Publicado el 14. agosto 2016 In Campaña, Obras de la misericordia, Proyectos

“Estuve enfermo y me visitaste”… (Mt 25, 36)

PARAGUAY, por Maria Otilia y Héctor Fleitas •

La Misión IPS se realiza todos los primeros sábados en el Hospital Central del Instituto de Previsión Social (IPS). Comienza con un envío del P. Martín Gómez, y los ministros de la Comunión, misioneros de la Campaña del Rosario y varias personas que se involucraron en este apostolado, recorren los ocho pisos del edificio llevando la Eucaristía, visitando a los enfermos y a sus familiares con la Virgen Peregrina. Cuando participa el sacerdote se ofrecen también los sacramentos de la unción de los enfermos y la confesión. Culmina con el rezo del Santo Rosario en la capilla del primer piso.

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Hacia las periferias

Este apostolado surgió siguiendo los pasos del siervo de Dios Don João Pozzobon, que llevó la imagen de la MTA a miles de personas, en especial a los que se hallaban en las “periferias”, siendo los enfermos destinatarios especiales de este apostolado. Es evidente que los enfermos tienen constantes molestias físicas. Aun así, existe un sufrimiento más profundo y más desgarrador que el físico: es el dolor de la soledad y de la indiferencia. El mismo Jesús se dedicó a visitar, sanar y acompañar a los enfermos…Queremos seguir su ejemplo, Él nos llama a realizar estas obras de misericordia corporales y espirituales, sobre todo en este año santo de la misericordia.

A veces basta una visita …

El equipo de la Pastoral de la Salud del Santuario Joven, junto con el de la Pastoral Juvenil de la Campaña del Rosario y otras personas que se comprometieron con esta misión, se acercan al IPS para ofrecer, con nuestra presencia, un poco de aliento a quienes tanto lo necesitan. Es más bien un impulso del alma que nos lleva a salir de nosotros mismos, de nuestro pequeño mundo, para dedicar unos minutos a los demás como nos pide el Papa Francisco.

¡Cuántas veces experimentamos un gran alivio en medio de nuestra enfermedad cuando se acerca nuestra Madre con una sonrisa o cuando un amigo viene a saludarnos! Muchas veces basta una visita, unas simples palabras para hacer más ligero el peso de quien sufre.

Además del acto solidario, nos mueve algo mucho más profundo. Es la conciencia de servir a Cristo que se manifiesta en el rostro turbado, pálido y quizá desesperado de un enfermo en alguna habitación del Hospital.
¡Qué hermosa ocasión se nos presenta para buscar a Cristo en los enfermos! En un mundo tan agitado los misioneros demuestran su grandeza de alma pensando en quienes sufren.

Hace tanto que la esperaba

Varias veces nos pasó que al entrar a la habitación y ver a la Mater nos reciben con tanta emoción diciendo: “Hace tanto que la esperaba” y abrazan y besan a la Mater peregrina. Recuerdo una ocasión en que fue tanta la sorpresa de un señor que estaba solito, que cuando el misionero le llevó la Peregrina, él no sabía qué hacer con Ella, y de la emoción le dijo “¡gracias por encontrarme!”.

También nos impactó el caso de la beba que accidentalmente se cayó a un balde y fue trasladada desde San Ignacio al IPS de Asunción, prácticamente sin esperanzas, pero su mamá no se resignó. Ya en IPS los médicos comprobaron lo difícil del caso. Pero llegó a su habitación la Mater de los bebés en riesgo y luego de un tiempo muy difícil se le dio el alta, sin secuelas, en el día la Virgen de Luján. La niña se llama Luján.

Somos nosotros los más beneficiados

Los enfermos internados nos reciben de diferentes formas: primero les pedimos permiso. Algunos se emocionan, se alegran, otros parecen decir con su gesto: ya que están aquí pasen no más… Todo cambia cuando entramos en el área de Urgencias, allí todo es incertidumbre, en el largo pasillo los pacientes están acostados, sentados, acompañados de familiares, la mayoría en total incertidumbre, pero en el momento en el que decimos que venimos a rezar y preguntamos si alguien desea recibir la comunión, prácticamente todos levantan la mano, incluso los acompañantes.

El dolor ajeno nos hace más humanos, más sensibles y nos enseña a valorar el precioso don de la salud y de la vida que Dios nos regala cada día. Realizando este apostolado somos nosotros los más beneficiados porque ¡salimos tan reconfortados! es hacer reales y vivas las palabras de Jesús “Estuve enfermo y me visitaste”. (Mt 25,36)

IPS_20160507_170429-1 (6)Fuente: Revista Tupãrenda, Paraguay. Colaboración: aat, Argentina

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