Publicado el 7. julio 2019 In Carlos Barrio Alegría en el trabajo

La soledad en la empresa y la sociedad en la era de la comunicación

LA ALEGRIA EN EL TRABAJO, Carlos E. Barrio y Lipperheide •

Vivimos en un mundo desarraigado en el que cada día nos sentimos más solos y aislados de los demás. La creciente incorporación tecnológica en el trabajo nos coloca frente a artefactos electrónicos con los que no podemos interactuar humanamente, pero de los que no podemos prescindir para realizar nuestras tareas. A esta relación hombre-tecnología se suma la creciente aceleración de las actividades laborales a la que nos vemos presionados todos los días, condicionando nuestro éxito o fracaso. —

Nos dice Thomas L. Friedman que “… no estar disponible para los amigos y la familia, no hallar tiempo para la puesta de sol … cumplir zumbando nuestras obligaciones sin tomar aliento conscientemente, se ha convertido en el modelo de una vida exitosa”. [1]

Esta carrera tecnológico-laboral nos pide estar siempre actualizados y por ende a vivir permanentemente aprendiendo sobre los cambios diarios que nos invaden y presionan.

Pareciera que nuestro mundo económico y utilitario ha invadido todas nuestras esferas humanas. El detenernos nos parece poco productivo y por lo tanto lo desvalorizamos, perdiendo de esta forma contacto con nuestra interioridad, las personas que nos rodean y la sensibilidad para captar lo sutil y valioso que ocurre todo el tiempo a nuestro alrededor.

Pero lo cierto es que “ … el hombre está estructurado de tal manera que sólo halla su plenitud en la entrega a una persona, en la entrega a un tú personal” [2]

Soledad en la hiperconectividad

Leí en el diario La Nación (Argentina) un artículo que me impactó. Decía la periodista Silvia Pisani que “el 6% de la población europea -unos 30 millones de personas- no puede pedir ayuda a nadie o no tiene con quién hablar de sus problemas personales, de acuerdo con datos oficiales del Eurostat.”

“La soledad será una de las nuevas epidemias para Europa, suelen decir los demógrafos. Los casos de mayores en problemas por estar solos se han vuelto tan acuciantes en algunos países que llevaron a sus gobiernos a tomar medidas específicas. En Gran Bretaña -todavía dentro de la UE- la primer ministra Theresa May, se vio forzada recientemente a crear una Secretaría de la Soledad.”

Me impactó muchísimo tomar consciencia de la creación de esta Secretaría. Es más, diría que nunca pasó por mi cabeza sospechar que esto podría llegar a ocurrir.

“En Gran Bretaña el problema afecta a nueve millones de personas. De ese total, 200.000 llegaron a reconocer que no habían hablado con nadie «en el transcurso de un año», de acuerdo con el detallado estudio que dio paso a la creación de esa secretaria … El sondeo demostró que los casos son más frecuentes en grandes ciudades.[3]

Esta información contrasta con la “hiperconectividad” en la que vivimos inmersos, a través de las redes sociales, que paradójicamente nos aísla en una relación individual con una supuesta comunidad virtual a la que accedemos a través de las redes sociales. La conexión es en la “matrix”[4] virtual, pero no en la vida real de relación.

No podemos detenernos y escuchar

A mi modo de ver, es un error creer que esta pandemia comienza cuando la persona termina su actividad laboral por alcanzar una cierta edad, en la que deja de ser valioso para el mundo productivo, se lo descarta y se retira al ámbito de su vida privada. Por el contrario, el mundo laboral contemporáneo tiende a ser solitario e individualista, carente de vínculos, llevándonos a una progresiva fragmentación y atomización social, y dejándonos a la puerta de la depresión, por la pérdida de sentido de la vida.

