Camapamentos Sociales

Publicado el 2022-09-09 In Proyectos, Schoenstatt en salida

Campamentos Sociales para los Nuevos Tiempos

CHILE, Paulina Johnson • 

Se acerca ya el Tercer Encuentro de los “Campamentos Sociales”, el 20 de Octubre próximo. Algunos se preguntarán ¿de qué se trata?, ¿de dónde surge esta iniciativa?, ¿Por qué ese nombre? —

Con anterioridad al primer campamento social, en marzo de este año, el Director Nacional del Movimiento, P. Juan Pablo Rovegno, nos convocaba en www.schoenstatt.cl. Recordemos parte de sus palabras, que nos permiten responder a esas preguntas:

¿De qué se trata?

Como humanidad y país vivimos un tiempo de profundos cambios, que tocan todas las dimensiones de nuestra vida personal, familiar, comunitaria y social. (…) Nuestra mirada providencialista nos interpela a hacer de este tiempo, un tiempo de discernimiento y colaboración, de instrumentalidad y creatividad.

(…) Les invitamos a ser parte de Los “Campamentos Sociales para los Nuevos Tiempos”. Serán encuentros abiertos, vía zoom, para acompañar y discernir el tiempo que vivimos, desde el magisterio social eclesial (Fratelli Tutti, Laudato Si), el pensamiento social kentenichiano y el momento país que vivimos. Estos encuentros nos ayudarán a comprender y responder a esos desafíos desde la riqueza de nuestra Alianza de Amor.

¿De dónde surge esta iniciativa?

Nuestra Jornada Nacional (Octubre 2021), nos abrió a la dimensión social de la Alianza de Amor, como un elemento constitutivo de nuestra vida espiritual, comunitaria y apostólica. Hoy necesitamos discernir juntos los desafíos sociales que enfrentamos, para responder desde lo que somos y hacemos, desde la vocación y lugar de cada uno, con sentido de corresponsabilidad y mirada trascendente.

¿Por qué ese nombre?

Campamentos, porque nos queremos congregar como Familia y porque nos recuerdan esa instancia formativa tan propia de nuestra espiritualidad, (detenernos juntos en el camino,) para renovarnos y reencendernos en nuestra misión.

Campamentos Sociales, porque queremos salir al encuentro de la realidad (social) que vivimos con toda su precariedad y posibilidades.

Para los nuevos tiempos, porque no queremos permanecer indiferentes, pasivos o reactivos, sino ser colaboradores, para que los cambios y acentos que necesitamos sean expresión del Evangelio de Jesús y nuestro modo mariano de ser discípulos y apóstoles.

La dimensión social de la Alianza de Amor con María

En esta ocasión, diremos también que, aunque independientes, cada uno de los 3 Campamentos Sociales 2022, tienen como eje central y como hilo conductor: la dimensión social de la Alianza de Amor con María.

Es así que el tema central del Primer Encuentro fue: “Hablar de lo social tiene que ver con el Amor”, tiene que ver también con estos tres desafíos: Dignidad, Justicia y Paz, y tiene que ver con “el otro” y con la forma como nos relacionamos.

Resumen de lo visto en el Segundo Encuentro

En esa ocasión nos centramos en la reflexión y discernimiento sobre las actitudes que facilitan –y las que dificultan–, nuestra relación con “los otros”. A continuación, aún con lo difícil y pobre que puede resultar el transmitir una vivencia, intentaremos compartir con ustedes lo vivido en ese segundo encuentro, el pasado 4 de agosto.

Si algo bueno nos dejó la pandemia, es habernos familiarizado con “el zoom”, lo que nos permitió encontrarnos con hermanos de alianza de variadas regiones de Chile y algunos de Argentina y México.

