Publicado el 7. enero 2018 In schoenstattianos

“Uno siempre es pionero”

Con motivo del 90° cumpleaños de Paul M. Rothgerber, Maria Fischer •

Roberto González me recibió esa oscura noche de Adviento en la puerta de la Casa Mario Hiriart, la casa central del Instituto Secular de los Hermanos de María de Schoenstatt. No nos dirigimos inmediatamente a la casa, sino que fuimos directamente a la tienda de la orfebrería. Allí se encuentran, en todos los tamaños, aquellos valiosos símbolos que le dan forma al mundo de valores de Schoenstatt y que representan en todo el mundo la Alianza de Amor y la Cultura de Alianza: artículos schoenstattianos como medallas, cruz de la unidad, coronas y también las grandes obras de arte únicas: custodias, cálices, tabernáculos, elementos para el altar… Todo lleva su huella, las huellas de un pionero que comenzó a trabajar en la casa con sus muchos rincones, la “Alte Goldschmiede” (la antigua casa de orfebrería) y luego continuó con su profesión y su vocación de orfebre aquí, en la nueva casa: Paul M. Rothgerber, quién cumplió 90 años el 6 de diciembre.

Nos saludó con ojos brillantes y una sonrisa de pura alegría, completamente despierto y encantado de ser entrevistado. No hubo necesidad de recurrir a mi pregunta “rompehielos”, este hombre estaba ansioso por contar su historia y sus historias. Sin embargo, abordé la pregunta inicial que tenía preparada: “Señor Rothgerber, ¿usted pertenecía a la Federación de la Juventud Masculina, al primer curso? ¿Fue usted un ‘Pionero del Padre’?”.

Se trata de la vocación a Schoenstatt

Un resplandor recorrió el rostro de Paul Rothgerber y luego brotaron las palabras de su boca: sobre las jornadas de principios de año, el ideal “Pioneros del Padre” y el símbolo de aquel tiempo, la pala, que aún conserva. Así se siente el primer amor.

Tenía dieciocho años cuando regresó a casa después de la Segunda Guerra Mundial y el P. Alex Menningen comenzó a reunir a los jóvenes dispersos, que después de las terribles experiencias de guerra, quisieron reconstruir la Juventud de Schoenstatt y profundizar su vocación a Schoenstatt, aquella vocación que fue capaz de soportar las experiencias de guerra y los acompañó a través de los durísimos momentos.

“El Padre Menningen dirigió la candidatura de la Federación de la Juventud Masculina”, dijo Paul M. Rothgerber. “Eso fue algo muy especial, una etapa en el sano desarrollo de la juventud. Un desarrollo sanamente orgánico”. Entre los jóvenes primero se buscaron y se formaron a los jefes de grupo para la reorganización de la Juventud de Schoenstatt y, como lo relató el homenajeado con un brillo juvenil en sus ojos, “uno sintió cómo en algunos se percibía otro paso, en ellos latía una decisión especialmente fuerte: entregarse plenamente a Schoenstatt. Y entonces en ese momento entró en juego la Federación como parte de un desarrollo vocacional sanamente orgánico”. Tal vez mi mirada de asombro le hizo responder: “Ese fue un desarrollo vocacional muy sano y orgánico, desde lo más básico hasta llegar a un estilo de compromiso total en y para Schoenstatt. Hoy en día todo es tan inconstante, las personas se mueven de un lugar a otro, de repente se deciden por una rama o no se deciden por ninguna. Entre nosotros, en ese tiempo todo era más orgánico, totalmente plasmado por la vocación por Schoenstatt y cada paso significó la profundización de una decisión, que desde un principio fue marcada por la consagración a la Santísima Virgen”.

