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Publicado el 21. julio 2018 In Misiones

Misionando en familia con alegría

PARAGUAY, Johana Goodacre y Horacio Chávez •

Villa Oliva es un pequeño pueblo del departamento de Ñeembucú, ubicado a 86 Kilómetros de Asunción, capital del Paraguay, con 37.000 habitantes, en un territorio bastante grande donde las casas y familias están apartadas en compañías. Con varios meses de anticipación preparamos los corazones para las misiones familiares en Villa Oliva. Con gran expectativa arrancamos nuestra primera misión, con un grupo de jóvenes y matrimonios que en total sumamos 60 personas, además del Padre Oscar Saldívar. –

Llegamos el 10 de julio a la escuela del pueblo, donde nos concentramos con toda la logística para permanecer allí por seis días hasta el domingo 15. Junto a nuestra familia, los Chávez, nos asignan una compañía a 45 minutos de camino de asfalto y con tramos de tierra.

Con seis jóvenes audaces, bien temprano, el día 11 de julio, salimos de la escuela en dirección a la compañía Estanzuela, sin imaginar con que nos encontraríamos, llevando cuatro imágenes peregrinas de la Campaña del Rosario. Antes de partir, nos reunimos todos los misioneros en ronda, para una bendición de envío. Allí el matrimonio Frutos nos recuerda que debemos llevar la imagen del altar familiar, el cual consiste en una imagen de la Sagrada Familia, que intenta volver a rescatar la oración en familia. Es una modalidad que trajeron del encuentro de la Obra de Familias en Ecuador. Al terminar la charla, con el corazón alegre, cantando, emprendimos el viaje con espíritu de misionero.

Salimos al encuentro de las familias del lugar

Por el camino pasamos por un hermoso paisaje. Ya Dios nos mostraba el regalo de la naturaleza, fauna y vegetación que encaminaba a algo hermoso. Con seis grados de frio llegamos a Estanzuela y estacionamos frente a la Capilla San Blas y a un pequeño puesto de salud, donde nos recibe la Sra. Cristina, enfermera y encargada.

Nos dividimos en tres grupos de misioneros y salimos al encuentro de las familias del lugar. Nuestro grupo, compuesto además, por dos jóvenes y nuestra hija de 6 años, quedó conversando con Cristina. En la charla, luego de leer el evangelio y orar por las intenciones que traíamos en el corazón, le comentamos que un matrimonio, la familia Frutos, tiene como apostolado obsequiar un altar con la imagen de la Sagrada Familia y la Mater a aquellas familias que estén interesadas en orar en familia. Muy emocionada nos dice que es un regalo de Dios que estemos allí ese día; era justo lo que ella anhelaba en su corazón.

La gran sorpresa fue que todas esas familias humildes nos abrieron su hogar y corazón. Conversamos con ellos y cada una oraba por alguna intención muy especial; en su mayoría por el trabajo, la familia y la salud.

Es un regalo de Dios y la Santísima Virgen

En el segundo día de misión, nos acompaña el Padre Oscar Saldívar y entregamos el primer altar a la Sra. Cristina, quien lo recibe en la Capilla  San Blas con mucha emoción. Agradeciendo con lágrimas, nos comenta que hace 27 años, ella dejó la ciudad para servir a la comunidad de Estanzuela, que en aquellos años, era un lugar tan pobre, sin agua, sin luz y con mucha precariedad. Ella sigue colaborando en la construcción de una vida más digna para los pobladores de este lugar y afirma, que la misión y visita a los hermanos, es un regalo de Dios y la Santísima Virgen María.

Con mucha alegría y amor, se vivieron las misiones familiares de Villa Oliva, pero a la vez con un gran compromiso de colaborar, en la pos misión, a fin de construir una nación de Dios en el Paraguay donde reinen la justicia, la igualdad y por sobre todo, el amor a Dios en los corazones de cada paraguayo.

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