Publicado el 18. diciembre 2019 In Temas - Opiniones

Encarnación, comunión en la multiformidad, descentración en unidad, sinodalidad

CHILE, Ignacio Serrano del Pozo •

En octubre de 2019 tuvo lugar en Vallendar, Alemania, el Congreso Teológico “Federatividad, descentralidad y sinodalidad”, como una forma de reflexionar sobre los 100 años de Hoerde y la estructura federativa del Movimiento de Schoenstatt.  Uno de los principales invitados a este evento fue el pensador jesuita P. Juan Carlos Scannone, quien desde su Teología del Pueblo ha influido significativamente en el papa Francisco, de quien además fue profesor.  El pasado 27 de noviembre se supo la triste noticia del fallecimiento del reconocido teólogo argentino, por lo que la conferencia ofrecida en aquella ocasión fue una de sus últimas intervenciones públicas. —

Entregamos a los lectores de www.schoenstatt.org un extracto de la rica ponencia del P. Scannone, la que se inicia -además- con un recuerdo de su participación en 1985 en el seminario dedicado a los 100 años del nacimiento del P. Kentenich.

 

Prof. Dr. Juan Carlos Scannone, SJ

La iglesia: pueblo de dios con muchos rostros, inculturación del evangelio y descentralización de la iglesia

En 1985 tuve el gusto de participar, aquí en Vallendar, de un encuentro en homenaje al P. Kentenich, durante el cual mi amigo el P. Joaquín Alliende, me hizo visitar las diferentes colinas y me explicó la configuración federativa del movimiento de Schoenstatt. Mi impresión fue que me encontraba ante una comunión de prácticamente todas las vocaciones y misiones de la Iglesia, como en pequeño, incluida la provincia de las Hermanas, dedicada a la vida contemplativa. Pues había Institutos Seculares de consagrados y consagradas de distinto tipo, los Padres de Schoenstatt, las Hermanas y los Hermanos de María, sacerdotes diocesanos, célibes laicos y laicas que viven en comunidad o en sus familias, matrimonios, etc., yendo desde un núcleo más central a distintos círculos concéntricos, es decir, desde dichos institutos a federaciones, ligas y un sinnúmero de simpatizantes y peregrinos. Contemplado ese movimiento hoy, desde el pontificado de Francisco, lo veo como un preanuncio de mucho de lo que éste propone para la Iglesia y aun para el mundo: encarnación kenótica (en nuestro caso, del Evangelio), comunión en la multiformidad, descentración en unidad, sinodalidad.

Pues bien, este Congreso se realiza bajo un lema que evoca la Nueva alianza (Bund) de Dios con nosotros y entre nosotros en Dios, concretada como ejemplo (Bei-Spiel) en la alianza apostólica de Schoenstatt, y desea ahondar en sus raíces históricas y teológicas.

A mí me toca profundizar en los fundamentos teológicos de tres rasgos de la Iglesia enfatizados hoy por el Papa Francisco, y espejados simbólicamente en la libre organización federativa de Schoenstatt, es decir: 1) ser un único pueblo con muchos rostros, 2) la correspondiente inculturación del Evangelio, y 3) la consiguiente descentralización en comunión sinodal. Cada parte de mi exposición estará dedicada a una de esas tres características esenciales de la Iglesia, que en este pontificado han cobrado mayor actualidad. […]

Des-centralización de la Iglesia en comunión sinodal

Según el Cardenal de La Habana, fue decisivo para la elección papal de Bergoglio el discurso que tuvo en el encuentro anterior al cónclave, en el cual éste no sólo había criticado toda autorreferencialidad de la Iglesia, sino propuesto una Iglesia en salida, en conversión pastoral, evangelizadora, misionera, siguiendo la línea ya trazada por el Concilio y promovida por Aparecida. Una manera de caracterizarla es con el sustantivo “des-centralización”. Pues el mismo Francisco, en Evangelii Gaudium, hablando de la “conversión del papado” (EG 32), afirma: “Una excesiva centralización, más que ayudar, complica la vida de la Iglesia y su dinámica misionera” (ibid.), según lo había experimentado en carne propia como cabeza de una Iglesia particular y de una conferencia episcopal.

Pero, en el contexto en que se emplea ese término, hay que interpretar la descentralización no como contradictoria de la comunión y la sinodalidad, sino como su complemento, en recíproca potenciación. […]

El modelo del poliedro

Al Papa Francisco le gusta usar metáforas de propio cuño para hablar de la Iglesia: hospital de campaña, poliedro, sín-odo (caminar juntos), pirámide invertida, etc. Estas tres últimas expresiones se contraponen tanto a la uniformidad como a la fragmentación, y grafican la unidad en la diferencia, de acuerdo con sus raíces trinitarias y su estructura encarnatoria.

