Publicado el 13. noviembre 2014 In schoenstattianos

El compañero de fatigas de Joao Pozzobon: Hermann M. Arendes

mda. El Santuario Original era su segundo hogar. Allí iba a rezar dos veces al día todo el tiempo posible y llevaba consigo las peticiones que le habían sido confiadas. Un hombre que tenía los pies sobre la tierra, obrero, apóstol hasta la médula, propagador convencido de las dos formas básicas del apostolado de los laicos: la profesión como campo del apostolado. Como modelo señalaba a Mario Hiriart, del que había sido maestro de novicios. Apostolado al lado de la profesión. Hablaba de Joao Pozzobon, al que acompañó durante años espiritualmente y como amigo. A un grupo de mujeres jóvenes, que movidas por su celo apostólico, quisieron cambiar de profesión para hacerse enfermeras y ponentes parroquiales, él les dijo: «¡Déjenlo! Si todos buscan su campo de apostolado en su profesión, no queda nadie para todos los demás campos…” Ha fallecido el 11 de noviembre por la mañana temprano: Hermann Arendes, del Instituto de los Hermanos de María, compañero de fatigas de Joao Pozzobon, el iniciador de la Campaña del Rosario de la Virgen Peregrina.

Hermann (Germano) M. Arendes nació en el año 1925 y perteneció desde 1951 al Instituto de los Hermanos de María; era experto herrero y catequista y trabajó muchos años en Santa María, Brasil, en la creación del Instituto y en el trabajo con los hombres. Allí se convirtió en el más estrecho confidente y acompañante espiritual del iniciador de la “Campaña del Rosario de la Virgen Peregrina”, Joao Luiz Pozzobon.

En los grandes encuentros en los comienzos de la expansión mundial de la Campaña del Rosario de la Virgen Peregrina, 1987 y 1989 en Santa María, se convirtió, para los responsables de la Campaña, en el hombre que les podía acercar como nadie a la persona y la misión de don Joao. Conversaba con precisión extrema sobre Joao Pozzobon, sobre experiencias en los caminos con la Virgen Peregrina y respondía a las preguntas, cuando se trataba de aclarar la naturaleza auténtica de la Campaña y la actuación del Espíritu Santo en Joao Pozzobon.

Sabía del valor inmenso para seguir con la Virgen Peregrina de Schoenstatt, cuando las instituciones eclesiales prohibían todo tipo de actividades de Schoenstatt, debido al exilio del fundador. Era capaz de transmitir de forma clara y convincente cómo la Campaña no fue simplemente una estrategia pastoral para Pozzobon y menos una teoría, sino el cumplimiento de la misión de su vida, a la que se había consagrado para siempre, sabio, radical y consecuente. Y Hermann Arendes también sabía explicar cuánto dolor supuso para don Joao ser rechazado por schoenstattianos de los círculos dirigentes y ser calumniada su persona y su actuar como “no verdaderamente schoenstattiano”. Hasta edad muy avanzada siempre estuvo dispuesto a hablar de ello.

Cómo contaba de Joao Pozzobon

El señor Arendes lo cuenta así, y se percibe, no sólo el dolor de don Joao, sino el suyo propio:

“El tiempo más difícil para él fue desde 1969 a 1973. De pronto había causas en contra de Pozzobon. Una vez se dijo que él había tenido su misión para el tiempo del exilio y de la prohibición. Con el regreso y la libertad del Padre Kentenich esa misión estaría cumplida. Porque él pudo trabajar libremente durante todo el tiempo del exilio, ¡los demás, no! Ahora puede usted volver a su trabajo…

Otro motivo: con la Campaña de la Virgen Peregrina no estaba Pozzobon inspirado por Schoenstatt, sino por Fátima. (El señor Pozzobon reza tras cada misterio del rosario la jaculatoria de Fátima “Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados…”).

Entonces alguien dijo: “¡El señor Pozzobon no es un verdadero schoenstattiano!”.

Otro argumento era: “Pozzobon se realiza a sí mismo, para estar en el candelero. Así que Pozzobon es orgulloso.” Podemos imaginarnos que estos reproches, que él mismo escuchaba, tenían su efecto sobre la actitud de la Familia de Schoenstatt. El señor Pozzobon se dio cuenta de inmediato, de que algo no iba bien y se acercó a las personas adecuadas. Lo que a él le afectó era que estos reproches no vinieran de fuera – entonces hubiera podido defenderse – sino que venían de su querida Familia, de personas que hasta entonces lo habían promocionado y apoyado. ¡Y ahora esto! Después de su muerte se encontraron dos notas en su legado:

“Trabajo de la mañana a la noche para Schoenstatt y luego se me dice: ¡esto no es Schoenstatt!”. Y: “La Virgen Peregrina puede visitar a todas las familias de Brasil, pero a ninguna familia de Schoenstatt!” (…)

El último suceso fue en 1973. Don Joao quería empezar con la Campaña en la diócesis de Santa Cruz y fue rechazado por los responsables de Schoenstatt, porque no era adecuado. Lloraba cuando contaba esto y decía: “¡El propio Movimiento no le ha abierto las puertas a la Virgen!” (…). ¿Cómo llegó a hacer frente a todas estas cosas? Él mismo dice: “El verdadero y auténtico amor supera todas las dificultades”. Él callaba. Su única crítica fue: “¡No me entienden!” (…) Sufrió realmente este tiempo, era un hombre emotivo e interiormente movido por la injusticia que se le estaba haciendo. Y más de una vez, cuando hablábamos de estas cosas, no podía contener las lágrimas. Y sin embargo, no hizo concesiones para sí mismo ¡ni siquiera contraatacó! (…)

Y cómo lo manejó personalmente: para soportar todo, sin rencor, perdonar y reconciliarse. ¡Y así se resuelven las cosas! Y es importante, también para nosotros, no tirar la toalla ante estas cosas. Contar con que estas cosas pasan y uno puede ser calumniado.

En 1951 dijo el Padre Kentenich:”Está a la orden del día. Uno es calumniado y la gente se da la vuelta y ¡hacen como si no hubiera pasado nada!”.

(Transcripción de una charla del año 2003 para mujeres profesionales)

Gracias, señor Arendes. Simplemente, gracias. Y un maravilloso reencuentro con Joao Pozzobon.

Original: Alemán – Traducción: M Paz Leiva – Madrid, España

 


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El compañero de fatigas de Joao Pozzobon: Hermann M. Arendes

mda. El Santuario Original era su segundo hogar. Allí iba a rezar dos veces al día todo el tiempo posible y llevaba consigo las peticiones que le habían sido confiadas. Un hombre que tenía los pies sobre la tierra, obrero, apóstol hasta la médula, propagador convencido de las dos formas básicas del apostolado de los laicos: la profesión como campo del apostolado. Como modelo señalaba a Mario Hiriart, del que había sido maestro de novicios. Apostolado al lado de la profesión. Hablaba de Joao Pozzobon, al que acompañó durante años espiritualmente y como amigo. A un grupo de mujeres jóvenes, que movidas por su celo apostólico, quisieron cambiar de profesión para hacerse enfermeras y ponentes parroquiales, él les dijo: «¡Déjenlo! Si todos buscan su campo de apostolado en su profesión, no queda nadie para todos los demás campos…” Ha fallecido el 11 de noviembre por la mañana temprano: Hermann Arendes, del Instituto de los Hermanos de María, compañero de fatigas de Joao Pozzobon, el iniciador de la Campaña del Rosario de la Virgen Peregrina.

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