Madrugadores

Publicado el 2020-11-03 In Madrugadores

Cuando destruyen las iglesias…

CHILE, Octavio Galarce con comunidad de Madrugadores de Monte Schoenstatt•

Después de algo más de un año, el padre Pedro Narvona, sacerdote diocesano de Schoenstatt, junto a la comunidad de Madrugadores de Monte Schoenstatt, celebró una Eucaristía en el templo de la Parroquia de la Asunción, en Santiago, luego de que resultara totalmente destruido el 18 de octubre pasado. Hubo, en verdad, dos asaltos a este templo, uno el año anterior y este último, que terminó destruyéndolo casi en su totalidad. Una hermosa imagen de la Mater, regalada para esta ocasión, fue el gesto material en este acto litúrgico de desagravio, celebrado en medio del templo rayado, quemado, destruido…—

El 18 de octubre, el templo, ubicado a pocas cuadras al sur de la Plaza Baquedano, fue atacado por vándalos que prendieron fuego en su puerta en medio de incidentes en el sector, en el marco del primer aniversario del estallido social en Chile. El 8 de noviembre de 2019, encapuchados vandalizaron y saquearon la Parroquia de la Asunción y destruyeron en la vía pública imágenes religiosas. Esta vez, la destrucción del templo fue completa.

La culpa es también de nosotros

Al inicio de la misa, un representante de los Madrugadores dijo:

“Este próximo mes, se cumplirán 144 años de la fundación de esta Iglesia. Hoy vemos con estupor y dolor cómo fue destruida.

Mientras encapuchados bailaban y festejaban su gran logro, quemando el último lugar de paz de la llamada “zona cero”, la Iglesia construida en honor a la Asunción de nuestra Madre, arrasando con sus imágenes y símbolos. Muchos, atónitos, rezaban desconsolados por esta ofensa, otros intentaban entender lo inentendible y algunos querían correr para defenderla. “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”, dice Jesús de Nazaret mirando desde lo alto de la cruz. Recuerda a sus apóstoles y amigos que lo han abandonado, a los soldados que se han burlado, le han azotado, torturado. Hoy recuerda la indiferencia, el odio, la rabia que paga sin culpa su iglesia. La culpa es de quienes la destruyeron, pero también y principalmente de nosotros, que como sociedad hemos posibilitado tener chilenos, hermanos nuestros, capaces de hacer lo que hicieron. Nuestros saqueadores y vándalos son el fruto de un país que ha denostado la familia, ha empobrecido la cultura y debilitado el tejido social. Tenemos más de 700 mil Ni-Nis (Ni estudian, Ni trabajan), jóvenes sin educación, sin trabajo y muchos sin familia, sumidos en la droga y el alcohol. No los justificamos, pero qué vida han tenido para llegar a hacer tamaña brutalidad sin siquiera parpadear.

Piedras vivas

Qué pena, ellos no te sienten madre… son tantos los odios que opacan tu luz y solo entienden de fuego y destrucción. Hoy, el ruido del dolor es tan fuerte que no escuchan el canto del amor que brota de tu corazón sagrado. Aquí estamos porque estamos comprometidos contigo como Madrugadores de Monte Schoenstatt.

Nuestro templo fue destruido sin tener culpa, fue incapacitado sin ofrecer pelea, fue entregado sin prometer venganza. El padre Pedro Narbona nos enseña: “La iglesia se construye no tanto con lo material, con algo físico, sino con las piedras vivas que somos todos y cada uno de nosotros. Somos una piedra viva y eso es lo fundamental. No debemos caer en el círculo del odio, que nos puede llegar a envenenar el alma”.

A ustedes, querido padre Pedro y feligreses de la Parroquia La Asunción: como Madrugadores, en parte aquí presentes, nuestra cercanía y solidaridad en su dolor. No nos dejaremos vencer por el mal, venceremos al mal con el bien porque somos discípulos de quien murió por sus enemigos. Podrán quemar este templo y otros, pero no nuestra fe. Hoy, con más fervor que nunca, junto a la Virgen María le pedimos al buen Padre Dios que nos haga instrumentos de su paz.

Nos encontramos aquí, como comunidad creyente, para hacer un acto de desagravio y de reparación. Asumir nuestra propia culpa en el ámbito que nos corresponda y pedir perdón.

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