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Publicado el 2022-02-21 In Temas - Opiniones

Gracias, señora Oelschner

Elke Karmann, Alemania •

Cuando leí su artículo «Lo quiero todo…», pensé: qué bonito que alguien escriba lo que también nos arde en el corazón a muchas schoenstattianas. Yo también he seguido con interés el Camino Sinodal y los documentos que se han preparado para él, especialmente en lo que se refiere a las mujeres, y he podido seguir la mayor parte de los debates y las votaciones de la tercera asamblea plenaria del Camino Sinodal, gracias a Internet. Como schoenstattiana, me alegró especialmente que Mons. Michael Gerber, obispo de Fulda y miembro del Instituto de Sacerdotes Diocesanos de Schoenstatt esté en el Foro Sinodal 3 «Las mujeres en los ministerios y cargos de la Iglesia» y pueda aportar allí también el pensamiento schoenstattiano.

La unión fraterna, como el camino sinodal se esfuerza en vivir, es la herencia espiritual y misión de nuestro Fundador. Pude experimentar esta cooperación fraternal, apreciativa y constructiva vista desde el trabajo conjunto de las diferentes ramas entre sí y también muy bellamente en el trabajo mancomunado de los sacerdotes y laicos de Schoenstatt e inclusive la labor codo a codo de las distintas comunidades espirituales.

Mi experiencia personal

He decidido contarles mi propia vida para que se entienda por qué este tema me conmueve tanto: de niña, me permitieron hacer la comunión temprana cuando apenas tenía 4 años y quise ser monaguillo y sacerdote a una edad temprana. Mi amor por Jesús era muy grande y quería hacer tangible el amor de Dios a muchas personas. Me parecía injusto que este camino sólo estuviera abierto a los chicos y yo prefería ser un chico.

Pero en algún momento acepté que ese anhelo que había en mí de ser pastor no podía cumplirse.

Participación en la parroquia cuando era niña

En la parroquia asumí la corresponsabilidad a una edad temprana – inspirada por mis experiencias en las reuniones familiares en Schoenstatt. A los 9 años me encargaron la organización musical de las misas escolares con canciones infantiles y juveniles modernas. A los 11 años, el párroco me nombró jefe de grupo de 20 niños de 9 a 10 años. Aquí también encontré ayuda y apoyo en la Juventud Femenina de Schoenstatt. De esta manera fui creciendo cada vez más en Schoenstatt y también en la comunidad parroquial con las tareas que me fueron encomendadas.

… y olvidé mi deseo original

En la Juventud Femenina de Schoenstatt escuchamos una charla en la Jornada de Jefes (en ese momento el “Schwarzhorn”) sobre el sacerdocio y por qué no se podía abrir para nosotras las mujeres. La acción de Jesús en la Cena del Señor, la representación de Cristo por un hombre y las razones escatológicas dadas entonces me ayudaron a aceptar porqué los servicios y oficios en la Iglesia no están abiertos a nosotras las mujeres. Entonces también olvidé mi deseo original y me involucré de diferentes maneras y tareas en la Iglesia y en Schoenstatt. 

Luego vinieron el Camino Sinodal, María 2.0 y Katharina Ganz

A través de mi participación en el Camino Sinodal y también en «María 2.0», volví a entrar en contacto con el tema de «las mujeres y sus vocaciones en la Iglesia». Pero sólo a través de un intercambio con una conocida y, sobre todo, de la lectura del libro «Las mujeres molestan – y sin ellas la iglesia no tiene futuro» (de Katharina Ganz), volví a ser consciente de mi anhelo de la infancia.

Convencida de que el Espíritu de Dios también actúa en el espíritu de la época

Mientras las mujeres no participen en todos los procesos vitales importantes de la Iglesia, ésta respirará con un solo pulmón, por así decirlo, porque no utiliza los carismas que hay en ella. La Iglesia no puede desplegar todo su resplandor y se debilitará a largo plazo. Sólo podemos seguir siendo creíbles como cristianos si no tenemos miedo al cambio y estamos fielmente convencidos de que el Espíritu de Dios actúa incluso en el espíritu de los tiempos.

Esto es lo que nos enseñó el Padre Kentenich: «con el oído en el corazón de Dios y la mano en el pulso del tiempo». No todo lo que es tradición es también digno de ser transmitido en su momento. Al fin y al cabo, durante mucho tiempo todas las traducciones vernáculas de las Sagradas Escrituras estaban en el índice de la Iglesia Católica. «Quien leía un libro que estaba en la «lista negra» se exponía a la pena de excomunión y arriesgaba así su salvación eterna», explica Hubert Wolf, catedrático de historia de la Iglesia, en su libro «Index – der Vatikan und die verbotenen Bücher» (p. 7s). Hoy sólo nos reímos de ello y no podemos comprender que incluso «Knigge», «La cabaña del tío Tom» y obras de Karl May estuvieran en el Índice, e incluso en 1954 Immanuel Kant con «Crítica de la razón pura» seguía en la lista negra.

O pensemos en el oscuro capítulo del genocidio cultural cometido durante décadas por las escuelas de reeducación sobre los niños de las Primeras Naciones canadienses (y no sólo allí) con la (esperemos) buena fe de misionar a los «salvajes», de expulsar su cultura «pagana y diabólica» con métodos totalmente degradantes y de cristianizarlos. No fue hasta la década de 1990 cuando se cerraron también las últimas escuelas católicas obligatorias en Canadá. En 2022, apenas podemos imaginar que esta injusticia que se desploma -contraria a todos los conocimientos científicos disponibles desde hace décadas y al sentido común imperante sobre la dignidad humana- no haya terminado hasta 1990 y haya sido mantenida durante tanto tiempo por la Iglesia y la sociedad de Canadá.

Como Iglesia, según la Lumen Gentium, somos un pueblo de Dios constantemente peregrino, siempre en camino, siempre llamado a renovarse. Como Movimiento de Schoenstatt, buscamos reconocer al Dios de la vida a través de sus huellas en las voces de cada tiempo y alma.

Restablecer un clima de esperanza y confianza

Sí, vale la pena como Movimiento de Schoenstatt y como personas apoyar al Papa Francisco en su proceso de renovación de la Iglesia y mirar con él qué viejas trenzas pueden cortarse silenciosamente con el paso del tiempo y cómo Cristo imagina una Iglesia que, en el siglo XXI, según su deseo, «puede hacer mucho para restaurar un clima de esperanza y confianza, como signo de una nueva partida cuya urgencia todos sentimos» (Carta para el Jubileo 2025).

Me comprometo…

Veo un primer pero importante paso en el que todos podamos participar en la Declaración de Frankfurt, surgida tras la 3ª Asamblea Plenaria del Camino Sinodal y que fue firmada por muchos miembros del Sínodo, entre ellos el Presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, Georg Bätzing. Todos estamos invitados a unirnos a esta declaración firmándola. A diferencia de otras peticiones, contiene un autocompromiso. Lo encuentro especialmente simpático y convincente. No basta con esperar a que otros hagan algo. Se me pide que me una con mi firma y al mismo tiempo me comprometo a vivir la iglesia sinodal a través de la unión fraternal y apreciativa, cuando la declaración dice:

«Acogemos el espíritu de la deliberación y la toma de decisiones sinodales como una inspiración para encontrar nuevas formas de llevar al Dios de la vida a la gente de nuestro tiempo.

Por ello, nos comprometemos a ser decididos defensores de una iglesia que viva la sinodalidad en los lugares donde Dios nos coloque».

Original: Alemán, 16.02.2022. Traducción: Juan Eduardo Villarraza, Paraná, Argentina

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