Max Brunner – “Ave Imperatrix, Morituri te salutant”

Max Brunner Max Brunner (1897 – 1917), Alemania. Nació el 12 de diciembre de 1897 en Arth, cerca de Altdorf en la región de Baviera (Bayern). Siendo muy joven manifestó su decisión por el sacerdocio y en 1911 – a la edad de 13 – años ingresó al seminario menor de los Padres Pallotinos. En un comienzo se adaptó muy bien a la dura disciplina de la casa, siendo un estudiante modelo, pero luego del traslado del seminario desde Ehrenbreinstein hasta Schoenstatt, su conducta comenzó a decaer, lo mismo que sus notas. Se regían en ese momento bajo estrictos estatutos que marcaban todo lo que estaba permitido dentro del seminario. Lo demás estaba prohibido.

 

La conducta de Max Brunner comenzó a cambiar cuando se formó la congregación Mariana. En un principio se mostró reacio hacia ella y muchas veces se manifestó en contra, pero poco a poco la MTA fue quitando suavemente toda la enemistad del corazón de Max.

“Yo quiero ser un santo”. Ese era el Ideal al que Max Bruner dedicó su vida. Eso sí, al inicio era todo menos un santo. Porque él era ya mayor para el estudio seminarista, llegó a Schoenstatt el 24 de Abril de 1911. Al comienzo era un inescrupuloso muchacho que luchó contra la sociedad misionera y más tarde contra la Congregación Mariana y se mostró como el portavoz de los opositores. Fue apodado el superficial Brunner. Pero su gran amor a Maria estaba en su corazón, por lo que al fin se preguntó: ¿qué te ha hecho de malo Maria para que tú le ataques? Desde ese momento nunca más atacó a la Congregación Mariana, sino que selló su Alianza de Amor con la Tres Veces Admirable de Schoenstatt el 8 de Diciembre de 1914. El día de su consagración él dijo: “Ave imperatrix, morituri te salutant”. Esta frase proviene de los gladiadores y puede ser traducida así: “Ave Emperatriz los que están dispuestos a morir por Ti, te saludan”

La Alianza de Amor había transformado a Max Brunner. Desde ese momento quiso él ser un santo. El padre Kentenich le mostró la imagen de la santidad de la vida diaria. Lo ordinario debiera él hacerlo extraordinariamente bien. Él lo hizo, como muchos de la generación fundadora, en la primera guerra mundial. Allí confió su vida exclusivamente a la Virgen y estaba listo a darlo todo por Ella. El 23 de Abril de 1917 fue alcanzado mortalmente por una granada. El Padre Kentenich posterior a eso lo presenta en un ejemplar de la MTA a los otros, porque lo estimaba mucho y en los ejercicios en los cuales participó Max Brunner, dijo que uno de ellos sería un santo.

En 1916 fue convocado al ejército para luchar en la Primera Guerra Mundial. A pesar de la dura vida de soldado, el alma de Max estaba fuertemente anclada en la tierra santa de Schoenstatt. Murió el 23 de abril de 1917 en el campo de batalla tras ser alcanzado por un trozo de granada en el pecho. Poco después de su muerte, el Padre Kentenich comenzó a escribir su biografía – basada en las cartas escritas por el mismo Max Brunner y por recuerdos de los demás congregantes – y la publicó en la revista MTA. Destacó en ella la fuerza que tuvo para Max su ideal personal en el camino de buscar y encontrar su vocación personal. Sus restos fueron trasladados a Schoenstatt en 1934 y ahora descansan detrás del Santuario Original bajo una cruz negra, como clara expresión del “nada sin nosotros”.