Su consagración a la Santísima Virgen, su Alianza de Amor fue el 8 de diciembre de 1944, bajo una frazada, escondido en un cuartel en Dinamarca. Ese día, los amigos del grupo de Schoenstatt de Waldstetten sellaron su Alianza de Amor y los que no estaban presentes, se unieron desde la distancia. “Eso fue en ese momento algo muy serio, cada uno envió su oración de consagración y así se selló la decisión. En un comienzo todos los anhelos se encontraban presentes en ese compromiso, lo que luego se hizo realidad en la práctica, en la vida cotidiana, en los acontecimientos de la guerra. La Federación de la Juventud Masculina, la decisión de pertenecer a la Federación fue la profundización de una decisión marcada por la guerra y que trajo consigo la madurez para hacer realidad lo consagrado”.

La entrevista con un nonagenario se convirtió en una contribución al Sínodo de los Jóvenes sobre fe, vocación y diferenciación.

 

6 de diciembre 2017, fiesta del 90° cumpleaños

¿Cómo fue la fundación de la Federación de la Juventud Masculina? ¿Cuál fue su orientación?

El comienzo fue apostólico y se realizó en 1946. Fue trabajo de pionero. “Tuvimos que reorganizar todo el trabajo de la juventud, reunir a todos los líderes y jefes, comenzar con la revista: y entonces nos dimos cuenta de algo evidente: se trataba de mucho más. Necesitábamos y queríamos más”. Comenzó la candidatura (“un tiempo grandioso, del cual se puede vivir toda una vida”), comenzó el contacto con el círculo en la Universidad de los Palottinos junto al P. Monnerjahn, al Padre Mosbach… El Padre Menningen guió a los jóvenes en forma profunda, “y en el trasfondo estaba en Schoenstatt siempre presente el Padre Kentenich”.

Los valores de la Federación fascinaron a los jóvenes. “La candidatura fue un autodescubrimiento como persona, como schoenstattiano, una preparación orgánica para el próximo paso, la vocación a una forma concreta de vida en Schoenstatt. En ese tiempo, maduró mi vocación a los Hermanos de María. Pero lo esencial fue esa generación de Federación. Como joven, uno tenía que encontrarse a sí mismo y comenzar a plasmar su vida a partir de Schoenstatt”.

¿Cómo fue eso para usted en lo personal?

“Conocí a Schoenstatt antes de la guerra. Luego me tocó el turno de partir a la guerra, la consagración en 1944 y después de la guerra tuve la certeza: ahora quiero para siempre ser parte de Schoenstatt”.

Ya en 1945, el joven de 18 años llegó a Schoenstatt y realizó su primer retiro con el sacerdote palotino P. Distelkamp. Luego, en 1947 comenzó la candidatura para la Federación de la Juventud Masculina. Y nuevamente: “Se trataba de mi meta personal, trabajar exclusivamente para Schoenstatt y dar pasos hacia adelante y no detenerme”.

¿Cómo surgió su vocación a ser parte de los Hermanos de María?

“Luego escuché que existían los Hermanos de María”, dijo Paul M. Rothgerber. “Personalmente quería simplemente seguir el camino de la vocación hacia Schoenstatt, primero en la candidatura a la juventud masculina, los ‘Pioneros’ y luego hacia adelante, paso a paso y en forma orgánica. Ayudé a formar la Juventud de Schoenstatt, visité grupos, conversé con la gente joven, escuché sus anhelos. Me sentí guiado, había una fuerza que me ayudó a hacer cosas con una gran confianza que en otras circunstancias nunca hubiera hecho…”.

Hubo un joven que decidió entrar a la comunidad de los Hermanos de María y este muchacho impresionó al joven Paul M. Rothgerber, quien comenzó a dirigirse en forma lenta y cuidadosa en esa forma de vida, pero que permaneció bastante tiempo en la Federación de la Juventud Masculina y junto con los otros, que gradualmente se decidieron por el sacerdocio, por la Federación de Familias, por los Hermanos de María… y siempre totalmente por Schoenstatt”.

