Publicado el 2020-10-17 In Vida en alianza

Nuestra experiencia al sellar Alianza de Amor con la Mater

PARAGUAY, Ismael Torres y Belén Rodríguez •

Es difícil empezar a compartir nuestro testimonio porque son muchas emociones y pensamientos vividos, pero vamos a tratar de plasmar de la mejor manera todo lo que sentimos. —

María dio el primer paso en nuestras vidas, para que nos acerquemos con confianza y Dios, pacientemente, fue poniendo las cosas en su lugar, nos unió como familia y reveló el rostro amoroso de su madre, nuestra Mater.

Si bien en estos años como matrimonio, los dos tenemos un largo camino de pertenecer a otros movimientos de la Iglesia, ninguno tuvo la vivencia de hacer antes la Alianza de Amor con María; solo Belén estuvo algunos años en Schoenstatt, durante el colegio, pero no llegó a sellar su alianza.

La experiencia de Belén con la Virgen empezó algunos años atrás en una peregrinación a la que fue en la ciudad de Salta, Argentina. Ella cuenta que pudo sentir muy de cerca su presencia y protección maternal y desde allí ya no se separó de ella. Le gusta mucho rezar el rosario y lo hace con frecuencia porque cree que con cada Ave María le regala una sonrisa.

Fue por invitación de Belén que ingresamos a la rama de Matrimonios de Schoenstatt en mayo de 2018, aunque hoy estamos seguros de que fue la Mater quien nos atrajo hacia ella.

Nuestra alianza de amor el 10 de octubre

Estos años de caminar en el movimiento fueron hermosos y a la vez, un poco extraños. Prácticamente todos nuestros hermanos de grupo ya estuvieron muchos años caminando en Schoenstatt y ya habían sellado previamente su Alianza de Amor con Mamita María, como nos gusta a nosotros llamarla. El amor que sienten por el Movimiento es cautivante; poco a poco vamos descifrando ese glosario de términos que tan animadamente usan en las reuniones.

Hasta último momento, no sabíamos muy bien qué exactamente era la Alianza de Amor o qué significaría en nuestras vidas, solo sentíamos un llamado muy fuerte de nuestra Madre a dar ese gran paso y ese Sí para ella; sabíamos que era algo valioso que cambiaría nuestras vidas y por eso decidimos hacerla.

Hasta que llegó el día, el 10 de octubre, y lo entendimos. No solo lo entendimos sino lo sentimos en nuestro corazón. Cada rito, cada palabra y cada gesto vivido en la ceremonia comenzó a tener un valor especial que no se puede describir con palabras, sino que solo se puede experimentar desde el alma.

Sabíamos que habíamos hecho un pacto con ella y que todo cobraba un nuevo significado en nuestras vidas. Comprendemos que en Ella siempre encontraremos protección, calor e intercesión por ser nuestra Madre espiritual pero ahora somos nosotros los que nos sentimos con un mayor compromiso en poner todos nuestros esfuerzos por ayudarle a construir el Reino de Dios en la Tierra y honrarle cada día.

¡Danos la fuerza para nunca fallarte Mater! Te amamos desde el fondo del corazón.

 

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