Publicado el 23. octubre 2017 In Vida en alianza

Servir es amar

PARAGUAY, Sandra Lezcano •

Una vez más se pudo sentir el magnánimo amor que los voluntarios de la Mater han puesto a su labor. Este 18 de octubre no hubo títulos que pesaran más que otros, podrías encontrar empresarios dirigiendo el estacionamiento, ejecutivos sirviendo agua a los peregrinos, doctores haciendo de enfermeros, en fin, personas a quienes normalmente les falta tiempo para cumplir con sus múltiples actividades pero que por amor a la Mater lo dejan todo y se ponen voluntariamente a su servicio.

Las Hermanas de María vestidas de blanco, se las veía ayudando en todo, discretas, pero siempre atentas a las pequeñas y grandes necesidades de la familia.

Los Padres de Schoenstatt, quienes también estaban en todo. Muchos de ellos ofreciendo horas y horas confesando a los peregrinos bajo los árboles, a pesar del intenso calor.

Inmensa cantidad de jóvenes ayudando en distintas tareas, uno veía voluntarios por todas partes, y era fácil reconocerlos por su chaleco amarillo, que lo llevaban con orgullo, no había en todo Tupãrenda un sólo voluntario con el rostro triste o enojado, todos daban la mejor sonrisa, una sonrisa que los hacia brillar, porque transmitían una felicidad que nace del corazón y que sólo se alcanza cuando uno da lo mejor de sí por alguien a quien ama.

Llegar a Tupãrenda un 18 de octubre, da la sensación de llegar a la fiesta de cumpleaños de una mamá con familia numerosa, donde cada hijo se preocupa por atender bien a los invitados, se encargan de arreglar la casa y cuidar cada uno de los detalles, se vive una verdadera fiesta, es un agasajo a la madre que tanto hace por sus hijos.

¡Madre, aquí estamos!

“Venimos porque la necesitamos, porque sin Ella se hace duro el camino. Hoy venimos a decirle Mater: ¡Aquí estoy! ¡Soy tu hijo! ¡Soy tu hija! Así iniciaba su prédica el Padre Pablo Mullin, Maestro de Novicios en Tupãrenda, quien presidió la misa por la Salud.

En otro momento de su homilía: “Hoy venimos a demostrar gratitud, venimos a renovar con confianza de hijos, la esperanza de que Ella no nos abandonará. “Un siervo de María nunca perecerá”. Es lo que está escrito en el marco que encuadra la imagen de la Mater, es lo que está escrito en la medalla de aquellos que han sellado su alianza de amor con la Mater.”

Amar no es fácil

“Amar como Dios ama es la invitación de María en este día. Amar como Jesús nos amó; es lo que el mundo necesita hoy.

Hoy Dios te pide amar en tu dolor, en tu enfermedad, en tus problemas. Luego de una pequeña pausa el P. Mullin continuó diciendo: A todos aquellos que cuidan de los enfermos, y de los ancianos. ¡Gracias! Gracias porque ustedes ya están amando como lo hizo Dios.”

Concluyendo su homilía se dirigió a los peregrinos : “Si ustedes quieren cambiar sus vidas, las de sus familias, las de sus vecinos, sepan que ¡el amor lo puede todo! Pero para llegar a esto hay que rezar, se precisa mucha oración. Cada acto de amor transforma mi vida y la vida de los que están a mi alrededor.”

Hermosas palabras que llegaron al corazón de tantas personas que llegaron esa tarde hasta Tupãrenda, muchas de ellas para demostrar su gratitud, otras buscando alivio o una palabra de aliento.

A medida que la Santa Misa concluía, los rayos del sol se empezaron a debilitar y daban paso a una fresca brisa que hacía sentir el amor tan grande que la Madre Tres veces admirable tiene para con sus hijos.

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