Publicado el 2020-05-29 In Proyectos, schoenstattianos

Raúl y Stefano, en misión por cuenta de María

PARAGUAY, ITALIA – Amerigo Imbriano, Gian Francesco Romano  •

Algún tiempo después de su voluntariado misionero en Italia, Stefano Marazzi y Raúl Cubilla, dos jóvenes de la Juventud Masculina de Paraguay, que sirvieron por un año como misioneros en Italia – Stefano en el contexto de «Misión Roma 3» (2017-2018) y Raúl en «Misión Roma 4» (2018-2019) – recuerdan su experiencia al servicio del movimiento en Italia y observan los dones que la Mater les ha dado a cambio de su generosidad. –

¡Bienvenidos chicos! ¡Para quienes no los conocen, preséntense!

 Raúl: Soy Raúl Cubilla, tengo 22 años y trabajo con mi familia en un consultorio odontológico. Estudio economía empresarial. ¡Estaba en el equipo de Misión Roma 4!

Stefano: ¡Hola a todos! Soy Stefano Marazzi, tengo 29 años. Soy ingeniero mecánico y ahora estoy trabajando en mi profesión aquí en Paraguay. Vine a Roma en 2017, con el tercer grupo de la Misión. Tengo novia… ¡y nada más!

Stefano

¿Cómo conocieron el Movimiento de Schoenstatt?

Raúl: Mi relación con la Juventud Masculina de Asunción comenzó cuando tenía 8 años y mi mamá me dijo que fuera a un retiro espiritual. En esa ocasión me enamoré de Schoenstatt, conocí el amor de la Mater. Desde entonces mi relación con el movimiento se ha desarrollado y, gracias a Dios, estoy aquí, hoy, para trabajar nuevamente por este amor, por el reino de Dios…

Stefano: Conocí por primera vez a Schoenstatt siendo niño, cuando me llevaron a un retiro en un lugar cercano a Asunción llamado Tupãrenda. Luego, ya de más grande, mientras asistía a la universidad, me invitaron a ir al santuario varias personas, entre ellos, primero mi hermano y después una amiga. Recuerdo que tenía casi 20 años cuando me uní al movimiento, gracias a la invitación de esta amiga. Era junio del 2009. Me llegaron las invitaciones y así llegué a Schoenstatt. Además de haber participado en Misión Roma, en 2015 fui jefe de los universitarios de la Juventud Masculina y jefe de una misión.

Raúl. Selfie con los misioneros MR 4, P. Facundo Bernabei y P. Catoggio

¿Quién es María para vosotros?

Raúl: María es, para mí, una guía, así como una mamá que me toma de la mano y me lleva por el camino correcto. No importa si a veces nos equivocamos en algunas cosas, ella siempre nos indica el camino justo a seguir, siempre.

Stefano: María es un lugar seguro para mí, donde puedo encontrar amor y tranquilidad. Cuando busco la paz, hago siempre una oración a María y gracias a ella la puedo encontrar.

 

¿Y el P. Kentenich?

Raúl: el P. Kentenich es un maestro, es como el entrenador de este partido que se llama “vida», una vida religiosa, una vida en Dios. Él es quien nos da los instrumentos para enfrentarla.

Stefano: para mí, el P. Kentenich es como un guía; también es un misionero porque siempre supo compartir las situaciones con las personas. Justo en este momento del coronavirus estaba leyendo un par de sus pensamientos y me sorprendió cómo él, en la época en la cual vivió, desde antes de la Segunda Guerra Mundial había ya comenzado a preparar los corazones de quienes lo rodeaban. Leer sus pensamientos nos regala tanta sabiduría.

 

¿Qué representa para vosotros el santuario?

Raúl: transformación y envío apostólico.

Stefano: un segundo hogar, un lugar de alegría.

 

¿Cuándo y por qué decidieron participar en la Misión Roma? ¿Cómo se prepararon para esta experiencia?

Raúl: Decidí participar en la Misión Roma justo cuando comenzó, es decir, cuando los primeros misioneros partieron para Italia. Tenía 18 años e inmediatamente me puse al servicio de este hermoso proyecto. Ya conocía a Nico, Jorge y Braulio (los tres primeros participantes, N. de la R.) y me había puesto a su disposición para hacer una contribución desde Paraguay. Después de tres años, Dios me eligió para participar en la misión. Me preparé mucho en la parte espiritual, me hice muchas preguntas sobre lo que podría haber sucedido y con quién me encontraría en esta experiencia en Italia, un país que conocía poco. Mi familia me dio mucho apoyo moral, me motivó al decir que Misión Roma era un partido importante que debía jugar hasta el final.

Stefano: Pensé en participar en Misión Roma solo un año antes de que se había realizado la Misión Roma 3. Ya había formado parte de un grupo que organizó la primera misión, en 2014, pero solo estaba dando una mano, en términos de ayuda, dado que inicialmente no tenía deseos de partir. En esos años, sin embargo, traté de seguir las enseñanzas del movimiento, aprendiendo a vivir como un schoenstattiano de todos los días. Luego, en 2016, sentí dentro de mí el llamado a participar en la misión y, por lo tanto, hablé de mi deseo con el padre responsable de la misión aquí en Asunción.

