Publicado el 3. abril 2015 In schoenstattianos

El vencedor en cadenas – el arzobispo emérito Zollitsch conmemorando el centenario de nacimiento de Karl Leisner

por M. Fischer •

”Durante la vigilia pascual del año 1938, Karl Leisner entrega su diario a su amigo y jefe de grupo Heinrich Tenhumberg con el pedido de que le escribiera algo. Me pregunto, que le hubiese escribo yo en el diario a este seminarista de 23 años, sabiendo de su personalidad tan dinámica y su dedicado compromiso con Jesucristo y los jóvenes. Lo más probable es que le hubiera escrito las mismas palabras que san Ignacio de Loyola impartía a sus compañeros, aquellas que también muchos de nosotros escuchamos del P. Kentenich como depedida en Milwaukee: “Ite, incendite mundum – Id y encended el mundo”; pero Heinrich Tenhumberg escribió algo muy diferente: “Si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, dará fruto en abundancia” (Jn 12:24). Me parece como si en aquella noche de pascua, el futuro obispo hubiese presentido proféticamente lo que para Karl Leisner sería su último desafío“, dijo el arzobispo emérito Dr. Robert Zollitsch,  la diócesis de Friburgo, Alemania, la tarde el 4 de marzo en la iglesia de la Trinidad en el monte Schoenstatt durante la celebración eucarística por los 100 años del nacimiento de Karl Leisner (28.02.2015): “Ya que la tensión entre la lucha por Dios y con Dios y el morir como el grano de trigo, consumió la vida de Karl Leisner”.

Sellos postales conmemorativos, monumentos y exposiciones: el centenario del nacimiento de Karl Leisner ha hecho que en Alemania y también en Schoenstatt (su patria espiritual) pongamos nuestra mirada sobre este joven a quien el futuro obispo Heinrich Tenhumberg –miembro del instituto diocesano de padres de Schoenstatt-, le dedicara en su diario la frase del grano de trigo que cae a tierra y muere. ¿Seremos lo suficientemente conscientes del regalo que Dios nos hizo con Karl Leisner y su mensaje profético?, pregunta el arzobispo Zollitsch y aclara: Él es el primero de nuestra familia schoenstattiana mundial que se presenta a nuestros ojos como santo. El Papa Juan Pablo II durante su primera visita a Alemania lo incorporó como modelo sacerdotal para los sacerdotes y seminaristas en un encuentro en Fulda. En Estrasburgo el año 1988 lo presentó ante la juventud europea como ejemplo a seguir. René Lejeune dedicó su libro la biografía de Karl Leisner así: “A los jóvenes de Europa, a la juventud de todo el mundo (y) a los sacerdotes que emergerán de ellos.” [1] Estoy convencido de que con la vida y lucha de Karl Leisner, con su batalla y con su ofrenda como holocausto recibimos un santo fascinante como regalo, con su persona un tesoro que debemos conservar: para la juventud, para los sacerdotes, para nuestra familia en todo el mundo. Gracias Dios por Karl Leisner, ¡dejémonos encender por su fuego!

¡El tiempo te exige!

El arzobispo Zollitsch recalcó esa noche un aspecto en particular del gran abanico de características fascinantes de su personalidad: Karl Leisner es completa y totalmente contemporáneo, en medio de las voces de su época, atento a ellas; en este tiempo está posicionado claro, audaz y consistente y desde ahí actúa con coraje, coherencia y claridad. El tiempo de Karl Leisner es el de ascenso y toma de poder del nacionalsocialismo, su reino de terror, su brutal persecución y aniquilación de todo lo que se opone a su pretensión de poder. Él se pone en contra y por eso debe pagar un precio muy alto.

