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Publicado el 2022-10-28 In Iglesia - Francisco - Movimientos, Sinodalidad

Una Iglesia que escucha

SÍNODO 2021 – 2024 •

La Secretaría General del Sínodo difundió este jueves 27 de octubre el Documento para la nueva etapa continental (enero a marzo de 2023) del camino sinodal iniciado por el Papa en 2021. —

SínodoEl texto es el resultado de los resúmenes de la consulta del Pueblo de Dios en la primera fase del proceso sinodal y será la base del trabajo y “marco de referencia” para “el tiempo de escucha, diálogo y discernimiento de las Asambleas sinodales continentales (enero-marzo 2023)”.

Una mirada a los capítulos o pasos del documento es alentadora, o, como dijo un colaborador de schoenstatt.org, “hace volver la alegría en la iglesia”:

Una experiencia única

En la introducción del documento se subraya que, en la primera parte de la fase consultiva, “millones de personas de todo el mundo se involucraron en las actividades del Sínodo: algunas participando en las reuniones a nivel local, otras colaborando en la animación y coordinación de las actividades en los distintos niveles, otras ofreciendo el apoyo de sus oraciones. Los verdaderos protagonistas del Sínodo son todas estas personas que participaron […] La sinodalidad dejó de ser un concepto abstracto y adquirió el rostro de una experiencia concreta; saborearon su sabor y quieren seguir haciéndolo”.

En términos de números, la participación “superó cualquier expectativa”. Se recibieron las síntesis de 112 de las 114 Conferencias Episcopales y de todas las 15 Iglesias Orientales Católicas, además de las reflexiones de 17 de los 23 dicasterios de la Curia Romana, así como las de los superiores y superioras generales, los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica, las asociaciones y movimientos de fieles laicos. Se recibieron además más de 1.000 contribuciones de particulares y grupos, así como las opiniones recogidas a través de las redes sociales gracias a las iniciativas del “Sínodo Digital”.

En el documento se afirma además que ningún texto “podría condensar la profundidad de la fe, la vitalidad de la esperanza y la energía de la caridad que desbordan las aportaciones recibidas. Detrás de ella se vislumbra la fuerza y la riqueza de la experiencia llevada a cabo en las diferentes Iglesias, al ponerse en camino y abrirse a la variedad de las voces que han hablado. El sentido del proceso sinodal es el de permitir este encuentro y diálogo, cuya finalidad no es producir documentos, sino abrir horizontes de esperanza”.

Un documento abierto para una iglesia abierta

En la rueda de prensa subrayaron que este documento “no es conclusivo, porque el proceso está lejos de finalizar; no es un documento del Magisterio de la Iglesia, ni el informe de una encuesta sociológica; no ofrece la formulación de indicaciones operativas, de metas y objetivos, ni la elaboración completa de una visión teológica, aunque incluye el precioso tesoro teológico contenido en el relato de una experiencia: la de haber escuchado la voz del Espíritu por parte del Pueblo de Dios, permitiendo que surja su sensus fidei. Pero también es un documento teológico en el sentido de que está orientado al servicio de la misión de la Iglesia: anunciar a Cristo muerto y resucitado para la salvación del mundo”.

“Los católicos quieren una Iglesia de «gran carpa» que no excluya a nadie y tome medidas urgentes para reconocer el papel de la mujer. Se ha publicado un informe sinodal histórico, que ofrece una notable visión de las esperanzas de los católicos de hoy”, comenta Christopher Lamb.

El Papa Francisco en su homilía del 15 de febrero de 2015 durante una celebración eucarística con cardenales recién nombrados destacó: “Hay dos tipos de lógica en el pensar y en el creer: el miedo de perder a los salvados y el deseo de salvar a los perdidos. Incluso hoy sucede a veces que nos encontramos en la encrucijada de estos dos tipos de lógica: la lógica de los maestros de la ley, es decir, conjurar el peligro alejando a las personas infectadas, y la lógica de Dios, que con su misericordia abraza y acoge al hombre, reintegrándolo, transformando así el mal en bien, la condenación en salvación y la exclusión en anuncio. Estos dos tipos de lógica recorren toda la historia de la Iglesia: excluir y reintegrar”.

El Pueblo de Dios optaba por la lógica de la iglesia abierta a todos. En Schoenstatt, hablamos sobre el “Santuario Abierto”.

El documento no ignora o rechaza temas “ardientes”, subraya la necesidad de “asumir ministerios estables, ejercer una corresponsabilidad real en el gobierno de la Iglesia, dialogar con las otras Iglesias y con la sociedad para acercarse fraternalmente a los alejados”, y constata las discusiones, sin toma de postura definitiva, en los temas como el papel de la mujer, el acceso a la comunión de divorciados vueltos a casar, las reformas en los ministerios o las bendiciones de parejas gay.

“El documento de trabajo para la fase continental del Sínodo de los Obispos sobre la Sinodalidad muestra -como probablemente ningún otro documento presentado en el Vaticano antes- lo diversos y variados que son los católicos de todo el mundo que creen, piensan y viven. Los niños como sacerdotes, la ordenación de mujeres y las relaciones polígamas son sólo algunas de las palabras clave que se encuentran en el documento de 45 páginas del Vaticano,” escribe Benedikt Heider en katholisch.de, portal de la Iglesia Alemana. “Preguntado por estas y otras «patatas calientes», el jefe del sínodo, Mario Grech, se refirió al catolicismo de la vida real: «Tenemos que escuchar y percibir todo». Esta actitud es una parte indispensable de una iglesia sinodal y, por tanto, de escucha. «En cuanto al contenido, no seguimos una agenda. Con el documento de trabajo, sólo estamos devolviendo lo que nos llegó a Roma de todo el mundo», recalcó varias veces esa tarde”.

«El Pueblo de Dios expresa el deseo de ser menos una Iglesia de mantenimiento y conservación, y más una Iglesia misionera”, se lee en el documento, y por ello “la alegría de caminar juntos y el deseo de seguir haciéndolo; el modo de conseguirlo como una comunidad católica verdaderamente global es algo que todavía está por descubrirse del todo”.

“Somos una Iglesia que aprende, y para ello, necesitamos un discernimiento continuo que nos ayude a leer juntos la Palabra de Dios y los signos de los tiempos, para proceder en la dirección que el Espíritu nos señala”, culmina el texto, que proclama la necesidad de “una reforma igualmente permanente de la Iglesia, de sus estructuras y de su estilo”, siguiendo “las huellas” del Concilio Vaticano II.

 


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