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Publicado el 2022-03-17 In Vida en alianza

La comunidad: cultivando los vínculos

ESPAÑA, Laura Toves •

Un día especialmente lluvioso, en primavera, aproveché para sacar las plantas de interior a la terraza. La lluvia resbaló por sus hojas, pronto cobraron un brillo especial y pude observar cómo, poco a poco, se agrandaban para recoger hasta la última gota de agua. Sin duda aquello les gustó. —

Uno de los aspectos distintivos de la Federación Apostólica de Familias es la comunidad. ¿Y cómo es esa comunidad? Nos referimos a los grupos de matrimonios a los que denominamos “curso”.

Un curso, ¿Qué es?

Un curso es una comunidad de vida, de ideales, de educación, de oración y de gracia. Los matrimonios encuentran en él el hogar, el reposo y la ayuda para aspirar al ideal común, con magnanimidad y libertad. Para un federado, la comunidad es vocación, es un regalo y una elección que Dios hace.

Visto así, la vida del curso puede resultar sencilla en algunos aspectos, solo con dejarnos llevar y cultivar la amistad entre todos miembros parece suficiente. Pero no lo es. Un curso se concibe para toda la vida, y por este mismo motivo, con el paso de los años las circunstancias personales y el entorno varían. No siempre estamos bien, ni nos encontramos a gusto. Los conflictos, inevitablemente, surgen. Precisamente en esos momentos, la certeza de que Dios lo quiere nos tiene que anclar en nuestra vocación comunitaria.

Por otro lado, descubrir y formular el ideal de curso determina nuestra aspiración. Para obtenerlo, tomamos en consideración las cualidades personales de todos sus miembros, así como también su historia de vida. El ideal de curso representa no solo los anhelos, sino también lo que Dios espera de todos ellos.

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Como las plantas agradecieron el agua de la lluvia

Así como las plantas agradecieron el agua de la lluvia y dieron lo mejor de sí mismas, el cultivo de los vínculos afectivos se irá tejiendo poco a poco con la cercanía y el contacto. También es imprescindible dejar un espacio lo suficientemente amplio para todos, en el que la confianza y el respeto estén presentes. Protegerse mutuamente, cuidarse, permitir que tu hermano de curso crezca, aunque tu empequeñezcas, es lo que podemos denominar amor fraterno. Debemos sumar y no restar.

Tan importante es la capacidad de cuidar al otro como también la de dejarnos enriquecer y corregir.

El amor fraterno trae consigo la corrección fraterna entendida como la manera de potenciar el crecimiento personal de los miembros de un curso. En algunas ocasiones esto duele, pero visto con retrospectiva y con el paso de los años, la experiencia de vida en comunidad es lo más enriquecedor que se puede experimentar. El sentimiento de pertenencia a “algo” a lo que hemos sido llamados lo puede todo.

Formamos una familia que hay que construir cada día con vínculos de amor que hacen posible que cada uno madure y sea fecundo. Nuestros anhelos nos harán llegar más lejos, siempre fundamentados en el amor y en el apoyo mutuo. De esta forma podremos sembrar esperanza en los demás. Sembrando vida, generaremos vida.

 

Fuente: https://federacionfamilias.schoenstatt.es – con permiso

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