Publicado el 19. julio 2015 In Campaña

Un Rosario de luces lleno de goles y bendiciones…

ARGENTINA, por Rosita Ciola, misionera de la Virgen Peregrina en la diócesis de Morón, Buenos Aires •

El día 4 de julio fue un día muy especial, sobre todo para los misioneros de la Virgen Peregrina de Morón, Buenos Aires, pues se jugaba la semifinal de la copa sudamericana entre Paraguay y Argentina, y el Padre Jacinto, de la Parroquia San José, quien recientemente nos había abierto las puertas de su parroquia para que lleváramos la Imagen Auxiliar de la Mater, nos preguntó si podíamos hacer un Rosario iluminado antes de la Misa, justo a la misma hora del partido. Este fue nuestro primer rosario de luces en la ciudad de Morón, cabecera de la diócesis que lleva su mismo nombre.

Obviamente dimos un “sí” de corazón, primero porque no podíamos creer la apertura de este santo hombre y en segundo lugar, dentro de nuestras posibilidades, siempre estamos dispuestos a satisfacer el pedido de los sacerdotes.

«¿Vendrá gente?»

Ese sábado fuimos entonces un grupo de misioneros de toda la diócesis, algunos viajaron bastante para poder llegar y acompañarnos y tempranito nos dispusimos a preparar todo para el rosario; el Padre Jacinto nos preguntaba: «¿vendrá gente?», nosotros no teníamos la respuesta, pero lo que si teníamos era fuego en el alma y mucho amor a la Mater y a nuestra misión, por eso trabajamos con el mismo entusiasmo de siempre, como si realmente ese fuera a ser un encuentro multitudinario, sabiendo que la Mater igual estaría acompañada por nosotros, sus hijos-misioneros.

La hora se iba acercando y algunas personas comenzaron a llegar, eso le fue gustando al Padre, nosotros seguíamos abocados a nuestro trabajo, armamos el rosario, delante del Santísimo, como nos había sugerido el mismo Padre Jacinto, nada debía faltar, todo debía estar perfecto para Ella, cuando terminamos nuestra labor, levantamos la vista y ya había alrededor de 30 personas; no lo podíamos creer. El Padre se nos acerca y nos dice «¿esperamos cinco minutos más?» -“Claro Padre” respondimos nosotros muy felices, mientras la gente seguía llegando… al ratito comenzamos el rezo del santo rosario.

Un plus de amor

Rosario iluminado Moron

El Padre Jacinto se ofreció a hacer las meditaciones y se sentó en medio de los feligreses, los misioneros nos encargamos del resto. No se puede explicar con palabras el maravilloso clima de oración y recogimiento que vivimos esa tarde, mientras se desgranaban las cuentas del Santo Rosario del que participaron hombres, mujeres, jóvenes y niños; sentíamos que Jesús y María estaban allí entre nosotros; todos estábamos muy lejos del resultado del partido pero muy cerca del corazón de Ellos. Fueron hermosas las meditaciones que el P. Jacinto nos iba regalando antes de cada decena y el broche de oro fue cuando al finalizar el rosario el sacerdote nos invitó a todos a hacer “nuestra consagración” a María, pero ampliada aunque ninguno de los misioneros presentes la conocía de ese modo, la reconocimos de inmediato, éste fue un plus de amor que la Mater quiso regalarnos a través del párroco y en verdad nos emocionamos hasta las lágrimas. ¡Ella nunca deja de sorprendernos!

Los goles de la Mater

Al Padre Jacinto se lo veía muy feliz y antes de la Misa le comunicó a todos los presentes que este Rosario se iba a seguir rezando todos los primeros sábados de mes y que en poco tiempo más convertiríamos este espacio en un cenáculo, de oración y formación.  Fue muy fuerte para nosotros este anuncio, sobre todo cuando mencionó que estaría a cargo de los misioneros schoenstattianos.

En verdad sin ninguna otra expectativa nosotros creímos que íbamos a ir a esa parroquia solo una vez, llevábamos a la Peregrina, como usualmente se hace, pero de ahí en más, todo fue un regalo.

Nuestros corazones estallaban de alegría y sentíamos que en cada plegaria de gratitud y ofrecimiento, que posteriormente ofrecimos en la Santa Misa, ¡íbamos gritando los goles de la Mater!, no cabe duda que este fue un Rosario de luces lleno de goles y bendiciones, en él, nosotros los misioneros, pudimos ver una vez más la voluntad del Padre y de la Mater que son los que nos mueven siempre a salir al encuentro de los hermanos.

Hasta las periferias del mundo

Como decía Don Joao, el Rosario es el Evangelio de los pobrecitos, y a través del mismo los misioneros de Morón queremos salir a las periferias en busca de los más necesitados, de los marginados, de quienes sufren humillaciones, desprecios, de quienes están olvidados, de los oprimidos y de todos aquellos que no conocen a Jesús o se han olvidado de Él, para que sea Él mismo el que los acerque al amor y a la misericordia del Padre, un amor que dignifica, sana, abraza, acaricia y acepta a cada uno como es y recuerda que Jesús ha muerto y ha resucitado por cada uno de nosotros, que nuestra vida vale y mucho y que todos tenemos una posibilidad de cambio y una posibilidad de salvación.

 

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