Y todo esto ocurrió en un momento en que Schoenstatt tuvo la visitación diocesana, el Fundador finalmente fue enviado al exilio y de esta manera se puso en juego la existencia de la obra. “Yo quise trabajar para Schoenstatt”. Nada lo hizo tambalear, en ningún momento.

 

6 de diciembre,2017, fiesta del 90° cumpleaños

 “El Padre Kentenich era un hombre sencillo”

Ya en la época de los Pioneros, o sea antes de 1951, él conoció al Padre Kentenich, así lo destacó Paul M. Rothgerber. “El Padre Menningen era el responsable de nosotros, el Padre Kentenich se mantenía en un segundo plano. Algunas veces nos preguntaba cómo estábamos y nos daba la libertad de acción”. ¿Cómo fue eso exactamente? “La preparación durante la candidatura fue hecha por el Padre Menningen. Pero una vez estuvimos sentados alrededor de la mesa con el Padre Kentenich haciéndole preguntas y él se interesó por preguntarnos lo que sentíamos personalmente. Eso fue algo muy especial, el Padre Kentenich era un hombre muy sencillo”.

Un salto en el tiempo, después de su regreso del exilio: “El Padre Kentenich quiso vivir una semana con nosotros los Hermanos de María, lo acogimos y él quiso la habitación más pequeña y estrecha de la antigua casa. Hoy creo que él tenía grandes planes, que quería discutir con nosotros, pero nosotros teníamos tantos pequeños problemas y tantas preguntas, que él se limitó a estas pequeñas cosas. Él tenía una gran visión de futuro y sin embargo, se adecuó a nuestra estrechez.

Estrechez, no solamente en el pensamiento, sino también en ese tiempo en nuestra vieja casa. Él nos dijo: “Ustedes necesitan construir. Aquí todo es muy estrecho y ruidoso”.

¿Él también se interesó por su trabajo? “¡Y cómo! Ya en 1965 en Roma y luego en Schoenstatt me preguntó por mi trabajo. Le pregunté: ¿Le interesa saber de todo? Y el Padre Kentenich efectivamente estaba interesado en todo lo que yo hacía. Quería conocer los detalles concretos de mi trabajo, cómo conseguía los encargos, cómo era el trato con los clientes, cuánto trabajo había detrás de algo hasta que adquiría una forma, qué tipo de instrumentos utilizaba. Él estaba realmente interesado en mi trabajo”.

 “¡No es mi misión apoyar la vanidad de la mujer!”

Palabra clave: profesión, desde un comienzo que quería ir a este tema. El que habla de Paul M. Rothgerber, habla de coronas, símbolos del padre, custodias, vía crucis… El que habla de Paul M. Rothgerber, habla de la orfebrería de los Hermanos de María de Schoenstatt. ¿Cómo se llegó a esto, a una orfebrería?

Cuando él se decidió a entrar a la comunidad de los Hermanos de María, Paul M. Rothgerber ya se había formado como orfebre. Nos contó que el Padre Menningen se informaba de la profesión de los primeros candidatos y preguntaba qué harían con su trabajo. “Yo venía del mundo del diseño de joyas y le dije rotundamente al Padre Menningen que ¡mi misión no era apoyar la vanidad de la mujer!” El Padre Menningen le mostró luego, que había mucho más detrás de ese trabajo, que se trababa de crear símbolos relacionados con el mundo de valores de Schoenstatt. “Pero él tuvo que preguntarme varias veces, porque yo no quería trabajar en eso. Finalmente me dijo en tono suplicante: “Paul ¿no quieres trabajar en eso? En ese momento tomó la decisión e inmediatamente después del noviciado continuó su formación de arte sagrado y adquirió diversas habilidades para el manejo de distintas herramientas. Para el examen de su maestría, elaboró una custodia que ahora se encuentra en la capilla de la Casa Mario Hiriart. Ella muestra a María como la portadora de Cristo. En el semestre de invierno de 1952, comenzó en la escuela técnica con el trabajo de esmalte, en la primavera de 1953 continuó y finalizó su trabajo en el taller Hockenmaier. Un profundo motivo navideño.

