Publicado el 2020-10-29 In José Kentenich

Uno de nosotros

Vicky Ramírez Jou y Claudio Ardissone, Paraguay•

Lo que vivimos, desde las denuncias y publicaciones, efectivamente serán los dolores propios del crecimiento y la madurez. Tenemos que discernir, dialogar, leer y rezar mucho. Ojalá que todos los padres y las hermanas, todos nosotros, veamos la riqueza de Schoenstatt en su pedagogía y no solamente en la figura del P. Kentenich. —

El P. Kentenich era humano y falible, pero el legado que dejó nos acerca mucho a Dios y a nuestra MTA, así que el Movimiento merece ser defendido.

La lectura del libro de Alexandra von Teuffenbach nos acerca a encontrarnos con la historia y con hechos históricos duros, nos hace entender que el P. José Kentenich fue uno de nosotros, un hombre.

  • Ojalá no sólo busquemos “santos” en nuestra vida y para nuestro crecimiento.
  • Ojalá que nuestro Schoenstatt viva ardientemente un profundo nuevo momento, y que así como esta pandemia nos igualó a todos, entendamos que los hombres somos eso: hombres, con las mismas miserias y que nos necesitamos misericordiosos.
  • Ojalá dejemos de buscar fervientemente un proceso de santidad o beatificación, para justificar no sé qué y nos ocupemos de lo que realmente importa, que es vivir “en movimiento” que nos lleve a Dios, de la mano de la Mater y nos ocupe el prójimo (ese que está a nuestro lado).
  • Ojalá seamos renovadores de la Iglesia, esta que somos nosotros mismos.
  • Ojalá vivamos una nueva época de verdad y siempre construyamos desde ella, por más dolorosa y dura que sea, así en todo.

El significado de «ojalá»:

Se conoce como «ojalá» a la interjección con que se denota el vivo deseo que suceda algo. La expresión “ojalá” demuestra por parte de quien la pronuncia la esperanza o el deseo ante la realización de algo. La expresión es de origen árabe: “shaa Allaah”, que significa “si Dios quisiera”.

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2 Responses

  1. Gracias Roberto! Tan importante no perder el tercer punto de contacto!!! FELICIDADES POR TU EXCELENTE RESPUESTA!! Canonícenlo Uds!!!!!

  2. El artículo revela una loable voluntad de rescatar el Movimiento y su misión para la Iglesia frente a las acusaciones contra el P. Kentenich, por si estas fuesen ciertas.
    Sin embargo, el problema está en que, si estas acusaciones fuesen ciertas, el P. Kentenich quedaría como una persona patológicamente mendaz, ya que él afirmó siempre de sí mismo todo lo contrario a lo dicho por esas acusaciones, se manifestó siempre como un “fanático de la verdad” y defendió vehementemente mediante múltiples escritos dirigidos a sus superiores y a las autoridades de la Iglesia no solamente el carácter esencial y profético de su propuesta pedagógica, sino también su absoluta inocencia personal frente a todas esas acusaciones.
    Además, es importante darse cuenta de que el P. Kentenich en Schoenstatt no es, simplemente, “uno de nosotros”, sino que es también el “tercer punto de contacto” de nuestra alianza de amor. Schoenstatt está vinculado a él no como a “uno más”, sino como al intermediario del carisma de vida y santidad tal como Dios lo ha querido para Schoenstatt.
    Ahora bien, ¿cómo podría seguir el P. Kentenich siendo “punto de contacto” para nuestro seguimiento en la alianza si fuese un mentiroso de semejantes proporciones? Y si Schoenstatt se quedara con dos puntos de contacto de la gracia de la alianza, ya no sería más Schoenstatt, este Schoenstatt que conocemos y vivimos. Sería otra cosa, llámese como se la llame.
    Y además, no podríamos seguir nunca de forma íntegra la pedagogía de Schoenstatt, porque justamente es eso lo que él defendió a capa y espada en todo este enfrentamiento con la autoridad eclesiástica y lo que él mostró de forma emblemática justamente en aquellas cosas que se le achacan como negativas (el examen filial, la fuerte vinculación a su persona…).
    No tenemos que acomplejarnos por ser schoenstattianos, pedir disculpas por ser seguidores, herederos, hijos del P. Kentenich. ¡Todo lo contrario! Tenemos que ahondar profundamente en las fuentes, respaldar con oración el trabajo de las comisiones históricas y del postulador de la causa de beatificación y, sobre todas las cosas, luchar, con toda nuestra pequeñez, por vivir en su seguimiento el tipo de santidad que él nos enseñó tanto con su doctrina como con su vida y ejemplo.

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