Publicado el 23. febrero 2020 In Misiones

Con Reinisch, Eise, Margarita y Engling a las Misiones Familiares

ARGENTINA, Paula y Marcos Firenze •

Este año, en las Misiones Familiares de Córdoba, la Mater nos sorprendió a todos con grandes cambios. Tuvimos la participación de muchísimos jóvenes. Más del 50 % de los integrantes de la misión eran menores de 18 años. —

Salimos desde la ciudad de Córdoba el día sábado 18 hacia Saturnino María Laspiur, localidad a 194 km hacia el este, en la región central de Argentina. Comenzábamos nuestro tercer ciclo de misión.  Son nuestras séptimas Misiones Familiares.

Renovación con nuestros héroes

En años anteriores nombrábamos a las familias que participaban por el nombre del papá de cada una. Esta vez, elegimos nombrarlas con el nombre de algunos de los héroes de Schoenstatt. En el año de la mujer en el movimiento, nombramos a una de las familias como Margarita, teniendo como heroína a la Hna. Margarita, una Hermana de María de Tucumán, fallecida hace varios años siendo aún muy joven. El resto de las familias fueron “Reinisch”, “Eise” y “Engling”. La conformación de estos grupos/familias dura por el ciclo, alentando así a que haya más papás y rotando las familias.

Otra gran sorpresa que nos regaló María fue la acogida que el pueblo de Laspiur nos brindó. Queremos destacar no solo a cada persona que nos abrió su corazón durante la misión, sino también la presencia del padre Pablo Villosio, quien se transformó en un misionero más, acompañándonos día a día.

A esta gracia, María la multiplicó por tres, ya que tuvimos la bendición de poder ir a dos pueblos más que conforman una gran comunidad pastoral. Estuvimos repartiendo la alegría de María en Colonia Prosperidad y en Las Varas.

Misión adentro: comer, limpiar, acomodar… y rezar

Como en toda familia, alguien debía encargarse de limpiar, cocinar y acomodar, además de velar por lo que estaban afuera misionando con calor o lluvia.

Por eso, decidimos que una familia entera se quedara todo un día dentro del colegio donde nos alojábamos. Esta familia se encargaba de todas las comidas, de limpiar y acomodar todo el colegio y si el tiempo sobraba, estaban rezando en el Santuario Hogar armado en la misión. Fue una decisión arriesgada que resultó muy bien.

Esto nos permitió también, como pasa en la vida diaria, que los vínculos crezcan y se multipliquen internamente mientras se hacían las actividades diarias.

Para relajarnos después de los pesares del día, siempre nos esperaban con algunos juegos a la noche para divertirnos en familia.

Nuestro capitalario, un simbólico y creativo árbol

Para poder día a día aportar nuestros esfuerzos, alegrías, dificultades y pesares al capital de gracias de María, decidimos sembrar “un árbol simbólico” y usarlo como capitalario.

Para eso, un día pusimos tierra en un balde en el santuario hogar. Después plantamos la semilla simbólica y la regamos. Luego abonamos la tierra y volvimos a poner agua hasta que “surgió” el árbol, hecho con un tronco con ramas. Después fuimos agregándole hojas y flores de papel como decoración y símbolo de nuestros aportes al capital de gracias.

Como recuerdo de nuestra misión plantamos un árbol real en el parque de la capilla, como símbolo de todos nuestros esfuerzos y los del pueblo por recibirnos.

Actividades con el pueblo

Tuvimos la bendición de poder salir todos los días a misionar casa por casa. A la mañana salíamos todos y a la tarde, quienes no estuvieran con actividades específicas, también tenían la oportunidad de seguir misionando. Como en nuestra misión hay niños, jóvenes, adultos, abuelos y mamás y papás, los tiempos tienen la flexibilidad para que cada uno dé hasta el límite de sus posibilidades (no todos podemos hacer lo mismo ni aguantar el mismo ritmo).

En las tardes, dentro del colegio, teníamos actividades programadas para los niños. Fueron muy concurridas y también muy divertidas.

Los adultos pudieron disfrutar de mateadas (NR: encuentros donde se dialoga mientras se toma mate) con las personas del pueblo que nos visitaban. Fue una experiencia muy enriquecedora.

María nos llama y nos espera

El último día fue muy especial, cerramos la misión con una hermosa misa con muchísima gente y un coro espectacular. Cómo les contamos anteriormente, plantamos un árbol real para que crezca junto a nuestra misión al lado de la capilla.

El pueblo de Laspiur y las pequeñas comunidades de Prosperidad y Las Varas nos despidieron con una cena compartida.

Al volver al colegio se hicieron las actividades de cierre y despedida. La última oración fue en el santuario hogar de la misión, aunque no era una despedida sino un “hasta la próxima misión”.

María nos espera para que volvamos a ser sus pies y llevarla casa por casa, para compartir las alegrías por la salud y los éxitos, para escuchar historias duras y servir de hombro para continuar caminando, para evangelizar y compartir la buena nueva del Señor.

En Córdoba, Ella nos espera en su santuario para reavivar nuestro fuego misionero.

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