Partimos la reflexión de esa tarde, con un video y comentario, acerca del Evangelio de las Bienaventuranzas, pudiendo reconocer allí las categorías del Reino que Jesús nos anuncia y que nos llama a encarnar, como María, en medio del mundo. Comprendimos entonces cuán lejos estamos de llegar a vivirlo y qué gran tarea tiene, con estos hijos suyos, nuestra Madre y Educadora, que nos ha elegido, a cada uno de nosotros hoy, como instrumentos y colaboradores para su misión en la Obra Redentora de Cristo.

Luego de este primer impulso, continuamos nuestra reflexión, mirando los signos de los tiempos en nuestro país, para descubrir en ellos la voz de Dios. Constatamos los profundos cambios en nuestra sociedad, la crisis política, económica, social y eclesial, los efectos de la pandemia, la llegada de muchos migrantes en precarias condiciones. Y como ello nos ha llevado a una creciente incertidumbre en la vida personal, familiar, comunitaria y social. Vivimos en un clima enrarecido por la polarización política, la pérdida de confianza en las instituciones, las restricciones sanitarias, el deterioro de la salud mental, la desconfianza mutua, la violencia y agresividad en las relaciones humanas.

Todo aquello nos lleva a concluir que el tejido social de nuestro país está fracturado, está herido, hay muchas experiencias de dolor, de injusticia y de soledad. Estamos en medio de una seria y compleja crisis de nuestra convivencia social.

Surge entonces ante esta realidad, la necesidad de preguntarnos, desde nuestra fe práctica en la Divina Providencia, ¿qué nos está diciendo Dios con esto?

La amistad social

El papa Francisco por su parte, en la encíclica “Fratelli Tutti”, nos hace un llamado a reconocernos mutuamente como hijos e hijas de Dios, hermanos todos. También nos interpela con urgencia a vivir la fraternidad y la amistad social, como medios de reconstrucción de este mundo herido. La parábola del Buen Samaritano nos emplaza a hacernos prójimos, a tener una actitud proactiva ante quien está herido a la orilla del camino, por un sistema de vida individualista e indiferente al sufrimiento del otro. Respecto de nuestros encuentros interpersonales y sociales con otros, el papa Francisco nos propone mantener relaciones llenas de respeto y de verdad, motivadas por la búsqueda del bien común, más allá de nuestras conveniencias personales. Así mismo, nos señala que la fraternidad permite a las personas que son iguales en su esencia, dignidad, libertad y en sus derechos fundamentales, participar de diferentes formas en el bien común, de acuerdo con su capacidad, su plan de vida, su vocación, su trabajo o su carisma de servicio.

Desde nuestro carisma mariano, tenemos una herencia vivida, un tesoro vivo que nos legara nuestro padre fundador, esto es la vivencia de nuestra Alianza de Amor con María en el Santuario.

¿No es acaso la realidad actual un llamado a curar hoy las heridas, a sanar y restaurar los vínculos heridos y dañados? ¿No es este el corazón de nuestra misión del 31 de mayo, como el llamado a recuperar un sano organismo de vinculaciones, con Dios, con nosotros mismos, con las personas, con el trabajo y con la creación entera?

Inmersos en los desafíos actuales, queremos profundizar, transmitir y vivir conscientemente la dimensión social de nuestra Alianza de Amor con María. Creemos que, con Ella, nuestra Madre y Educadora, como instrumentos fieles, en manos de nuestra Reina de la Misión, estamos llamados a salir al encuentro de nuestros hermanos, a construir con ellos un mundo más humano y, al modo de Jesús y de la Mater, ir sembrando semillas de encuentro en cada lugar en que estemos.

Es por todo lo dicho, que consideramos necesaria una profunda reflexión y discernimiento, que nos permita descubrir las actitudes sociales que nos ayuden a recorrer caminos nuevos, para dar respuestas concretas, a través de nuestras formas de relacionarnos con los otros.

Es así que, en un tercer impulso, presentamos una reflexión en torno a algunas actitudes sociales que estamos invitados a conquistar a través de nuestra autoeducación y de la educación de quienes nos han sido confiados. Sólo entonces seremos creíbles y fecundos para la misión que nos urge.

