Publicado el 13. septiembre 2016 In schoenstattianos

Situar al otro en la luz adecuada: Theresia Zehnder

ALEMANIA, María Fischer •

Era una soleada y cálida tarde de julio de 2012, en el centro de Stuttgart, en el luminoso departamento de Theresia Zehnder, amoblado con muy buen gusto. Ya octogenaria, hasta hacía algunos años había trabajado como fotógrafa en su propio estudio “Hostrup”. Tenía café y pasteles sobre la mesa, mientras se preparaban la cámara y el micrófono. Una perfecta profesional: “¿acaso mi foto retrato quedará bien?” me preguntó, “¡que no sea una simple instantánea!” Ay ay ay…

Ella hizo retratos, fotografió a obispos, artistas y políticos. Y también a la Madre Teresa y al fundador del Movimiento de Schoenstatt, Padre José Kentenich. Y se siente orgullosa de que esas fotos del Padre son las únicas que se hicieron en forma profesional. Foto instantánea o retrato. Estábamos en medio del tema antes de que la cámara comenzara a filmar.

La idea de esta entrevista surgió durante un encuentro de la Academia Internacional Kentenijiana para Directivos IKAF (por sus siglas en alemán: Internationale Kentenich-Akademie für Führungskräfte).  ¿Qué le regaló el Padre Kentenich a esta mujer profesional para toda su vida, una mujer que siempre fue independiente y estableció en su profesión los más altos estándares de calidad? ¿Y cómo encontró ella su camino en Schoenstatt y cómo plasmó su vida? Esta entrevista nunca se utilizó dentro del IKAF. Ahora vale oro. Theresia Zehnder falleció el pasado viernes 2 de septiembre a la edad de 87 años.

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El camino a Schoenstatt: “más allá de la parroquia, hacia otras diócesis y otros países”

Theresia creció en un ambiente religioso. “Mi madre era muy religiosa. Íbamos todos los días a la parroquia. ¡La región de Schwäbisch Gmünd es muy católica! ¡Pero eso no nos hizo daño!”, dijo sonriendo. Eran seis hermanos, tres varones y tres mujeres, con una diferencia de 20 años en entre el mayor y el menor. En la parroquia era muy eficiente colaborando en la preparación de la Sta. Misa. “Teníamos una jefa que pertenecía al Instituto Secular Nuestra Señora de Schoenstatt. Ella nos llevó de la juventud de la parroquia a la juventud de Schoenstatt. Eso fue en los comienzos, justo después de la segunda guerra mundial”. ¿Qué le interesó en Schoenstatt? “Era algo que iba más allá de la parroquia, hacia otras diócesis y otros países”. Internacional, amplio, diverso. Eso fue lo que atrajo a Theresia.

En 1950 tuvo una profunda vivencia con el Padre Kentenich. Durante el tiempo de la guerra, surgió la imagen del “Jardín de María” para describir el proceso de responsabilizarse mutuamente y en forma solidaria en la Alianza de Amor, la fidelidad y el compromiso mutuo, incluso más allá del dolor: una alianza entre el Padre y Fundador y su familia que movió a los miembros de esta familia a responsabilizarse radicalmente los unos por los otros y los convirtió en aliados. El Padre Kentenich incorporó en este proceso a las integrantes de la Juventud Femenina y ellas se decidieron a incorporarse a esta vida de alianza. Theresia Zehnder estuvo presente durante este acontecimiento en Schoenstatt, en el año 1950: “Fuimos a la sacristía y aún recuerdo que nuestra jefa estaba presente. Ella dijo: ‘Padre, ¿podemos darle la mano?’ Y él contestó: ‘Quiero que me den ambas manos’. Para nosotras esta situación, interesantemente, era bastante normal: ¡El Padre era simplemente el Padre! No habíamos registrado que él era un gran hombre, una personalidad tan importante. A las Hermanas de María se las veía afanosas en torno a él, pero para nosotras este sacerdote que había fundado Schoenstatt era alguien completamente normal”.

Era mi todo

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Theresia fue jefa diocesana de la Juventud de Schoenstatt, vivió en forma intensa las jornadas con el P. Bezler en el Schwarzhorn (Montaña en los Alpes, en el Tirol, de 2.812 mts) y se sentía profundamente motivada: “Arriba, en el Schwarzhorn, enterramos cosas y tuvimos jornadas. En una Semana Santa subimos a pie tres veces al Schwarzhorn, una caminata de tres horas y media. Dormíamos todas en el gran dormitorio y nos lavábamos en el gran baño. Todo era tan evidente. El Padre Bezler nos enseñó a comer lentamente, así la última también alcanzaba a terminar de comer con el resto. Todas estas pequeñas cosas significaron para nosotros el ser familia. Muy pronto me dijeron en casa: Entonces llévate tu cama, así puedes vivir todo el tiempo en el Schwarzhorn. Schoenstatt fue todo para mí…“