Según Byung-Chul Han somos trabajadores “multitasking”, que vivimos en un mundo con “…un exceso de estímulos, informaciones e impulsos. (…) La cultura requiere un entorno en el que sea posible una atención profunda. Esta es reemplazada progresivamente por una forma de atención por completo distinta, la hiper atención. Esta atención dispersa se caracteriza por un acelerado cambio de foco entre diferentes tareas, fuentes de información y procesos.”[5]

En este mundo de excesiva actividad nos resulta muy difícil detenernos y escuchar. “El don de la escucha se basa justo en la capacidad de una profunda y contemplativa atención, a la cual al ego hiperactivo ya no tiene acceso.”[6]

Todo ello nos está llevando a una soledad humana y productiva, en la que no nos detenemos a mirar y contemplar. Estamos perdiendo nuestra capacidad de relacionarnos desde lo humano. Sólo nos conectamos en función de la utilidad económica. La consecuencia necesaria es el incremento del vacío, la depresión y la soledad en la que vivimos. “El hombre depresivo es aquel animal laborans que se explota a sí mismo, a saber: voluntariamente, sin coacción externa. Él es, al mismo tiempo, verdugo y víctima (…) El exceso de trabajo y rendimiento se agudiza y se convierte en auto explotación.”[7] Así, según Byung-Chul Han, “el exceso del aumento de rendimiento provoca el infarto del alma.”[8]

 

Hogar para los demás

¿Qué hacer frente a este vacío existencial, que nos ha llevado a un mundo solitario, egocéntrico y narcisista?

La respuesta más certera que encuentro es desarrollar nuestra capacidad de estrechar los lazos humanos, de forma tal de “… estar afectiva y espiritualmente uno con el otro.”[9] Poder estar “uno con el otro” requiere abrir nuestro corazón y estar dispuestos a vivir el mundo de quienes nos rodean, con todos sus anhelos, dolores y necesidades, lo cual nos llama a una escucha empática, en la que al escuchar, vivamos lo que los otros están sintiendo y necesitando, y nos hagamos un poco “los otros”.  Kentenich llama a esto “hogar”[10], ser “hogar” para otros. Es una forma afectiva y espiritual de relacionarnos con los otros, en la que acortamos la distancia y nos dejamos afectar por sus vidas, acogiéndolos con todo nuestro ser en nuestro corazón.

¡Me entusiasma esta definición de hogar, más amplia y abarcadora de la que comúnmente estamos acostumbrados a pensar, que incluye a todos los hombres en sus relaciones y en cualquier circunstancia!  Sostiene Kentenich que “hogar es aquella porción de nuestro ámbito vital, físico, anímico y espiritual en la cual recibimos y damos cobijamiento y que es, a su vez, símbolo del cobijamiento en Dios.”[11] Este cobijamiento sólo es posible si somos capaces de estrechar los vínculos y hacernos cercanos a quienes nos rodean.

La empresa, hogar de relaciones humanas

Alguien podrá pensar que mi propuesta sólo puede aplicarse al ámbito personal y privado, pero no al mundo laboral y empresario.

Yo creo que, por el contrario, es decisivo y determinante incluir al ámbito laboral-empresario. De lo contrario nuestra respuesta se dirigirá exclusivamente al mundo de nuestras vidas privadas y sería parcial, mecanicista y no habríamos sanado la forma aislacionista y utilitaria que tenemos de relacionarnos en el trabajo.

En igual línea a lo recomendado, Enrique Shaw considera que la empresa debe ser como “hogar de relaciones humanas.”[12] Es decir que la empresa debe tender a generar un clima en el que podamos sentirnos afectiva y espiritualmente uno con el otro y no aislados y desconectados, sin que esta actitud nos lleve a perder el objetivo propio de una empresa que es producir bienes y servicios.

Kentenich nos señala esta enfermedad contemporánea al decirnos que “el desarraigo del hombre de hoy es resultado de la falta de vivencia de hogar. Aun cuando posea tierra, casas, a menudo no tiene hogar, le faltan esas vivencias.”[13] Por ese motivo “… la gran tarea es generar arraigo, luchar por el arraigo en todos los frentes … Debemos preparar al hombre un hogar en el hombre y en lugares concretos.” [14] y estos lugares deben incluir necesariamente el ámbito laboral, para que la vida sea orgánica e integral.

Una cultura de trabajo que una la eficiencia y la rentabilidad con la alegría, el encuentro y la creatividad. 