Nos referimos entonces a algunas actitudes sociales que inciden directamente en nuestra convivencia, en la calidad de las relaciones entre nosotros y con los otros. 

Algunas actitudes sociales

En primer lugar, abordamos las actitudes de respeto, tolerancia, diálogo, escucha y amabilidad, señalando que el respeto nos parece una actitud fundamental, dado que posibilita las otras mencionadas aquí.

El respeto es detenerse ante el otro, es verlo como una persona creada a imagen y semejanza de Dios, que posee la dignidad de ser un hijo del Padre, en el que Cristo se hace presente ante mí. Respetar así al otro, sólo por el hecho de ser humano, es considerarlo un hermano, un igual, aunque se vea, se exprese, piense o actúe de un modo diferente al mío.

La actitud de respeto es decisiva para lograr una armoniosa interacción social, dado que hace posible la tolerancia, como la actitud que nace de esa flexibilidad de espíritu, que nos permite ver y acoger, lo bueno y juicioso, lo razonable y verdadero, que hay en el ser, en las ideas y opiniones de los demás, o al menos aceptarlas, aunque en el momento no las compartamos.

Para que nuestras ideas puedan complementarse, necesitamos el diálogo, que es ese arte que nos permite abrirnos para dar y recibir, para comprender al otro desde su perspectiva y lograr que comprenda también la nuestra.

De ese modo estaremos privilegiando el vínculo fraterno por sobre el conflicto, la valoración por sobre la descalificación mutua. Podremos entonces lograr, progresivamente, el ir desechando la tan nociva y actual lógica del ganar/perder, para pasar a la sana y constructiva lógica del ganar/ganar, que nos alegra y enriquece mutuamente.

En este contexto aparece como imprescindible la escucha activa, como esa actitud que manifiesta un genuino interés por el otro, que nos permite una atenta acogida del otro, de sus inquietudes, sus necesidades y de todo lo que nos quiera compartir. Si logramos autoeducarnos para aprender y practicar estas actitudes, lentamente aparecerá la amabilidad, como esa actitud social que nos hace naturalmente cercanos a los demás y que posibilita la amistad social a la cual el Papa Francisco nos invita en Fratelli Tutti.

Allí él nos dice que la amabilidad es una manera de tratar a los otros y que se manifiesta de diversas formas: como amabilidad en el trato, como el cuidado para no herir con palabras o gestos, como un intento para aliviar el peso de los demás, lo cual implica decir palabras de aliento que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan, evitando las palabras y gestos que humillan, que entristecen, que irritan o desprecian.

Es así que el cultivo de estas actitudes sociales nos ayudaría a la conversión personal y al crecimiento espiritual, frutos de la gracia de transformación, que María nos regala en su Santuario.

Junto con las actitudes sociales hasta aquí mencionadas, abordamos también la humildad, la austeridad, la aoherencia de vida, la benevolencia, la indulgencia y la paciencia.

Entre las actitudes sociales, la humildad ocupa un lugar preponderante, dado que posibilita que surjan otras virtudes y actitudes que son un gran aporte a las relaciones interpersonales. La humildad es el reconocimiento en la verdad de los dones y talentos recibidos, de los logros conquistados, que nos mueve a una honda gratitud. Quien obra con humildad no se vanagloria de sus acciones. Lejos de sentirse superior al otro, se inclina ante los demás, reconociendo la igual dignidad de toda persona, tampoco se siente inferior al otro, pues reconoce el don de su propia dignidad como hijo de Dios.

La humildad facilita el encuentro y el diálogo, ya que permite establecer relaciones sociales desde la horizontalidad, valorando la originalidad y riqueza de cada persona, puede disponerse a la escucha atenta del otro, acoger y tomar en cuenta sus opiniones, lo cual no significa renunciar a las propias, sino confiar en la complementación y enriquecimiento mutuo, que se da también en la diversidad.

