Publicado el 23. junio 2017 In Santuario Original, schoenstattianos

En la víspera a la fiesta de la Santísima Trinidad: una oración por “Don Emilio” Stehle, por Pablo Peláez y por una gran familia

Maria Fischer •

Los pequeños ramos de flores sobre los bancos en el Santuario Original son todavía los mismos de la boda que tuvo lugar allí la tarde del 10 de junio, sin embargo éstos encajan perfectamente en esta sencilla pero hermosa santa misa en la víspera de la fiesta de la Santísima Trinidad, celebración que ha congregado a una “colorida” familia en y frente al santuario para celebrar a Dios Trino, “este Dios que nos brinda normas para el trato entre nosotros y  nuestra manera de actuar también hoy frente a la política, la globalización, el avance de la medicina y las redes sociales, este Dios que con todo su ser se compromete por este mundo, para salvarlo, para salvarnos y para conducirnos a un final feliz”, así lo dijo al inicio de la celebración el rector Egon M. Zillekens, quien al día siguiente celebró sus 75 cumpleaños reuniendo a familiares y amigos en la mesa del Señor.

Y como solo él sabe hacerlo y porque no podría ser de otra manera, el rector Zillekens extiende su oración hasta las personas que físicamente no están ahí pero cuya presencia se siente muy real en esta entrega,  entrega que él ha calificado como la clave para el misterio de la Trinidad y para nuestra vida como cristianos: por todos aquellos que celebran esta fiesta de la Santísima Trinidad en algún lugar del mundo, por todos los que se encuentran en Schoenstatt -también los grupos de confirmantes de la parroquia de Hennef -, y por todos aquellos cuyos nombres y cuya entrega gracias a su iniciativa, encontraron un lugar en los muros del Santuario Original.

Entre ellos. dos personas en especial: su hermano ecuatoriano Pablo Peláez, quien durante muchos años trabajó en Haiger y en Rennerod como director espiritual, y quien tan a menudo oraba en este Santuario y en estos momentos entrega su vida en manos de Dios; y por el obispo Emil Lorenz Stehle “Don Emilio”, el primer obispo de Santo Domingo de los Colorados en Ecuador (1987-2002), ex director ejecutivo de la organización católica de ayuda para Latinoamérica Adveniat (1977 -1988), quien muriese el 16 de mayo en Constanza-Alemania a la edad de 90 años  tras una grave enfermedad.  El rector Zillekens trabajó con él en la diócesis en Ecuador durante muchos años.

Amigo en el camino hacia la paz

“Cuando hacemos algo con entrega, entonces es más que solo el cumplimiento del deber, es más que una convicción, es un acto de amor… porque de tal manera amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito. Dios ama tanto a este mundo, y por él nos entrega lo más importante que tiene, su único Hijo”, dijo el rector Zillekens en el sermón. Cuando escucha esta frase del evangelio de hoy, él tiene que pensar en un ser humano en especial: el obispo Stehle, su amigo.

“Amigo en el camino de la paz por El Salvador”, así llamó al obispo Stehle una vez el obispo auxiliar de El Salvador Gregorio Rosa Chávez. Después del asesinato del arzobispo Oscar Romero en 1980, el obispo Stehle hizo de intermediario en el país centroamericano desgarrado por una sangrienta guerra civil. El Obispo Stehle intervino en las conversaciones de paz entre el gobierno y la guerrilla para la liberación de rehenes y la protección de la población civil – hasta que finalmente en 1992 se firmó el acuerdo de paz en México. Posteriormente, fue nominado para el Premio Nobel de la Paz. Por su gran compromiso, especialmente en la búsqueda de la paz en Centroamérica, la liberación de siete trabajadores de la construcción en Nicaragua y el trabajo pionero en Santo Domingo de los Colorados en Ecuador, Monseñor Stehle recibió varias condecoraciones, entre ellas tres títulos de Doctor Honoris Causa y la Gran Cruz del mérito de la República Federal de Alemania.

Este obispo tenía un “hobby”, al que se dedicaba con mucha entrega: él liberaba rehenes, dijo el rector Zillekens. Lo hacía con pasión y dedicación. Con el dinero para el rescate, un pollo para la comida después de sellar la paz y el evangelio se ponía en marcha para liberar rehenes. Él siempre leía esta frase en voz alta: De tal manera amó Dios al mundo …

Si nos entregamos por completo por una causa, es porque tenemos una meta y porque queremos alcanzarla con éxito. Si Dios ama tanto este mundo, entonces debemos estar seguros de que Él quiere que nuestra salvación y la del mundo entero llegue a un buen fin.

Cuando hacemos algo con total entrega

“Cuando hacemos algo con total entrega, entonces es más que solo el cumplimiento del deber, es más que una convicción, es un acto de amor…” esta frase suena de nuevo al día siguiente, en la fiesta de la Santísima Trinidad después de una larga y hermosa celebración, una buena comida y muchas conversaciones sobre Dios y el mundo. Allí entre los árboles de un hermoso jardín junto a la fuente de la casa Marienau, donde se encontró un pequeño grupo de personas, quienes ya sea profesional o apostólicamente trabajan por Schoenstatt. “Él lo hace con entrega total”, dice una de ellas y se refiere a quien ese día cumplió 75. “Todo esto, la Marienau, la federación de sacerdotes, el Santuario Original, schoenstatt.org, en realidad todo Schoenstatt”. Y cuando desde las primeras horas de su cumpleaños esa persona recibe más de 30 felicitaciones por WhatsApp desde más de 10 países, entonces es evidente la veracidad de lo que se dijo entre los árboles y de lo que escribió su hermano cubano: “Gracias por tu acogida siempre paternal, por tu entrega y por tu servicio a nuestra federación de sacerdotes, también gracias por haberme acercado tanto al Padre Kentenich”.

Prédica – alemán (mp3)

 

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Urheiligtum - Santuario Original

Original: alemán 16.06.17; traducción: Gilka Aranibar, Bolivia/ cmrs

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