Publicado el 14. febrero 2020 In Misiones

¡Y se puso de pie después de 30 años! – Testimonios misioneros

ARGENTINA, P. José María Iturrería •

Entre el 26 de enero y el 2 de febrero, 120 misioneros recorrieron las calles y hogares de la localidad de General Alvear, convocando a familias, niños y jóvenes, a renovar y revitalizar su fe de la mano de María. —

Las Misiones Familiares platenses son las pioneras en Argentina, y llevan ya 22 años ininterrumpidos de misión. Por ellas han pasado ya generaciones de jóvenes y familias misioneras, cuyas vidas fueron transformadas por esta experiencia de cielo. Para muestra, podría mencionar a un “abuelo misionero”, Francisco, que con sus más de 80 años ha vivido junto a los jóvenes, con el mismo ritmo y condiciones, estos días de servicio, dándonos a todos un ejemplo de fe y entrega por María. ¡Fue admirable verlo con sus años salir, dormir en las condiciones que cualquier misionero, es decir, en el piso, y luego salir a misionar cada mañana y participar como cualquier joven de la intensa vida comunitaria y de oración, sin por ello perder la energía ni la alegría!

La fecundidad, fruto de las misiones

Este año 2020 fue muy especial, pues por primera vez en todos estos años de misión pudimos celebrar el sacramento de matrimonio de una pareja del lugar, Graciela y Pablo, quienes, tras 37 años de vida juntos, ya con hijos y nietos, decidieron dar su “sí” ante Dios y pedir su bendición para esa familia que habían formado.  Fue emocionante verlos entrar como “novios” al altar y ponerse el uno al otro los anillos. En tiempos de amor “líquido” donde el compromiso para toda la vida parece algo del pasado, resulta maravilloso ver que existen testimonios reales de un amor que perdura y se acrisola en la edad.

Otro hermoso signo de fecundidad fue participar de la alegría de tres hermanitos, de 10, 8 y 7 años, que recibieron la gracia del bautismo, siendo padrinos los mismos misioneros que los visitaron en su casa. Fue una gran emoción para todos, pero especialmente para ellos, vivir la paternidad y maternidad espiritual y el compromiso de acompañar la vida que surge de la misión. Y por si esto no fuera suficiente, un tercer signo extraordinario fue recibir el “sí” de siete vecinos y parroquianos que se consagraron en la misa de cierre como misioneros de la Campaña de la Virgen Peregrina. Así, a través de ellos, la Mater seguirá recorriendo y misionando General Alvear.

Las misiones son una semana que llena el alma, pero que son fruto de mucha dedicación a lo largo del año, en preparación y compromiso, como también de numerosos ofrecimientos silenciosos al capital de gracias de parte del equipo organizador. ¡Es ello la garantía de la fecundidad, pues una y otra vez experimentamos que María no se deja nunca ganar en generosidad! Así lo vivimos los misioneros en numerosos signos.

Las misiones transforman a los que dan y a los que reciben

María nos cobija en su regazo: hemos recibido muchas donaciones y gestos de los vecinos de General Alvear, como, por ejemplo, cuando nos prepararon corderos asados para los 120 misioneros, o cuando nos facilitaron sus casas para poder ducharnos ante la falta de agua en el colegio, o cuando nos regalaron bidones y bidones de agua envasada, para poder consumir durante toda la semana.

La experiencia de la misión es transformadora para los mismos misioneros en primer lugar, pero también para muchos misionados cuyas vidas se renuevan gracias a la fe alegre y vital de los jóvenes misioneros. Así se vivió en las actividades con niños y jóvenes, que cada día se realizaron en las capillas y centros comunitarios de las periferias del pueblo. Llegar a los jóvenes nunca es fácil, pero quienes mejor saben hacerlo son los mismos jóvenes que son capaces de “salir al encuentro”, superando prejuicios y barreras, transmitiendo amistad y alegría. Los torneos deportivos en el club del pueblo, los eventos musicales y recreativos en la plaza, el compartir un mate y cantar las canciones de moda, son formas de llegar para generar una amistad, que luego se profundiza en compartir experiencias de fe. Signo de esa amistad fue que varios de ellos nos empezaron a acompañar en la vida interna de la comunidad misionera, compartiendo las comidas y oraciones en nuestro santuario misión. ¡Ver la alegría que experimentaban al convivir con nosotros y que no se querían ir de nuestro lado, es algo que da sentido a todo el esfuerzo por acercarlos más a Dios!

