delante

Publicado el 2022-02-19 In Temas - Opiniones

«Aunque la vida pueda comprenderse mirando para atrás, debe vivirse mirando hacia delante”

Guillermo Parra, Chile •

Permítanme hacer un comentario sobre muchos intercambios de ideas que ha habido entre nosotros respecto a la misión y nuestro fundador. Quisiera hacerlo a la luz de una frase del filósofo cristiano Soren Kierkegaard que me parece muy certera: «Aunque la vida pueda comprenderse mirando para atrás, debe vivirse mirando hacia delante”. Creo que en ella hay una clave para entender mucho de nuestra situación actual como Schoenstatt y también de nuestra relación con el padre fundador. Por una sencilla razón: me parece que, como Schoenstatt, tal vez sin darnos cuenta, hemos invertido el sentido de esta frase, hacemos esfuerzos por comprender Schoenstatt mirando hacia delante, pero en realidad, institucionalmente, vivimos mirando hacia atrás. —

Nos declaramos depositarios de un carisma de Fe Práctica en la Divina Providencia que precisamente implica tratar de comprender los caminos que la Providencia divina nos presenta “por delante”, pero parecemos vivir mirando “para atrás”. Nuestros especiales esfuerzos son para recordar, celebrar, conmemorar, mantener y volver a convencernos de lo que ya estamos convencidos.

Esta inversión es, me parece a mí, un gran obstáculo interno (hay otros externos) para no avanzar más, tanto cuantitativa como cualitativamente, en la visión misionera que el fundador quería imprimir a su fundación tanto en lo eclesial como en lo social. Al contrario, parecemos retroceder.

Vivamos mirando hacia delante, donde se juega, en lo eclesial y lo social, la misión de Schoenstatt

Con mi experiencia en Schoenstatt, miro hacia atrás y veo, al menos en este lugar que habito, que no somos más, en el sentido amplio del término, que 50 años atrás. Cierto que puede ser una afirmación alojada en la nostalgia y también injusta con muchos y que además puede enojar a muchos otros, incluyendo a varios que leen esto. Lo que trato de decir, modesta y dificultosamente, es que creo que hay que tratar de poner de cabeza la frase de del filósofo, miremos para atrás pero para tratar de comprender bien nuestra vida, lo que somos, lo que hemos recibido, la misión de la que somos aliados y como la estamos viviendo personal e institucionalmente (lo que hace muy válidas las interrogantes en el tema del fundador, de los estatutos, la Confederación Apostólica Universal y otros), pero, a la luz de la Fe Práctica en la Divina Providencia, vivamos mirando hacia delante, donde se juega, en lo eclesial y lo social, la misión de Schoenstatt, lo que Dios nos pide específicamente para este tiempo, lo que este tiempo necesita del carisma misionero de Schoenstatt, que sin duda, en cuanto a objetivos y métodos, no son los de 50 años atrás (¿será la hora también de un “sínodo” institucional – misionero de Schoenstatt a la luz de Fe Práctica en la Divina Providencia?).

¿Cuál es el carisma misionero, cuál es la épica misionera que el fundador querría para su Obra hoy?

Pensar estas cosas no me parece ninguna “herejía” ni “infidelidad” schoenstattiana. A este proceso el fundador, con mirada profética y con mucha más audacia que nosotros, lo llamó nada menos que “refundar Schoenstatt cada 50 años”. Y en ese sentido también tiene validez plantearse cómo el carisma de la fundación (la Obra en el tiempo) ha ido asumiendo o viviendo, desde el carisma de su fundador, las necesidades del tiempo. En definitiva, cuál es el carisma misionero, cuál es la épica misionera que el fundador querría para su Obra hoy, que la iglesia necesita y que la sociedad, esta que vivimos y no otra, nos debería demandar. Y además, porque un Schoenstatt sin una épica actualizada y con mirada de futuro de su carisma misionero es un Schoenstatt “descafeinado”; a casi nadie, en estos tiempos, nos gusta el café descafeinado. Y eso explica mucho.

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