Ella decidió ingresar a la Federación de Mujeres de Schoenstatt. Theresia respondió a una pregunta que no se le había hecho: “No quise ser Hermana de María. Esa opción me pareció muy estrecha, demasiado estrecha para mí. Y no hubiese podido trabajar nunca más en mi profesión». En Schoenstatt se encuentra toda la amplitud de las vocaciones apostólicas: apostolado al lado de la profesión, apostolado en la profesión, y al servicio de todos los que optan para una u otra o una mezcla de estas opciones, y también existe el apostolado como profesión. Theresia Zehnder fue fotógrafa en cuerpo y alma. Y su profesión se convirtió en su apostolado. ¿Qué es lo que le fascinó en la Federación de Mujeres? Su respuesta fue una sola palabra: “la libertad”.

¿Qué se puede hacer apostólicamente como fotógrafa?

“Mi credo fue siempre: cada persona existe una sola vez. Si soy capaz de descubrir esta singularidad en mis fotografías, entonces es una buena foto. Tengo que dedicarme a la persona, descubrir su personalidad. Tenía un estudio fotográfico. Nunca hicimos fotos técnicas. Siempre recé la oración de consagración por cada cliente, durante treinta años. Porque yo me decía: tengo que descubrir lo que la persona representa. A la mayoría les gustó su foto y por supuesto también hubo muchos que no sintieron lo mismo porque se veían en forma diferente”.

Y en forma muy sencilla: “Mientras tomo las fotos no puedo hablarles de Schoenstatt a mis clientes. Pero si me resulta transmitirle a alguien que es único, entonces eso es puro Schoenstatt”.

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¿Cómo se hace eso profesionalmente?

“Nunca dije: ‘¡ríase!’ Sólo dije: ‘¡piense en algo hermoso!’ Esa es la diferencia. Uno puede reír con los ojos o con la boca, ahí está la diferencia. Algunas veces alguien dijo: ‘Oh, para mí no hay nada hermoso’. Los clientes más difíciles eran aquellos que se rechazaban a sí mismos. Eran verdaderamente difíciles”

“Por ejemplo, si tenía como cliente a un guardabosques que llegaba con su chaqueta verde, él se sentía bien. Lo mismo ocurría con un médico, que se sentía más cómodo con su guardapolvo blanco. Se trata de ver y fotografiar a las personas en el contexto al que pertenecen. Fotografié a muchos obispos. Fue mucho más fácil fotografiar a los obispos que eran ellos mismos y no a los que hacían resaltar su cargo. Y a muchos los fotografié varias veces. Sí, fotografié a muchos obispos. En una oportunidad, Mons. Georg Moser, obispo de Rottenburg Stuttgart me llamó y me preguntó: ‘¿quiere fotografiar a la Madre Teresa?’ Me pidió que fuese al Marienhospital y me dijo: ‘venga mañana a la hora del desayuno, ahí lo podrá hacer’. En realidad, era él quien quería tener fotos junto a la Madre Teresa. Las fotos fueron hechas sobre el balcón, al aire libre. La Madre Teresa fue muy natural, no se dio mayor importancia a sí misma”.

Empresaria con la foto del santuario en su estudio

“Siempre tuve una foto del santuario en el estudio. ¡Y una bastante grande! Y más de una vez sucedió que alguien me dijo: ‘¡Oh, usted pertenece a ese lugar’!”.

Como joven mujer en los años cincuenta ¿cómo se le ocurrió la idea de convertirse en empresaria?

“Un tiempo trabajé en Leverkusen, otro tiempo en Maguncia. Pero eso no me gustó. Volví a Stuttgart y allí di mi examen de maestría. Como maestra de fotografía, generalmente se trabaja en forma independiente, eso es parte de la profesión. Simplemente las cosas se fueron dando: la dueña del estudio Hostrup, donde yo estaba trabajando como empleada, quería terminar con su labor y allí surgió el tema: ‘¿quién se encargará de dirigir el estudio?’ Tuve suerte: mi familia acababa de vender una casa y recibí parte de la herencia en efectivo. Era justo la suma que necesitaba para comprar el estudio”.

¿El Padre Kentenich le dijo algo a usted como empresaria?

Foto & Copyright: Theresia Zehnder

Foto & Copyright: Theresia Zehnder

Sí, lo hizo, y Theresia Zehnder aún lo recuerda perfectamente. Fue después de una serie de fotos que ella hizo del fundador, cuando se dio el momento de poderle hablar:

“¡Dios mío, de qué voy a hablar con el Padre! No lo conozco tan bien”, esa fue su primera reacción. “Pensé: seguramente me preguntará sobre el ideal de mi curso y sobre temas de la Federación.