Así es que el Santo Padre, al referirse a la Iglesia -Pueblo fiel de Dios-, a cada pueblo nación de la tierra y a la globalidad de los pueblos, emplea la imagen del poliedro (EG 236). De modo que, cuando aplica a esos tres casos el principio “el todo es más que la parte, y también es más que la suma de ellas” (EG 235), afirma:

“El modelo no es la esfera, que no es superior a las partes, donde cada punto es equidistante del centro y no hay diferencias entre unos y otros. El modelo es el poliedro, que refleja la confluencia de todas las parcialidades que en él conservan su originalidad”. (EG 236)

Por consiguiente, no solamente rechaza una figura perfectamente centrada en sí misma, como la de la esfera, sino que, con la del poliedro, se refiere a una unidad superior y multiforme, en la cual las diversidades y oposiciones polares guardan y acrecientan su propio valor específico. Según los casos, se aplica al de las personas singulares dentro de la comunidad de un pueblo; a los distintos pueblos en una globalización respetuosa de los mismos; y al Pueblo de Dios, con la diversidad de sus carismas y misiones, encarnado en diferentes culturas en diálogo intercultural.

Pero, como se trata de un proceso en el camino de la historia, completa esa figura estática del poliedro, la del sínodo, palabra cuyo significado es “caminar juntos”; pues en griego “hodós” significa “camino” y “syn” significa “con”. En esa caminada conjunta a veces el pastor va por delante del rebaño y otras, en medio del mismo o por detrás (cf. EG 31). Y es el pueblo entero el que camina: pastores, religiosos y religiosas, laicos de ambos sexos, ancianos, adultos, jóvenes y niños, cada uno y cada una con su propia vocación, misión y función, para el bien común de toda la Iglesia y de la humanidad a la que sirven. De ahí que los sínodos, desde el nivel universal hasta el local, caracterizan y deben caracterizar a la Iglesia, sobre todo, a la Iglesia del futuro. […]

La Iglesia como pirámide invertida

Otra imagen usada por Francisco completa las figuras anteriores: la de la pirámide invertida, congruente con lo dicho acerca de la comunión recíproca entre “todos”, “algunos” y “uno”. Su base -que está arriba- es el Pueblo fiel de Dios en su laicado; y el Pastor, comenzando por el Pastor universal, constituye su vértice, colocado abajo, porque, como Cristo al lavar los pies de los apóstoles, ocupa la posición humilde de quien está al servicio de sus hijos y sus hermanos: ya lo dice la denominación papal como servus servorum Dei (siervo de los siervos de Dios).  […]

En forma análoga, tanto cada Iglesia particular o diócesis, como cada parroquia, deben también conformarse como pirámides invertidas, con el respectivo pastor como su vértice inferior al servicio de la sinodalidad en el amor. […]

La puesta en práctica pastoral de la kénosis (vaciamiento) descentradora de sí, de la sinodalidad eclesial y de su modelo en la figura del poliedro comprendido dinámicamente, se ha de mostrar en una pastoral de conjunto. A más de 50 años de la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Medellín, podemos decir que, en general, en nuestro Continente, según las regiones y los ámbitos, se ha avanzado en ese punto, pero que todavía falta mucho para lograr lo que propugnó dicha conferencia en su documento sobre el tema. […]

Con todo, debemos todavía -según mi opinión- realizar plenamente en toda nuestra América lo que promueve dicho documento, a saber, que las comunidades cristianas de base sean el “primer y fundamental núcleo eclesial”, “célula(s) inicial(es) de estructuración eclesial”, “foco(s) de evangelización” y “actualmente factor(es) primordial(es) de promoción humana y desarrollo” (Medellín 10); así como que las parroquias deban ser un “conjunto pastoral vivificador y unificador de las comunidades cristianas de base” (Medellín. 13). Pues es la misión de las parroquias llevar “a unidad todas las diversidades que en ellas se encuentran e insertarlas en la universalidad de la Iglesia” (Medellín 13).

Así es como el documento pide que la comunión se viva desde las comunidades de base, pasando por las parroquias, las diócesis, hasta las Conferencias episcopales, el CELAM y la Iglesia universal, preanunciando el actual deseo de Francisco de una Iglesia sinodal, cuya pastoral sea también sinodal, o de conjunto, según la imagen de la Trinidad.

Pero ello podrá lograrse cuando cada uno y cada grupo se des-centre, muriendo a su “propio amor, querer e interés”, para resucitar a una vida des-centrada que pueda revivir la comunión en las diferencias de un cada vez nuevo Pentecostés.

P. Heribert King en el congreso

Foto principal: P. Juan Carlos Scannone SJ, con Cecilia Sturla, profesora de filosofía argentina, del Instituto de Familias

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