La humildad se relaciona estrechamente con la austeridad, que es la actitud que nos permite vivir con sencillez y sin ningún tipo de lujo, que nos evita caer en gastos superfluos y nos protege del consumismo reinante, al distinguir entre lo necesario y lo superfluo. La austeridad no tiene nada que ver con la avaricia, y sí, tiene mucho que ver con la generosidad y el desprendimiento. La sencillez de un estilo de vida austero favorece el encuentro con los que menos tienen, nadie se siente alejado, rechazado o excluido por sus condiciones de vida más modestas. Significa vivir un estilo y sentido de la vida diferente, ya que, reconociendo las precarias condiciones de vida de tantos hermanos, evita la ostentación y se abre a la solidaridad y al esfuerzo por la justicia social.

Tan importante como lo anterior, es la coherencia de vida, la consecuencia entre lo que creemos, pensamos y profesamos, con el actuar en nuestra vida cotidiana. La conquista de una consecuencia y coherencia entre la fe y la vida es una tarea de autoeducación que no podemos abandonar y que necesitamos concretar y hacer presente en la vida personal, familiar, comunitaria y social. Estamos llamados a poner al centro de nuestra vida a Jesús y su Evangelio, donde nos dice que Él vive en el pobre, en el necesitado, en los pequeños, y nos invita a vivir las Bienaventuranzas como las categorías de su Reino, las que María proclama en el Magnificat y que nos interpelan fuertemente como discípulos y apóstoles.

En relación con actitudes sociales como la benevolencia, la indulgencia y la paciencia, para no extendernos, sólo diremos que las conocemos bien, porque una y otra vez, las hemos experimentado personalmente, dado que son esas actitudes las que Dios tiene hacia cada uno de nosotros. De ese modo, con su amor paternal, sana nuestras heridas, nos enseña, nos capacita y nos invita a hacerlas vida en nuestras relaciones sociales, para que otros nos vean y nos sientan como hermanos en Cristo, invitados todos a contribuir eficazmente en sanar las heridas del tejido social y lograr una convivencia más fraterna.

Salir de nosotros mismos al encuentro con el otro

En la parábola del Buen samaritano, Jesús no nos invita a preguntarnos quienes son los que están cerca de nosotros, sino que nos interpela a dejar de lado toda diferencia y ante tanto dolor, sufrimiento y necesidades, sentirme llamado a volverme yo un prójimo de los otros y salir a su encuentro.

La naturaleza humana ha sido creada de tal manera que no se realiza, no se desarrolla ni puede encontrar su plenitud “si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás”.

La dimensión social de la Alianza de Amor con María nos urge hoy a salir de nosotros mismos al encuentro con el otro, para conquistar y vivir la fraternidad, la amistad social y la solidaridad, como pequeños y débiles instrumentos en sus manos, testigos y portadores de su amor, para contribuir a sanar las heridas y restaurar los vínculos, tan heridos y fracturados, en el complejo tejido social de nuestro país.

El trabajo grupal nos permitió reconocer en nosotros aquellas actitudes que nos facilitan el encuentro con el otro y a su vez, reconocer nuestras debilidades y variadas actitudes que nos dificultan esa misión y que se manifiestan también en el encuentro entre nosotros.

Finalmente, concluimos llevándonos en el corazón el desafío de levantar la mirada, para poner la esperanza y la confianza en nuestra Reina del Cenáculo, en la victoria del poder de su amor, para decirle que queremos dejarnos enviar desde el Cenáculo y por eso, ¡manos a la obra con nuestra autoeducación!

Con inmensa gratitud hacia el P. Juan Pablo R. por invitarnos a ser parte de esta iniciativa y por confiarme la tarea de compartir, en nombre del Equipo de los Campamentos Sociales, esta experiencia con ustedes, solo me resta pedirles disculpas a ellos y a los participantes en el Segundo Encuentro, por lo que haya podido omitir y por haberle puesto “un poco más de color” en el relato.

 


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