Publicado el 2016-03-18 In schoenstattianos

La vida nos da sorpresas, sorpresas nos da la vida

Por Tita Miño, Paraná, Argentina •

image001Todos los acontecimientos los preparó el Padre y con tiempo me lo hizo saber, aunque yo no comprendía cada vez que sacaba esta tarjetita del teléfono del Padre: «La soledad es fecunda».

Muchas noches me desvelaba y yo, en mi interior, le decía «Mira, que no estoy preparada, que soy débil y pequeña…». Hasta que llegó el día. Estaba sola cuando me dijeron que perdía la vista. El glaucoma había destruido el 90% del nervio óptico. Y no había marcha atrás. Agradezco a Dios por haber estado sola en el momento en que el médico habló. Porque tuve paz y le dije “Haga lo que tenga que hacer».

De camino a casa lloré mucho y, al llegar, no había nadie y puse todo en el Santuario Hogar. Desde ese momento acepté todo con resignación. Pero a partir del 1 de septiembre, empezamos la novena al Padre Kentenich, como preparación a la cirugía; en misa le pedí que intercediera por mí, para que, al menos, me quedara una ventanita.

En la madrugada empeoré y, estando en el consultorio, le dije a Héctor, mi esposo: «Si estoy peor, me adelantarán la cirugía, y estoy segura que el Padre está detrás… «.

¡Así fue! Ya ni siquiera podía ver el rostro de la doctora. El médico que siguió con los estudios me dijo: «No permitiré que usted pierda la vista. Haremos una cirugía.» «¿Cuándo? «, pregunté. «¡Ahora!», respondió.

Cuatro horas después de la cirugía… ¡yo veía nuevamente! Lógicamente, sólo el 10% ¡Son mis «ventanitas del Padre»! Lo demás son cataratas; también me operaron con láser el ojo izquierdo y el derecho.

¡Lo damos por ganado con el Padre! Aunque no lo podía creer, ni entender, recuperé entre el 80% y el 90% de visión en cada ojo. Hoy sólo uso anteojos para la letra pequeña.

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