Publicado el 13. abril 2015 In Schoenstatt en salida

Mirad el árbol de la Cruz

USA, Austin, Texas, Rodrigo Fernández •

Fue una experiencia increíble. De verdad no puedo entender cómo salió como salió. Tras dos meses de preparación, juntas, planes de logística, aplicaciones y permisos y estrés, el resultado trascendió mucho más de​ todo lo planeado, de verdad hubo mucha intervención, se sintió la mano de la Mater guiando nuestro camino.

1 pm en la catedral; los actores preparándose, la policía checando la ruta, los peregrinos firmando las formas del seguro. El pronóstico de tiempo era pésimo, había programada lluvia casi toda la tarde. Llegaron alrededor de cien personas a los escalones de la catedral, mucho menos de lo que me esperaba.

Dije unas palabras, no me acuerdo qué dije pero me acuerdo cruzar mirada con el Padre Patricio y lo sentí muy orgulloso de mí. El padre Jesús nos dio su bendición, y escoltados por la policía de la ciudad empezamos a caminar las calles del centro de Austin, siguiendo a Jesús, con el capitolio a nuestras espaldas.

«Estoy atorado en tráfico y no he llegado a la siguiente estación, traigo la cruz en la cajuela, qué hago?» «Oye, hay un reportero del periódico de la diócesis que quiere hablar contigo» «Los del sonido se fueron a la estación incorrecta» Y yo en medio del caos tratando de tomar decisiones improvisadas.

«No puedo creer que estemos haciendo esto»

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Llegamos a Austin City Hall, y ahí nos esperaban los del sonido, muy puestos con su bocina y micrófonos; y la cruz que se veía enorme, esperándonos. Nunca se me va a olvidar ese momento, de verdad fue algo muy muy especial. Logramos algo único. Tanta gente vio a un grupo de peregrinos convencidos de la importancia de lo que hacían. Se vivió un ambiente muy especial entre todo el grupo.

«No puedo creer que estemos haciendo esto» «Mira cuánta gente se nos está uniendo, somos casi doscientos» «Parece que no va a llover! Pero con las nubes no se siente tanto el sol»

Y de repente me di cuenta que de verdad éramos peregrinos, que no caminábamos solos y que todo estaba saliendo mucho mejor de lo que pude imaginar. A las tres de la tarde tuvimos una parada de descanso en Zilker Park. Ahí el Padre Patricio nos guió en oración. Doscientas personas en silencio, hincadas alrededor de Cristo y su cruz. Seguimos nuestro camino en ese mismo espíritu de silencio en pleno caos del mundo.

Llegamos al límite de la ciudad de Austin con el condado de Travis. Los policías de la primera nos guiaban, los policías de la segunda nos recibían para escoltarnos el resto del camino. La gente está cansada, el sol se puso más pesado, el ritmo del grupo bajó.

Y seguimos con la última milla

150413-01-usa-texas-stationsLlegamos a la primera estación después del parque. Una señora ya no puede seguir. «Necesitamos que vengan por dos señoras a la gasolinera. No, no, esa no, la que está enfrente del banco». «Oye, llegó un reportero de un canal local que se enteró del evento y te quiere hacer una entrevista» «Están regando el pasto donde teníamos planeado la estación, qué hacemos?» Y el grupo seguía bajo el sol.

Llegamos a la siguiente parada de descanso. Se nos había ocurrido dar toallas empapadas en agua helada a los peregrinos. A los encargados de la parada se les habían olvidado. Llegaron con ellas justo cuando nos estábamos sentando. Se ve en las caras de la gente que este simple detalle hizo toda la diferencia. Recuperamos los pocos minutos que habíamos perdido, regresamos al horario planeado.

Las estaciones se vuelven cada vez más intensas. La gente canta canciones, reza rosarios, se confiesa con el Padre Patricio. La policía nos escolta, el tráfico de Austin se detiene y Jesús sigue su camino al calvario, seguido por María y doscientos peregrinos.

«Ya está listo el santuario» «El coro está practicando» «Parece broma, pero llegó otro reportero de una página de internet católica que te quiere entrevistar» Y seguimos con la última milla.

Nos detenemos bajo un puente, en donde cada año tomamos la misma foto con nuestras banderas. Volteo a ver a Josh Parker, hemos estado juntos en la rama de universitarios desde el principio, desde cuando a las peregrinaciones venían muchas menos personas, y le pregunto «Puedes creer que estamos haciendo esto?» Ya casi llegamos.

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El silencio del Viernes Santo

«¿Qué le pasó al que está actuando de Jesús? Está bien? Por qué se lo llevaron?» «¿Ya está lista la última escena en el santuario? Vayan acomodando a Jesús en la cruz, llegamos en 20.» «¿Quién se llevó la botella con la sangre falsa?» «No entiendo, ¿dónde quieres el sonido? ¿en cuál camino?».

Llegamos al letrero que dice «Addie Roy Rd.». Entre gritos y risas, logro acomodar a la gente. Le aviso a la fotógrafa que estamos listos. Me acomodo, y se toma la foto con el grupo de peregrinos más grande que hemos tenido. Pienso en los primeros universitarios de Schoenstatt que desde hace años soñaban con esta peregrinación.

Subimos la colina, nos encontramos a Judas. Su reflexión nos llega al corazón. Las sonrisas se desvanecieron rápido y en el grupo respira un aire solemne. Caminamos lento hasta llegar a la entrada de 225 Addie Roy, nuestro hogar. Se alcanza a ver a Jesús en la cruz, listo para las últimas estaciones, con el santuario detrás. Nos detenemos a una corta distancia, María Magdalena nos da su monólogo y con ella, lento caminamos hasta la escena.

No alcanzamos a acomodar el sonido a tiempo, los actores tienen que proyectar su voz. No se alcanza a escuchar todo lo que dicen. A nadie parece importarle porque lo que hemos vivido juntos estas últimas 6 horas y 9 millas lo dicen todo. Jesús muere en la cruz.

En un silencio total, la gente toma sus asientos. Se anuncia que la liturgia de Viernes Santo empieza en 15 minutos. La gente aprecia la hermosa vista del santuario y las montañas en silencio, escuchando el silbar del viento que corre entre las filas de sillas, y reflexiona en todo lo que ha pasado. La liturgia empieza en ese mismo silencio.

Justo a la puesta de sol empieza la veneración de la cruz. Cantamos una canción que escribimos para este momento. El sol se pone y resto de la liturgia se vive a silencio oscuro.

Al final, se invita a los peregrinos a pasar al santuario. Les entregamos una tarjeta con la cruz de la unidad, y una cruz pequeña de metal. No podía creer cuánta gente vino a nuestro santuario.

Pasamos a la casa del movimiento a comer una sopa que una señora del movimiento nos preparó. Alcanzó justo para el último peregrino que se quedó a cenar.

Y así terminó el primer Viernes Santo en nuestro santuario de Austin, una experiencia cuyo significado continúo descubriendo.

Original: inglés. Traducción: Rodrigo Fernández

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