 

¿Cuáles fueron vuestras principales actividades durante la misión?

Raúl: ante todo la actividad con la Juventud Masculina. Una de las mejores cosas que pudimos hacer en esta área fue elegir a un jefe de grupo. Fue la actividad más importante, ya que era nuestra tarea, como misioneros, fundar la Juventud Masculina en Roma. Por lo tanto, organizamos encuentros para formarnos juntos, con nuestros amigos en Roma, como juventud, como muchachos, como un grupo en la vida schoenstattiana. Otra actividad importante fue la misa de jóvenes todos los domingos en la parroquia. Yo, en particular, le di una mano al coro en la animación de los cantos. Fue muy linda la misa, como momento, porque fue muy participativa.

Stefano: también para mí, el equipo de Juventud Masculina fue la actividad más importante, sobre todo en la segunda parte de la misión. Luego, la otra actividad, que nos tuvo muy ocupados fue el trabajo en comunidad. Como misioneros, reflexionamos sobre las necesidades y los desafíos que la misión nos planteó y a los que teníamos que responder de vez en cuando para garantizar que la misión pudiera ampliarse.

Encuentro de la JM –julio 2018 (Raúl está en la última fila)

¿Cuáles fueron la mayor alegría y la mayor dificultad de la misión?

Raúl: ciertamente, un buen recuerdo que llevo en mi corazón y que me dio mucha alegría fue el de la misión en Vico Equense, sobre todo estar en medio de las familias que visitamos. Me sentí realmente bienvenido. Estar con ellos, ver cómo esperaban la Pascua y compartir juntos lo poco que tenían fue realmente hermoso. Otra gran ocasión de alegría fue el encuentro con el papa Francisco. En cambio, una dificultad encontrada durante el período de la misión en Roma, además de la dieta – que es dificilísima en Italia – fue la de fundar un grupo de pequeños de la Juventud Masculina. Una dificultad que, sin embargo, era al mismo tiempo un gran desafío.

Stefano: si pienso en una gran alegría, me viene en mente haber contribuido a fundar el grupo de la Juventud Masculina en Roma. Dio mucho sentido al tiempo que pasé en Roma. Sin embargo, una dificultad fue la búsqueda constante de armonía dentro de nuestra comunidad, una condición necesaria para el éxito de la misión y que todos los misioneros tratamos tratado de respetar.

 

¿Qué consejo les gustaría dar a quienes, entre los chicos, se acercan a Schoenstatt?

Raúl: Tratar de involucrarse en esta vida schoenstattiana, que sin embargo es muy difícil. Cuando mi mamá me dijo: «Ve al retiro de la Juventud Masculina de Schoenstatt» tenía miedo del juicio de la gente sobre mi decisión, creía que no podría ser un católico al 100%. Pero lo más hermoso de Schoenstatt es que, incluso si haces algo equivocado, no te deprimes porque siempre logras encontrar el rostro de la Mater que te ayuda a levantarte de las caídas. Schoenstatt me ha dado esa esperanza y esa fuerza para aspirar a ser santo de todos los días, en la vida diaria, con amigos, con la propia novia, con los compañeros de la universidad. Mi invitación, por lo tanto, es a confiar en ti porque la vida en Schoenstatt da muchos frutos.

Stefano: Para responder a tu pregunta, uso la metáfora de la pizza: si uno tiene delante una buena pizza, no hay necesidad de comerla toda para apreciar su bondad, basta probar la primera porción. Lo mismo ocurre con el movimiento de Schoenstatt: para convertirse en schoenstattiano solo hay que dar un primer paso, la Mater hará todo lo demás y te hará comprender que Schoenstatt es realmente bueno.

 

¿Cuál es la lección más importante que han aprendido de la misión? ¿Esta experiencia los ha cambiado?

Raúl: La primera enseñanza es el italiano, que aprendí allí gracias a todos los muchachos que me ayudaron mucho. La tolerancia y la paciencia son otras dos lecciones que aprendí de la misión, muy útiles para un tipo ansioso y decidido como yo. También uso la metáfora de la pizza: la mezcla debe hacerse con amor, con tranquilidad, sin estresar la masa. Así que trabajé mucho en este sentido, tratando de no enojarme cada vez que teníamos que retroceder en las decisiones ya tomadas y cambiarlas. Entonces, debo decir que aprendí a abrir mi corazón más a las personas que me rodean. Pasar la semana en la parroquia, con todos los muchachos que querían compartir un viaje conmigo, realmente me hizo apreciar el valor de la comunidad y, por lo tanto, me ha ayudado a ser menos cerrado.

Stefano: una cosa que la misión me enseñó es sobre la relación con las personas. Estar lejos de la propia familia y de los propios afectos ha sido como un entrenamiento para vivir mejor este momento en particular. De hecho, me ha hecho más fuerte para enfrentar este clima de distanciamiento debido al coronavirus. Este es un regalo de la misión.

Raúl, flanqueado por sus compañeros de la MR4 (Manuel, a la izquierda de la foto, y Renato, a la derecha de la foto), le da una foto de la Mater al Papa Francisco.

Original: italiano, 28/05/2020. Traducción: Ana María Ghiggi/es, Santa Fe, Argentina

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