Algunos testimonios de misioneros

¡Volver a ponerse de pie!

Llegamos por primera vez a la casa de Susana por un pedido de su mamá, a la cual estábamos visitando en las Misiones Familiares 2019 y nos contó que su hija tenía más de 30 años sin pararse de la cama y que no le gustaba recibir a nadie. Al llegar a la casa, nos recibió su esposo, un hombre mayor, muy delgado y triste. Nos dijo que desde hace 30 años Susana no se paraba de la cama. La habían visto todo tipo de especialistas, le habían realizado tomografías y exámenes de todo tipo y ¡salían bien!

Nos permitieron entrar a verla. Estaba sentada, apoyada con varias almohadas. Vimos una mujer joven, con mucho miedo en su mirada, sin fuerzas y abandonada. Nos dijo que desde que nació su segundo hijo, hacia 30 años, no pudo volver a caminar porque perdió la fuerza. Ya no podía ni sentarse sola, no creía en nada ni en nadie. Sus hijos no le hablaban porque no soportaban más verla así. Ningún médico ni psicólogo le encontraba lo que tenía. Incluso un santero le dijo que le habían echado un mal y les cobró para sacarlo, pero tampoco funcionó.

Rezamos con ella, pero no recordaba cómo hacerlo. Entonces estuvo de acuerdo en hablar con el P. José María, que acompañaba la misión. Terminó aceptando la comunión y la unción de los enfermos. Ese día, fruto de nuestra visita, se animó e intentó sentarse en la cama, pero con mucho, mucho miedo. No sé qué habló con el padre, pero sé que, al irnos ese día, ya estaba riendo y diciendo que iba a intentar salir de su cama, que quería hacerlo por sus hijos.

Le dijimos que tenía que creer que no estaba sola, que la fuerza del Espíritu Santo y de la Mater estaban con ella. Esa fuerza que solo la fe da. No volvimos a verla después de esa visita tan especial.

Lo maravilloso fue regresar un año después y encontrar su casa, ¡era otra persona! ¡Radiante, alegre, llena de vida!  ¡Toda la familia estaba feliz y esperándonos para agradecernos y mostrarnos todo lo que había logrado en un año! ¡Estaban seguros de que ese día que fuimos en las Misiones Familiares 2019 les cambió la vida! Por primera vez en muchos años celebraron una Navidad juntos en familia, y el hijo que no quería verla más, al enterarse de que había salido de su cama, vino y compartió con ellos la Navidad ¡Ese mismo día ella decidió, apoyada sobre sus hijos, pararse sobre sus pies!  Hoy sigue haciendo rehabilitación para fortalecer sus piernas y con el firme propósito de volver a caminar. ¡Dice que está feliz porque la Virgen le hizo el milagro y que le prometió a la Virgen de Luján entrar caminando a el santuario! (Esa fue la imagen que le dejamos en enero de 2019).

Yvonne Del Nogal, misionera junto a toda su familia y llegada como inmigrante a Argentina desde Venezuela.

¡Una espiritualidad en familia que aprovecha la tecnología!

La espiritualidad de la misión acompaña la experiencia del misionar en familia. En cada momento de oración, por la mañana y la noche, fuimos descubriendo a María como Madre y modelo para nosotros, que con sus virtudes nos ilumina y que a su vez nos lleva cariñosamente de la mano hacia Jesús. María es también nuestra Reina, y está presente en el santuario misión, ese lugar de gracias donde entregamos diariamente el capital de gracias y donde ella nos cobija y nos envía.

Cada mañana, mientras todos salían de misión, siempre se quedaba una familia en el santuario en presencia del Santísimo Sacramento, haciendo adoración eucarística para orar por los que están misionando. Aprovechando las ventajas que la tecnología nos brinda, se nos ocurrió armar un grupo de WhatsApp de todos los misioneros, para que en el momento en que visiten una casa y se encuentren con una familia que pide oraciones, envíen un mensaje al grupo con el pedido de oración, para que quienes están adorando en ese momento le puedan presentar esa intención al Señor y rezar por esa persona. Así iban llegando los pedidos y ellos, a través de WhatsApp y de los adoradores, llegaban al Señor.

Francisco Elisei, equipo de Espiritualidad de la Misión

¡Papas misioneros!

