Publicado el 14. mayo 2015 In Segundo siglo de la Alianza

Tres preguntas… sobre el Schoenstatt del segundo siglo de la Alianza de Amor (12)

Hola, soy el Padre Duncan McVicar, originario de Escocia, en el Reino Unido, tengo 58 años de edad y me ordené en 1985, el año del centenario del nacimiento de nuestro Padre y Fundador. Estudié en la Universidad de Muenster y de Tuebingen, así como en la Universidad de Loyola en Chicago, Estados Unidos. He disfrutado de trabajar y vivir en varios países, incluyendo Polonia, India, Sudáfrica y Argentina. Fui parte del equipo que preparó la celebración del centenario del nacimiento de nuestro Padre y Fundador en 1985 y coordiné con la Hna. Johanna-María el Festival de la Juventud de 2005 en Schoenstatt que antecedió al Día de la Juventud en Colonia. He sido párroco en Inglaterra por 17 años y actualmente soy párroco en St. Ethelbert, Manchester y director de dos escuelas primarias católicas y una secundaria católica. Los Padres del Santuario de Schoenstatt son parte activa del cuidado pastoral de matrimonios y familias dentro de la diócesis. Una de las cosas realmente interesantes que pude hacer el año pasado fue ser capellán del alcalde de Bolton, lo cual fue muy emocionante y me permitió dar un vistazo a la política local en acción •

A medio año de peregrinar por el segundo siglo de la Alianza de Amor… ¿Cómo sueña este Schoenstatt en su ser, en su estar en la iglesia y en el mundo, y en su quehacer?

Mi sueño para Schoenstatt es que se convierta en un Movimiento mucho más dinámico de lo que ha sido hasta ahora. Mi sueño es que Schoenstatt no se limite a hablar y rezar acerca de ser el “Corazón de la Iglesia”, sino que realmente lo sea y lo quiera ser. Nuestro fundador llamaba a eso “conciencia de misión”. Citando las palabras del P. Esteban Uriburu, un Padre de Schoenstatt de Argentina que ya ha sido llamado a la casa del Señor: Imaginemos que somos un equipo internacional de fútbol, pero jugamos siempre a la defensiva. Si continuamos de esa manera perderemos el campeonato. Tenemos que jugar a la ofensiva, tomar la iniciativa, salir y hacer la diferencia. ¿Cómo empezamos a cambiar nuestro estilo de juego? Empezamos estando conscientes – en todo lo que hagamos – de que tenemos una gran misión para la Iglesia y para el mundo. Cualquier decisión que tomemos debe ser fruto de un espíritu y conciencia de misión siempre presentes. Esta es la gran diferencia entre el schoenstattiano “burocrático” y el schoenstattiano dinámico. Necesitamos convertirnos en “jugadores” que “tomamos la pelota”, corremos buscando el gol y ponemos todo nuestro corazón y alma en el juego. Si no imploramos a la Santísima Virgen por personalidades así, nunca lograremos llegar al “nuevo mundo” de nuestro Fundador.

La voz de Schoenstatt es necesaria en los retos urgentes que encara la Iglesia en nuestro tiempo. Tenemos que “entrar a la batalla” con el carisma de nuestro Fundador: Por ejemplo, en los retos urgentes que enfrentan el matrimonio y la familia, especialmente en las próximas semanas y meses que anteceden al sínodo en Roma este año. El reto se muestra particularmente en Europa entre los que creen que la vida y el futuro vienen del claro mensaje del Evangelio y aquellos que ven el futuro como una adaptación a las opiniones modernas y a las expectativas de la sociedad. Tengo un sueño en el que Schoenstatt encontrará un renovado valor para confrontar a quienes quieren hacer las enseñanzas de la Iglesia más aceptables (incluso algunos obispos) adaptándolas a las expectativas de la sociedad y aportar nuestro carisma, incluso si eso significa que seremos poco populares en el proceso.

Para llegar a cumplir este sueño, ¿qué tenemos que evitar o dejar?

Necesitamos dejar atrás “agendas privadas” que dañan amistades y relaciones dentro de nuestro Movimiento. Necesitamos dejar atrás “ojos cerrados, oídos cerrados y corazón cerrado” que no valoran nada nuevo o innovador e incluso se sienten “amenazados” por un cambio positivo.