“Para un joven que ardía de esa manera por Cristo, la toma de poder de Hitler significaba un enorme desafío” dijo el arzobispo Zollitsch. “Ahora le tocaba a él. El joven de 19 años líder del grupo de jóvenes de la diócesis se sabe directamente elegido por Dios: “¡Vamos! que tú eres quien debe conducir a mis jóvenes (Diario 12/9/34). El no sintió miedo y respondió: “Te prometo… solemnemente: Señor, Dios todopoderoso ser un instrumento tuyo;… Todas mis fuerzas te pertenecen a partir de este momento. …El pueblo alemán debe ser nuevamente un pueblo cristiano, católico” (Diario 12/9/34). El sabe y se deja decir: “¡el tiempo te exige!” (Diario 17/2/39). “Es la santa voluntad de Dios… por eso, ¡vamos con santo coraje!” (Diario 1/5/34). Karl Leisner no eligió su tiempo, pero tampoco perdió tiempo con reclamos o quejas. Se paró frente a los desafíos que se le presentaban, y emprendió las tareas activamente. El no quería ser un nazi, mas tampoco quería quedarse sentado sin hacer nada. Él se supo guerrero llamado por Dios y por su causa.”

Vocación

Refiriendo citas de su diario, el arzobispo Zollitsch relata la apasionante lucha de Karl Leisner por su vocación de vida, y la lucha por la claridad en la decisión entre matrimonio o sacerdocio. «Fue una larga lucha entre Karl y Dios, una larga y difícil lucha por su sí definitivo a su llamado al sacerdocio. En retrospectiva, él está cada vez más consciente de la forma en que fue dirigido por la Mater y de la inmensa fuente de energía que para él significa el santuario de Schoenstatt.», menciona el arzobispo.

«Un día antes estaba como de costumbre dando clases en el seminario de Lantershofen (allí soy profesora de teología espiritual). El tema de este trimestre es: ejemplos de fe vivida. Precisamente esa semana hemos estudiado la vida de Karl Leisner” dijo Alicja Kostka. «Durante la misa, me quedé pensando en los estudiantes y seminaristas con quienes un día antes analizando su prolongado y doloroso camino al sacerdocio, tratamos de descifrar “lo santo” de Leisner – lo santo para nuestros tiempos -. Los estudiantes se preguntaron si no hubiese sido mejor para Leisner haber optado por una vida matrimonial, aunque quien sabe, opinaba otro estudiante, si aún así el brazo destructor de los nacis lo habría alcanzado. Ahora él vive en muchos sacerdotes del mundo, dijeron, y así lo sentí yo también durante la misa de ayer. La lucha por su vocación lleva un mensaje para los tiempos actuales: entregarse completamente al llamado de Dios – como dijo el arzobispo Zollitsch en la homilía – y encontrar en Jesús la verdadera pasión sacerdotal, aquella que sobrepasa y superar cualquier otra pasión«.

Después de un largo camino de espera, el sueño de Karl Leisner se hace realidad: él es ordenado sacerdote. “Karl Leisner vivió el fin del infierno de Dachau, es decir la liberación. Pero él ya vivía en otra libertad aún más grande y Dios aceptó su ofrenda como holocausto” agregó el arzobispo Zollitsch. “Incluso en la mayor necesidad y durante las dificultades más duras, nunca perdió de vista el siguiente paso: el día de pascua. Sin importar cuán humillante y doloroso haya sido el día, la certeza de su última victoria, la victoria de pascua lo sustentaba. Así que el grupo de sacerdotes de Schoenstatt al cual él pertenecía en Dachau, le diseñaron la imagen para su primera misa: Unas manos encadenadas que se abren hacia arriba, hacia la corona: Victor in vinculis – vencedor en cadenas. [2] Karl Leisner ha vencido. El grano de trigo que ha caído en tierra, da fruto.”


[1] René Lejeune, Cómo el oro se purifica en el fuego, Hauteville 1991, 258 f; Arnaud Join-Lambert, Completo e indiviso, Vallendar 2010, 174f; Hermann Gebert, Historia de una vocación, Vallendar ² 2010, 148f
[2] René Lejeune, Cómo el oro se purifica en el fuego, Hauteville 1991, 4

Homilia de Mons. Zollitsch con motivio de los 100 años del nacimiento de Karl Leisner (texto completo)

  Original: alemán. Traducción: Gilka Aranibar, Hannover, Alemania

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