Ser papá misionero fue una experiencia de maternidad y paternidad hermosa, y pudimos generar un hermoso vínculo con los hijos «adoptados», con el desafío el ser familia, papá y mamá, para chicos que no conocíamos tanto, pero que en esa semana logramos querer, respetar, y motivar.

Ofrecerles nuestro corazón y poder disfrutar de una experiencia de fe y de Iglesia misionera, compartiendo desafíos, pequeños milagros y la gracia de llevar a la Mater a otros, fue una gran gracia que nos llenó de alegría y entusiasmo.

Te abre el corazón para recibir a otros chicos como tus hijos, y también vivirlo junto a tus propios hijos, genera un clima de alegría y apertura misionera que no he sentido nunca antes; además, la fuerza de los envíos antes de salir a misionar te impulsa con pasión a llevar a la Mater.

Luis y Lorena Folonier, papás misioneros

Nada sin ti, nada sin nosotros

¿Qué significan las misiones familiares? Son solo dos palabras, pero encierran tantas vivencias y tan profundas, que las palabras resultan chicas. Significan ser padres, ser hijos, ser comunidad, vivenciando la presencia de María y las gracias del santuario de manera muy especial.

¿Qué nos llevamos de estos dos años como jefes de las misiones? Nos llevamos la certeza de que no hay “nada sin ti” ni “nada sin nosotros”. Mucho esfuerzo, mucho trabajo, muchas renuncias, momentos de duda e inquietud, pero también la vivencia de que María no se deja ganar en generosidad. Haber estado codo a codo como matrimonio nos ha unido muchísimo y nos ha hecho valorarnos más el uno al otro. Poder testimoniar el ser familia y ver que nuestros “hijos adoptivos” nos piden por favor que no dejemos de ser familia, su familia. Solo nos queda decir ¡gracias!, porque palpamos el ciento por uno del evangelio.

María Fernanda y Julio Bussi, matrimonio jefe de las Misiones Familiares 2019 y 2020.

Yo estoy con vos

Ir a misionar a General Alvear desde el 2019 fue un reencontrarme con la Mater y con la familia de Schoenstatt. A veces uno va a misionar por inercia, sin ningún objetivo presente, pero ella conquista nuestros corazones cada vez que llevamos a su hijo, y estas misiones familiares no fueron la excepción.

El clima verdadero de familia en la misión interna se vive casi sin ninguna diferencia a como yo lo vivo en casa, de pasar de ser ocho en casa a ser 120. Pero como en todo hogar, aunque la mayoría colabora, surgen tensiones entre algunos hermanos, pero siempre hay un padre que nos concilia a todos.

Muchas veces pensamos que somos nosotros los que la llevamos a ella, pero en el diario vivir nos damos cuenta de quién lleva a quién. Desde charlar sobre los pasatiempos de uno hasta compartir experiencias desde lo profundo del corazón, es lo que sucede cuando uno va a darse en la misión. No soy mucho de comparar el éxito de una misión con hechos que pasaron en ella, aunque igualmente voy a contar los hitos de esta semana de aventura: tres bautismos, siete personas del pueblo que quisieron recibir a la Virgen como peregrinos y un casamiento que se realizó a partir de la visita de los misioneros.

Si uno se pone a escuchar la voz de Jesús en el tiempo de hoy, creo que dice: «Seguí misionando, seguí regalando el corazón», y cuando uno lo hace, escucha la voz de su madre que dice: «Yo estoy con vos»

Fermín Piedrabuena, jefe de la misión

Misionar a los jóvenes

Las Misiones Familiares fueron la oportunidad para el encuentro de jóvenes muy distintos entre sí. Entre misioneros y chicos de otros pueblos, con otras culturas, costumbres e incluso creencias, lo cual dio pie a que todas las tardes fueran encuentros de alegría, de compartir y de evangelizar desde el ejemplo sin utilizar la Palabra. Después de dos años compartiendo esa semana tan esperada de ambas partes, hoy se forjaron vínculos de amistades, fortalecidas en las diferencias, enriquecidas de recuerdos y repletas de esperanzas de seguir encontrándonos y compartiendo.

Ornella de Franco, Coordinadora del equipo de jóvenes

 

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1 Responses

  1. Estoy llorando por una mezcla de emoción, alegría plena,que solo Jesús y nuestra Madre pueden regalar.Gracias por recopilar estos testimonios que difunden la Obra del Señor y de Schoenstat en particular con nuestras amadas Misiones Familiares!

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