En vez de eso, él le preguntó:

‘¿Cuánto cuesta su negocio y cómo lo paga usted?’ Y luego: ‘Si necesita dinero, no se dirija a parientes, amigos o a la familia, sino acuda al banco. Allí usted paga intereses, pero es libre’.”

Desde el exilio en Milwaukee el Padre le escribió una carta con motivo de la adquisición del estudio de fotografía: “Un cordial saludo y bendiciones por la adquisición y la nueva responsabilidad con el negocio. Una verdadera hija de Schoenstatt debe arriesgar algo”.

Cuando Theresia habló con él unos años más tarde sobre el desafío de ser jefa de sus anteriores colegas, él le dio el siguiente consejo: “De alguna manera, usted debe permanecer muy niña, entonces le resultará. Así uno es suficientemente fuerte como para ser jefe de otros. Existe una cierta distancia cuando se es jefe. En algún lugar tendrá que estar en casa, pero en otro lugar”.

La “imagen del profeta“

Nos acercamos al tema por el que Theresia Zehnder es conocida en todo Schoenstatt. ¿Cómo fue posible que usted tomara ese retrato tan conocido y tan hermoso del Padre Kentenich?

“La ‘culpa’ fue de la Hermana M. Zita”, aclaró Theresia Zehnder. “Ella había tomado muchas fotos del Padre Kentenich, pero le dije: es maravilloso lo que usted ha hecho, pero son sólo fotos instantáneas. No quiero tener solo fotos instantáneas. Pero las otras Hermanas no lo consideraban así. De lo contrario hubiesen llevado al Padre a mi estudio cuando estuvo en Stuttgart, que quedaba sólo a quince minutos de la estación. En la estación tomé varias fotos e hice una filmación. Allí tomé también la foto que se eligió para la estampilla en el año 1985. Esa es realmente mi foto favorita del Padre Kentenich, porque allí aparece como el profeta”.

Durante esas tomas en Stuttgart “nos pusimos de acuerdo en que le tomaría unas fotos de estudio. ¡Esta vez algo realmente bien hecho!” El Padre Kentenich estuvo de acuerdo.

Y sin esperar la pregunta, dijo: “¡Existen tantas fotos de él! en algunas se ve apenas una barba blanca y todos la encuentran fantástica, pero no hay nada más. Eso no puede ser. El Padre Kentenich es mucho más que una barba blanca”.

Los retratos en Würzburg

Foto & Copyright: Theresia Zehnder

Foto & Copyright: Theresia Zehnder

Llegó el momento en el Centro de Schoenstatt de la Marienhöhe, en Würzburg. Allí se hicieron los retratos del Padre Kentenich. Theresia Zehnder recordó cada detalle:

“Cuando supe que el Padre Kentenich hizo venir un día antes al peluquero, me sentí más tranquila. Pensé: él se lo toma en serio.

Tomé todas las cosas que necesitaba: llegué en tren ¡junto con el gran trípode y la gran cámara! Y pensaba al mismo tiempo: mi examen de maestría fue más fácil que esto.

Luego le dije: “Padre, quiero tener una imagen atemporal».  Por eso lo fotografié sin sonrisa. No me gusta cuando hay una imagen con risa en la cara, eso no es atemporal. «Para la foto necesité una pared blanca, una mesa y una silla, nada más. El Padre Kentenich», así lo relató ella, «se sentó en la silla y preguntó: ‘¿estoy bien ahora?’ Y se pasó la mano a lo largo de su barba por el lado izquierdo y derecho. ‘¡Padre: usted está siempre hermoso!’ – No, a veces arriba se levanta algo’.

Las Hermanas estaban paradas junto a la puerta y observaban. Así no podía trabajar, a pesar de toda mi buena intención. Entonces les pedí a todas que salieran. El Padre disfrutó inmensamente la situación, cómo yo había actuado con las Hermanas. Pero le dije: ‘No puedo trabajar si detrás de mí hay una serie de personas observando’.

En media hora todo estaba listo. Con la gran cámara ocupé doce rollos de fotos. Para cada toma ocupé un nuevo rollo. Resultaron un máximo total de ocho o diez fotos. Tenía un miedo enorme. Si algo sale mal, pensé, ¡no podré volver a pedirle que pose para nuevas fotos! Luego le entregué las fotos ya reveladas”.

Theresia Zehnder tuvo un último encuentro personal con el Padre y Fundador. Y este encuentro también fue algo típico: “Después de una charla me pidió que me acercara y me preguntó: ‘¿Alguien le pagó por las fotos?’ Naturalmente nadie había pensado en eso, por lo que le contesté: ‘Padre, eso no debería ser para usted un problema. Estoy feliz de haber hecho esas fotos’”.

Y en un momento de reflexión agregó: “Esa media hora con las fotos fueron el punto culminante en mi vida”.

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La entrevista fue posible gracias a Bettina Betzner.

Original: alemán. Traducción: Tita Andras, Viena, Austria/ aat, Argentina

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