Necesitamos dejar atrás un entendimiento engañoso o “reduccionista” de la internacionalidad. Hablamos mucho de ser internacionales, pero creo que somos más “multi-nacionales”, que “internacionales”. Me encantaría ver un verdadero y determinado espíritu internacional floreciendo dentro de nuestras comunidades schoenstattianas. Me gustaría en particular que Schoenstatt en todo el mundo escuche más y tome más en serio las experiencias, prioridades y conocimiento de sus hermanos y hermanas angloparlantes. Ser internacional no significa solamente cantar una o dos canciones en diferentes idiomas en las reuniones o eventos, o portar una bandera nacional, sino permitir que los valores, la experiencia de Iglesia y el estilo particular de otras nacionalidades influyan en el mío propio, Debemos también dejar atrás la mentalidad de “catacumbas”, especialmente en Europa, en cuanto a involucrarse en los múltiples retos educativos y eclesiales de nuestro tiempo.

Para llegar a cumplir este sueño, ¿qué pasos concretos debemos dar?

Antes que nada, poner en acción la “Cultura de la Alianza” en todos los niveles. Esto no significa hacerlo sólo con grandes ideas y largas oraciones, sino en lo diario y ordinario, viviendo y trabajando juntos como comunidades de Schoenstatt. La Cultura de la Alianza debe convertirse más y más en el sello característico de todos los institutos y comunidades seculares de Schoenstatt.

Otro paso práctico y urgente tiene que ver con el liderazgo. El liderazgo es uno de los tópicos más discutidos en la Iglesia actual. Los líderes necesitan entrenamiento, experiencia y, sobre todo, transparencia. Necesitamos experimentar más transparencia de los superiores y líderes de nuestras comunidades respecto a cómo colaboran unos con otros y cómo planean el futuro. Nuestro Padre y Fundador nos dio el mejor modelo de Jesús, el Buen Pastor, como inspiración para el liderazgo en Schoenstatt. Necesitamos ponerlo en práctica – necesitamos más “buenos pastores y pastoras”.

Finalmente, otro paso práctico: Nuestro Santo Padre, el Papa Francisco, ha anunciado un Año Jubilar de la Misericordia, que inicia con la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María en diciembre de este año. El Papa dice que la misericordia es “La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia” y que ” Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes”. El Papa dice después que ” nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia. La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo”. ¿Por qué necesitamos de un Jubileo de la Misericordia hoy día? Sencillamente porque la Iglesia, en este tiempo de gran cambio histórico, está llamada a ofrecer signos evidentes de la presencia y cercanía de Dios. El Papa concluye: “El pensamiento se dirige ahora a la Madre de la Misericordia. La dulzura de su mirada nos acompañe en este Año Santo, para que todos podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios”.

Estas palabras se nos dicen para que sean llevadas a la vida. ¿De qué manera dará vida Schoenstatt a este Año de la Misericordia? Por la Alianza de Amor con la Madre de la Misericordia, nuestra MTA, la viga maestra de Schoenstatt es precisamente la misericordia y toda nuestra actividad pastoral debería estar impregnada de ella, ya que la credibilidad de Schoenstatt depende de nuestro llamado a ofrecer signos evidentes de la presencia de Dios y de su cercanía. El P. Kentenich explicó alguna vez: La “Madre del Amor Hermoso” no tiene mayor interés o tarea más importante que “guiarnos en el amor”, transformar, a su semejanza, a todos los que le dieron su corazón como testigos maduros de un gran amor orgánico a Dios y a los semejantes. (Ver Dissertation from Sister Danielle Peters, Estados Unidos). Tenemos que empezar con nosotros mismos y los institutos seculares de Schoenstatt deberían liderar con el ejemplo y el servicio desinteresado.

Será un día triste si el entusiasmo y la alegría que se desataron por la celebración de jubileo el año pasado se disuelven en el olvido. Mi esperanza y mi oración es que Schoenstatt sea realmente una “comunidad que aprende” y que podamos hacer los cambios urgentes y necesarios para que Schoenstatt se pueda convertir para la Iglesia de hoy lo que Dios siempre ha destinado. ¡Ese sería mi sueño!

 

Original: inglés. Traducción: Eduardo Shelley, Monterrey, México

 

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