultural e ideológico del colonialismo, al afirmar que “Del mismo modo, la concentración monopólica de los medios de comunicación social, que pretende imponer pautas alienantes de consumo y cierta uniformidad cultural, es otra de las formas que adopta el nuevo colonialismo. Es el colonialismo ideológico”.

Por último vuelve sobre el tema manifestado en “La Alegría del Evangelio” en el sentido de la violencia que supone la imposición de un modelo económico que no sólo genera miseria, sino también inequidad, poniendo en grave peligro la vida en paz en todo el planeta. Con claridad manifiesta que “El colonialismo, nuevo y viejo, que reduce a los países pobres a meros proveedores de materia prima y trabajo barato, engendra violencia, miseria, migraciones forzadas y todos los males que vienen de la mano… precisamente porque, al poner la periferia en función del centro, les niega el derecho a un desarrollo integral. Y eso, hermanos, es inequidad y la inequidad genera violencia, que no habrá recursos policiales, militares o de inteligencia capaces de detener. Digamos «NO», entonces, a las viejas y nuevas formas de colonialismo. Digamos «SÍ» al encuentro entre pueblos y culturas. Felices los que trabajan por la paz”.

Cómo seguir

Fco en Bolivia04Francisco ha sido “exageradamente” claro en esta exposición, pide cambios y pide acción, a tal punto que exige terminar con los diagnósticos.

En el “II Encuentro Latinoamericano de Doctrina Social” (México-2006) el padre Juan C. Scannone (SJ) expresó que la Iglesia obtenía un 10 en el Ver, un 5 en Juzgar y un 0 en Actuar. Desgraciadamente si bien esta afirmación recibió el aplauso cerrado de los obispos y laicos presentes, sigue siendo una realidad (Baste contemplar la labor del Observatorio de la Deuda Social o los eventos de la Pastoral Social para confirmar esta calificación).

Francisco manifiesta que “Sufrimos cierto exceso de diagnóstico que a veces nos lleva a un pesimismo charlatán o a regodearnos en lo negativo. Al ver la crónica negra de cada día, creemos que no hay nada que se puede hacer salvo cuidarse a uno mismo y al pequeño círculo de la familia y los afectos”.

El Papa ha planteado dos hechos que no deberían dejar dudas. Por un lado ha realizado una Invitación (obsérvese que no da directivas, no sólo por su carácter y por saber que el que conduce persuade, sino porque no obtiene la respuesta deseada. Así ha manifestado que “Me alegra tanto ver la Iglesia con las puertas abiertas a todos ustedes, que se involucre, acompañe y logre sistematizar en cada diócesis, en cada Comisión de Justicia y Paz, una colaboración real, permanente y comprometida con los movimientos populares. Los invito a todos, Obispos, sacerdotes y laicos, junto a las organizaciones sociales de las periferias urbanas y rurales, a profundizar ese encuentro”.

Pero también afirmó que “Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de «las tres T». ¿De acuerdo? Trabajo, techo y tierra. Y también, en su participación protagónica en los grandes procesos de cambio, cambios nacionales, cambios regionales y cambios mundiales. ¡No se achiquen!”.

Por último cierra la exposición pidiéndoles a los concurrentes que repitan en su corazón un anhelo: “ninguna familia sin vivienda, ningún campesino sin tierra, ningún trabajador sin derechos, ningún pueblo sin soberanía, ninguna persona sin dignidad, ningún niño sin infancia, ningún joven sin posibilidades, ningún anciano sin una venerable vejez”.

Las conclusiones son claras, el pontífice destacó que el futuro de la humanidad está en gran medida en manos de los movimientos populares y al mismo tiempo “invita” a los obispos a sistematizar “en cada diócesis” un trabajo coordinado que permita “una colaboración real, permanente y comprometida con los movimientos populares”.

La magnitud del trabajo planteado y la claridad de las afirmaciones nos impulsan a la acción sin esperar de nadie. El papa destacó a “ese militante, ese misionero que patea las barriadas…” pues “pueden hacer mucho”. Numerosos hombres y mujeres se permiten dudar de que la totalidad de los obispos comprenda la importancia de la tarea y acepte la invitación del pontífice. Será labor de los laicos y los sacerdotes que sentimos como propias las iniciativas de Francisco de hacernos cargo. Esperamos que los obispos nos ayuden y se pongan al frente ¡bienvenidos sean!

Texto completo del discurso del Papa Francisco

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