Mater MTA

Publicado el 7. julio 2018 In Vida en alianza

“Mi Virgencita hermosa me va a dar una niña”

PARAGUAY, Carol Caballero •

El 18 de octubre de 2016 fuimos en familia a Tupãrenda.  Yo estaba embarazada de tres meses y al llegar vi que se repartían estampitas y ¡un millón de niños rezando el rosario!  Al acercarme a pedir uno para mis hijos, la señora me entregó un rosario de color rosado: “Mi Virgencita hermosa, que ya me regaló dos varoncitos, ahora me va a dar una niña”, pensé.   Ese día también aprovechamos para participar de la bendición de la Dulce Espera. –

En noviembre del mismo año me hicieron la ecografía morfológica y el doctor me dice que estamos esperando a una hermosa niña. ¡Estábamos felices! y yo sabía que fue mamá María quién me envió la niña que tanto le pedí.

Un embarazo complicado

Al mismo tiempo estaba con un trabajo muy complicado, llevaba años negociando con el Indert (Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra, Paraguay) la venta de tierras, que debía concretarse en diciembre de ese año.  Las preocupaciones, los viajes y los nervios, sobre todo al descubrir que el negocio no se concretó, me hicieron sentir muy mal.  El doctor entonces me advirtió que mi embarazo podría complicarse si no me tranquilizaba. Tenía cinco meses de gestación y estaba ya con muchas contracciones.

Los meses posteriores acompañé mi embarazo con mucho cuidado, pero una noche tuve un sueño. En él la Virgen me decía que no me preocupara, que todo iba a estar bien, y me mostró a mi nena.

La Mater cuidará perfectamente

Esperaba ansiosa la fecha de su nacimiento, que marcamos para el 17 de abril, pero nuestros planes no son los planes de Dios.  Un domingo 19 de marzo me empezaron fuertes dolores por las contracciones. Fuimos a consultar y el médico no quiso hacer ya la cesárea porque mi beba sería prematura y necesitaría incubadora. Con mucha fe le respondí, “mi Virgencita me dijo que todo estaría bien. Por favor doctor, sáquenla nomás ya”. El doctor me explicó que en el sanatorio no contaban con una incubadora, así que fuimos al hospital regional de Villarrica, donde sí tienen incubadoras.  Allí la doctora que me realiza los controles me dijo: “Vos estás bien, pero tu bebé es el problema, porque ya quiere venir y es prematura. Aquí no tenemos lugar ni para una hoja, así es que ni siquiera estornudes”.

Al comentarle a la doctora que mi hermana trabajaba en el hospital materno infantil San Pablo, ella me recomendó viajar hasta ahí.  Hablamos con mi hermana y fuimos directo a Asunción y llegamos en la madrugada del lunes 20 de marzo.  Empezaron de vuelta los controles, entré a sala de internación y luego a quirófano. “Virgencita hermosa, en tus manos encomiendo esta cirugía. Que todo salga bien y que se haga según tu voluntad”, así fue mi entrega total a ella, con confianza, en ese momento.

Mi beba nació un 20 de marzo a las 14:30 hs., sanita y fuerte como se lo pedí tantas veces a la Mater. Pesó 2.560 kg y, contra todo pronóstico, ni siquiera necesitó incubadora.  Por si fuera poco, la negociación de venta de tierras también se pudo concretar ese año.

Somos una familia feliz porque ella reina en nuestras vidas.

Fuente: Revista Tuparenda, junio 2018

 

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