Hemos desarrollado una mirada tan marcadamente utilitaria de la empresa que muchos piensan que la aplicación de este cobijamiento espiritual, llevará a perder su rentabilidad y la debida exigencia para alcanzar las metas que se propone. Pero la realidad es muy distinta: es esta exclusiva búsqueda de metas utilitarias la que deja fuera del espíritu de sus miembros el sentido comunitario de llevar adelante una tarea en común y termina afectando a la empresa.

La empresa Google se encuentra actualmente diseñando una nueva sede. “La idea es simple: en lugar de construir edificios de concreto inamovibles, crearemos estructuras con bloques ligeros que se puedan mover con facilidad a medida que invirtamos en nuevas áreas de producto”, escribió David Radcliffe, vicepresidente de propiedad inmobiliaria de Google, en el blog de la compañía. “Grandes marquesinas translúcidas cubrirán cada sitio, controlando el clima en el interior, pero permitiendo la entrada de la luz y el aire. Con árboles, jardines, cafés y ciclopistas serpenteando a través de esas estructuras, nuestro objetivo es borrar la distinción entre edificios y naturaleza.”[15]

En este futuro entorno de integración de la naturaleza y trabajo, seguramente las personas se sentirán más a gusto, pero ¿se sentirán más cercanas, habrá más encuentros y menos soledad?

Antoine de Saint Exupéry señala que “Tú no puedes amar una morada que no tenga rostro y donde los pasos no tienen sentido.”[16] Este es el gran desafío de los líderes contemporáneos: transformar la cultura laboral mecanicista, ”multitasking”, de excesiva carga,  que nos agota y conduce a la soledad y el vacío existencial, por un trabajo que una la eficiencia y la rentabilidad con la alegría, el encuentro y la creatividad.

Acompañemos las soledades de la vida actual llevando la alegría que surge de acercarnos con nuestro corazón al corazón de quienes nos rodean dentro y fuera de nuestro ámbito laboral, para así generar una comunidad de corazones.

 

 

Carlos E. Barrio y Lipperheide

6 de julio de 2019

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[1] Thomas L. Friedman. “Gracias por llegar tarde” Editorial Paidós (2018), pág. 16.
[2] José Kentenich. “El mundo de los vínculos personales”. Editorial Nueva Patris-Herbert King (2015), pág. 255
[3] Silvia Pisani. La Nación 6 de abril de 2019.
[4] Utilizo este término refiriéndome a la película “Matrix”, de ciencia ficción escrita y dirigida por las hermanas Wachowski y protagonizada por Keanu Reeves, en la que se confunde la realidad de la vida con la que, supuestamente, se vive en la red que se crea a través de una conexión mental.
[5] Byung-Chul Han. “La sociedad del cansancio”. Editorial Herder (2015), págs. 33-35
[6] Byung-Chul Han. “La sociedad del cansancio”. Editorial Herder (2015), pág. 36
[7] Byung-Chul Han. “La sociedad del cansancio”. Editorial Herder (2015), págs. 30-32
[8] Byung-Chul Han. “La sociedad del cansancio”. Editorial Herder (2015), pág. 72
[9] José Kentenich. “Que surja el hombre nuevo”. Editorial Schoenstatt (1971), pág. 173.
[10] José Kentenich. “Que surja el hombre nuevo”. Editorial Schoenstatt (1971), pág. 173.
[11] José Kentenich. “Que surja el hombre nuevo”. Editorial Schoenstatt (1971), pág. 180.
[12] Enrique Shaw. “Notas y apuntes personales”. Editorial Claretiana (2013), pág. 53.
[13] José Kentenich. “El mundo de los vínculos personales”. Editorial Nueva Patris-Herbert King (2015), pág. 286.
[14] José Kentenich. “El mundo de los vínculos personales”. Editorial Nueva Patris-Herbert King (2015), pág. 286.
[15] Forbes México, 25 de mayo de 2019.
[16] Antoine de Saint Exupéry. “Ciudadela”. Editorial y Librería Goncourt (1983), pág. 22.

 

Foto: iStock Getty Images, ViewApart, ID:880347182, licensed for schoenstatt.org

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