Raúl Molaro

Publicado el 11. agosto 2018 In schoenstattianos

Falleció el presbítero Raúl Molaro, de Paraná, Argentina

ARGENTINA, María Fischer, con material de AICA •

Tenemos que borrar un casillero en la lista de destinatarios de los boletines semanales de Schoenstatt.org. Uno de las primeras personas que se suscribió y que muchas veces agradeció el envío: el P. Raúl Molaro, de la arquidiócesis de Paraná, Entre Ríos, miembro del Instituto de Sacerdotes Diocesanos de Schoenstatt, falleció el 8 de agosto de 2018. —

El presbítero Raúl Molaro, de 83 años, falleció en Villaguay, donde se desempeñó durante varios años como párroco de Inmaculada Concepción.

Nació en Paraná el 3 de enero de 1935 y el 20 de enero de ese mismo año fue bautizado en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús, de su ciudad natal. Fue ordenado presbítero en la catedral el 18 de diciembre de 1960 por el arzobispo, monseñor Zenobio Lorenzo Guilland, junto a su hermano César, fallecido hace ya un par de años. En 2010, los dos celebraron, juntos, las bodas de oro de su ordenación bajo el título: “100 años de sacerdocio – Salvadores como Jesús”.

Un corazón de oro

“El padre Molaro tenía un corazón de oro. Tierno, compasivo, queriendo hacer el bien. Compartimos tres años cuando yo era Párroco de la Medalla Milagrosa y él residía allí. En ese tiempo, lo conocí más de cerca y aprendí a quererlo, mucho”, cuenta el P. Fabián Castro.
El P. Raúl ejerció su ministerio sacerdotal en varias parroquias y ciudades de la Arquidiócesis de Paraná. De regreso a su ciudad natal, fue vicario parroquial de la catedral hasta 1969 y de Sagrado Corazón de Jesús hasta 1973.

Su primer destino como párroco fue en Santa Lucía (Paraná), desde 1973 a 1984. En ese lugar fueron velados sus restos mortales antes de la cristiana sepultura. En mayo de 1984 fue nombrado párroco de la basílica Nuestra Señora del Carmen, de la ciudad de Nogoyá, donde permaneció hasta 1993.

Tiempo sabático, tiempo de estudio

El P. Fabián, quien lo acompañó hasta sus últimos días, recuerda que “muchas veces su carácter no lo acompañaba. Pero cuando se daba cuenta de que se había extralimitado en alguna palabra o gesto, pedía perdón y tendía nuevamente puentes. Siempre estaba interesado por los demás y trataba de ayudar en todo: en silencio y preocupado por el otro”.

En 1994 se tomó un “tiempo sabático” en Roma, donde cursó algunas materias libres de Teología y Pastoral en la Universidad San Juan de Letrán. Al regresar, asumió en la parroquia María Auxiliadora, de María Grande, como administrador parroquial. Desde 1996 hasta 2004 fue párroco de Inmaculada Concepción, de Villaguay.

Luego regresó a la parroquia María Auxiliadora donde fue párroco hasta el 28 de febrero de 2009, cuando por razones de salud renunció y pasó a residir durante seis años en la parroquia Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, de Paraná. Sus últimos años vivió en la Casa de Sacerdotes de la arquidiócesis.

Un corazón profundamente sacerdotal
“Pero, sobre todo, – concluye el P. Castro – quisiera destacar lo que más me impactó: su corazón profundamente sacerdotal. Un hombre de oración personal que estaba inquieto por el bien de todas las almas. Un sacerdote siempre dispuesto a evangelizar con creatividad a lo largo de toda su vida. Y, cuando se “retiró” de la vida activa en una parroquia, no lo hizo de las actividades sacerdotales. Siempre tenía en su agenda algo que hacer: confesiones, visitas a enfermos, ayudar a otros sacerdotes en sus tareas pastorales. Y, sobre todo, la intercesión desde la oración”.

Un enamorado de la Mater y del P. Kentenich

Hubo un acontecimiento que lo identificaba profundamente. El 3 de agosto de 1986, en Monte Moriah (Schoenstatt, Alemania), hizo su contrato definitivo que lo transformó en miembro del Instituto de Sacerdotes Diocesanos de Schoenstatt.
Un amor tierno y profundo a la Virgen y una comunidad de sacerdotes con los cuales compartía muchas actividades. Quienes lo conocieron, apuntó el presbítero Castro, fueron testigos de cómo volvía radiante de esos encuentros con sus hermanos del movimiento.

Su biblioteca estaba llena de libros sobre el movimiento y del Padre Kentenich. Y no estaban llenos de polvo: era muy frecuente verlo leer, subrayar meditarlos.

Un Magnificat

El P. Raúl escribió a esta redacción el 13 de diciembre de 2010, pocos días de sus bodas de oro sacerdotales: “Ante todo deseo agradecerle el envío de las noticias de Schoenstatt que periódicamente me envía. Ello me ayuda a descubrir cómo la Mater actúa en tantos corazones nobles y generosos en el mundo entero.

Celebro la santa Misa todos los 18 de cada mes en el Santuario de La Loma. El 18 de octubre pasado fue celebrado con toda la Familia de Schoenstatt de Paraná, junto con el nuevo Asesor, el P. Ricardo Abalde. El motivo de este e-mail es pedirle, si le es posible, que la Familia de Schoenstatt internacional se una al Magnificat de gratitud a nuestra Madre y al Padre Dios: El próximo día 18 de diciembre, junto con mi hermano el P. César, estaremos celebrando las Bodas de Oro Sacerdotales. Le ruego una oración por nosotros, en el Santuario Original.

Con varios sacerdotes del Instituto, compartimos la Ordenación Sacerdotal del P. Alan Sosa, en la ciudad de San Luis. En la primera semana de febrero 2011, estaré en Monte Moriah por una reunión de Curso”.

 

Padre Raúl, esta semana aparece usted en el boletín de Schoenstatt.org, que tanta alegría le daba. Y le llevaremos al Santuario Original, cantando este Magnificat que tanto nos pidió.

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