Publicado el 2020-06-23 In Alianza de Amor Solidaria en tiempos de Coronavirus, Vida en alianza

¡Qué felicidad volver a verte, Mater!

MEXICO, Eduardo A. Shelley •

Han transcurrido 15 domingos, 105 días, desde que se ofició la última misa en el santuario “María, camino al cielo”, en Monterrey, México. Mientras tanto, la tecnología ha sido de mucha ayuda, ya que hemos estado en contacto con los padres y la comunidad a través de videollamadas y la transmisión de las misas y rosarios desde la casa del movimiento, pero nada sustituye el recibir presencialmente las gracias del santuario, especialmente la del acogimiento. Por eso la misa de este domingo 21 de junio de 2020 fue tan importante y emotiva. —

No fue tarea fácil reanudar las misas presenciales después de que el gobierno federal anunciara la “Jornada nacional de la sana distancia” el 16 de marzo. Ahora, poco a poco, se empieza a relajar el confinamiento y el Estado de Nuevo León permitió, a partir del 20 de junio, las misas presenciales, pero con muchos requisitos y limitaciones.

Monterrey

Con todos los protocolos y precauciones

Comenta Clarita, del comité organizador de misa: “Me sentía un poco nerviosa de que se cumplieran todos los protocolos de la Secretaria de Salud, ya que para poder iniciar como ministros tuvimos que tomar un curso en línea de dos horas y obtener un certificado, pero gracias a Dios todos fueron muy ordenados”.

El cupo estuvo limitado a 50 personas, mediante un estricto sistema de reservaciones electrónicas y verificación de la temperatura corporal a la entrada. Los espacios entre asientos eran como lo marca el protocolo y la “sana distancia” de metro y medio para tomar la comunión (en mano, por supuesto, no en la boca), sin descuidar el abundante uso de gel desinfectante, entre otras muchas precauciones.

Sentimientos encontrados

Ciertamente fue una misa diferente a las que estamos acostumbrados en el santuario, que normalmente tienen una calidez que refleja los fuertes vínculos que compartimos. Así lo expresa Jorge: “Por un lado, sentí mucha alegría de poder estar en el santuario, recibir la Eucaristía y ver a mis hermanos schoenstattianos, pero el ambiente era frío, había poca gente y se echaba de menos ver y escuchar niños corriendo, hablando y llorando, ver a la gente grande, la gente que inició Schoenstatt en Monterrey”. A pesar de las restricciones y medidas de control que se tomaron, el sentimiento general fue de alegría y reencuentro. Dice Ricardo: “Después de casi cuatro meses de no venir al santuario, me siento otra vez en casa, en familia y con los míos, con una paz y tranquilidad espiritual que tenía tiempo de no sentir”.  Su esposa, Rosalba, confirma: “Me sentí muy contenta y emocionada porque regresé de nuevo a casa a ver a la Mater y volví a recibir la comunión sacramental”.

Los padres Guillermo Múzquiz y Carlos Padilla concelebraron la misa, que también fue transmitida en vivo por Zoom y YouTube, mientras el P. Andrés Espinoza administraba el sacramento de la reconciliación, tan extrañado en los tiempos de confinamiento. Este reinicio de las misas presenciales coincidió con el festejo del Día del Padre y el P. Carlos, en su homilía, habló sobre la importancia de la confianza en el Padre, especialmente cuando sentimos temor hacia una amenaza desconocida que nos puede afectar en la salud, el trabajo, la economía y, sin duda, nuestra vida y la de nuestros seres queridos.

El añorado momento de la Eucaristía

El momento culminante, por supuesto, fue la Eucaristía. La emoción insustituible de recibir a Cristo sacramentado fue enorme, como lo confirman los testimonios de los presentes. Vuelve a comentar Clarita: “No te puedo explicar la alegría de poder comulgar de nuevo sacramentalmente”. Daniella dice: “Haber sido ministra de la Eucaristía me hizo estar más cerca de la ceremonia. Estoy con el corazón lleno, emocionada, feliz”. Puntualiza Jimena, que ayudó a Daniella a administrar la Eucaristía: “¡Me emocionó ver a la gente al borde de las lágrimas cuando comulgaron!”

Al terminar la misa, todos querían entrar al santuario a saludar a la Mater y así fue, bajo estricto control, distanciamiento y desinfección. Unos breves minutos con nuestra Reina y Madre nos recargan el alma y nos dan fuerzas para seguir librando la batalla contra esta pandemia. Edgar resume lo que muchos platicamos con la Mater en esos momentos a solas con ella: “Entrar al santuario y encontrarme a la Mater fue un momento muy significativo, ya que le pude dar gracias por todo lo que nos ha cuidado y protegido durante esta pandemia, así como pedirle por la gente que lamentablemente ha enfermado o fallecido”.

Podemos resumir el sentimiento reinante entre los presentes con las palabras de Marimar: “sentí nostalgia y emoción al comulgar, entrar al santuario y saber que la Virgen siempre estuvo con nosotros”.

Etiquetas: , , , , ,

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *