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Publicado el 2020-10-16 In Vida en alianza

Alianza de amor en el santuario corazón

PARAGUAY, Nathy Manzur y Pablo Adorno •

La pandemia cambió muchas cosas en nuestro modo de vivir, pensar y sentir. Se modificaron nuestras costumbres, como los domingos en familia e ir a misa al santuario, ya que nuestras reuniones se volvieron virtuales. Ha sido un esfuerzo que hemos podido procesar juntos como un hogar de fe. —

Hoy, demostrar afecto implica alejarme físicamente de las personas que más amo, pero también nos invita a acercarnos emocional y espiritualmente en la misma medida, al ser parte activa del cuidado mutuo. Como decía el P. Kentenich: “Solidaridad de destinos”, me preocupo por el futuro de la familia y viceversa, me cuido y te cuido.

Una alianza en modo pandemia

Hoy, más que nunca, la palabra “alianza” cobra un significado muy real, tenemos el don de creer, de tener una fe, o por lo menos buscarla, poder descansar en el amor de Jesús y Maria, y justamente por ese amor responder con mayor firmeza a los desafíos de nuestro tiempo. Anhelábamos que esta alianza de esposos con Maria pudiera llegar a ser en el santuario, que pudiéramos llegar a nuestra Madre. Soñábamos con ese momento y hasta el último día creímos que así seria, pero Maria tenía algo mejor para nosotros, porque la Mater no se deja ganar en generosidad. El día de nuestra alianza de amor no estuvo presente el santuario físico, pero sí en el santuario-corazón. Fue un momento único, auténtico y se sintió tan real y verdadero, con nuestras manos enlazadas y nuestro corazón expuesto, tan imperfecto, para ser entregado.

Que ella se quiera establecer aquí

Tuvimos particularmente el privilegio de ser solo nosotros con ella, un momento íntimo. Como aquel momento en que nos dijimos “sí” en el altar frente a Dios, entendimos que nuestros pequeños o grandes sacrificios tiene un valor que va más allá de nuestra percepción.

Volvimos a mirarnos, sentirnos y escucharnos. No había cámaras, protocolos, apuros o tráfico, solo ella y nosotros. Preparamos un rincón, nos pusimos nuestros mejores atuendos y, lo más importante, preparamos el corazón para ese momento. Compartimos la alegría con nuestros hermanos en alianza, nuestra gran familia, y cumplimos un sueño, quizás muy loco y comparable con aquel golpe de audacia del 18 de octubre de 1914: que ella se quiera establecer aquí, en nuestra humilde morada para repartir sus gracias.

“Pruébenme con hechos que me aman realmente”. Gracias, María, por entregarnos tu corazón y gracias por cobijar el nuestro.

 

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1 Responses

  1. Gracias me encantó…dejar descansar el amor en Jesús….

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