Con toda sencillez, el señor Rothgerber, relató cómo tuvo que trabajar lentamente en el diseño del mundo de valores de Schoenstatt. La primera corona, así lo admitió, era todavía muy teórica y contenía mucho de los que él había aprendido teológicamente. “¡Yo quería mostrar lo que había aprendido!”. Poco a poco comenzó a crecer en una específica representación schoenstattiana.

Qué pobre sería Schoenstatt sin este hombre, que puso su trabajo como orfebre al servicio de Schoenstatt.

“Tu nos enviarás las vocaciones”, cito del Hacia el Padre y declaro que lo cito literalmente, no sólo en el sentido de vocaciones, sino de profesiones. Casi al mismo tiempo pensamos en las palabras del fallecido Hermano de María, Hermann Arendes, las que pronunció hace muchos años atrás en una jornada para mujeres profesionales. “Si todos quisieran ser Padres de Schoenstatt, referentes pastorales, enfermeras, entonces podemos olvidarnos de dar forma al mundo. Necesitamos las profesiones que den forma al mundo: herreros, guardabosques, ingenieros, periodistas, químicos, mecánicos…”

Servicio desinteresado a la vida de los demás

Ya conozco la respuesta desde hace tiempo, porque también es la respuesta a la pregunta de “periodismo schoenstattiano”, sin embargo, tengo que plantearla: “¿Cómo se refleja lo schoenstattiano en un orfebre?

“El hablar con los clientes, escuchar lo que ellos quieren, lo que los mueve. Los clientes quieren y deben verse en el trabajo final, la obra es lo que cuenta y no el orfebre. Muchas veces traen un pequeño objeto que para ellos es muy valioso y que les gustaría ver incorporado en la obra. Uno debe escuchar, escuchar interesadamente, en forma abierta, despierta…” Roberto y yo nos miramos. “Servicio desinteresado a la vida de los demás”.

Ahora nos tomaría mucho tiempo mirar todas las variadas coronas que Rothgerber ha diseñado. Detrás de cada corona se encuentra una persona, una historia, una comunidad, muchas historias. Como también detrás de los símbolos del Padre y de la Trinidad, de los cálices… en cada símbolo se encuentra el poder creativo de la alianza, cada símbolo representa una corriente, una forma de vida. “Si uno lo puede decir así, la profesión es la vocación”, dijo Paul M. Rothgerber. “Eso es lo que le interesaba al Padre Kentenich en mi trabajo, cómo era la relación con los clientes, cómo los clientes se sentían identificados con la obra final y decían: eso nos interpreta, eso somos nosotros”.

“Eso tiene que ver con un profundo respeto”, dijo. “Los clientes entregan algo íntimo de ellos, con eso uno no puede actuar superficialmente. Y claro, cuando uno mismo vive en ese mundo de valores, entonces es más fácil. Cuando uno ha experimentado y vivido las corrientes en Schoenstatt desde un comienzo, eso ayuda mucho”.

Y cuántas veces él se llevó bosquejos e ideas al Santuario para “unir el trabajo con el cielo”.

“Sí”, dijo él, “y algo se movió y cambió en todas estas décadas”. Y luego su rostro volvió a relucir. “Uno siempre es pionero”.

Una maravillosa frase final.

Sin embargo, yo sola entre hombres, me sigue interesando el comentario de las joyas para las mujeres.

Paul M. Rothgerber se ríe y dice: “El Padre Kentenich me dijo algo sobre eso: también eso es importante, la mujer quiere llevar adornos y eso es un valor que uno tiene que apoyar”.

 

Original: alemán 26/12/17. Traducción: Tita Andras, Viena, Austria

Orfebrería religiosa de los Hermanos de María de Schoenstatt

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