Publicado el 21. octubre 2019 In Vida en alianza

Una carta de amor a la Mater, el 18 de octubre de 2019

PARAGUAY, Thais Ramírez •

De tantas cosas lindas que pasaron en 105 años de historia de Schoenstatt, creo que la mejor de todas es, sin duda, que fueron mucho más de 105 mil corazones que aprendieron y aprenden a amar cada día con los mejores maestros.

Es un cliché decir que mucho más que un movimiento, Schoenstatt es un estilo de vida, pero nunca un cliché guardó tanta verdad dentro de sí.

Es lindo saber que todo lo verdadero se perpetúa. Tal vez, tantos años atrás era una locura pensar que arriesgarse a educar el corazón para escuchar las voces de Dios era el camino correcto.

Te estableciste, Mater, y establecerse no es un verbo que podemos conjugar en el pasado, porque en realidad sabemos que es un presente continuo, que es una decisión libre y que TODOS somos responsables de que estés ahí, de que nos ayudes y de que nos eduques.

Schoenstatt me regaló…

Schoenstatt me regaló tanto que jamás podría simplificar. Me regaló papás increíbles que, desde muy chica, me enseñaron que la mejor forma de educar, era educar con amor; que siempre me mostraron el verdadero significado de “Nada sin ti, nada sin nosotros”; que me dejaron claro que Dios nunca actúa mientras nosotros estamos sentados esperando el milagro. Me regaló amigas tan únicas y particulares que, independientemente de la distancia, siempre están. Schoenstatt me regaló el refugio y la calidez de un hogar incluso en los lugares más fríos como Curitiba, pero sobretodo, Schoenstatt me sigue regalando el cuidado y el cariño de familia cada semana en mi querido centro de Pilar, Argentina.

Y es eso lo que más amo y lo que más aprecio de mi mayor regalo, que con los años, la Mater siempre me encontró un lugar en su familia, en su movimiento. Me presentó a personas increíbles que, más allá de la etapa de mi vida, mi dirección o mi disponibilidad, estuvieron ahí mucho más que simplemente estar, sino que me dieron el cariño y la compañía de quien realmente se sabe parte de una historia increíble, donde todos somos protagonistas, donde todos, de forma particular o grupal, tenemos el deber y la responsabilidad de construir el Schoenstatt que queremos vivir.

Gracias por todo, Madre

Lo único que queda es, sin duda, agradecer por Mainumby (grupo de la rama familiar de mis padres), por esas noches de eterno juego y risas (tal vez retos por no callarnos y hacer desastre), que me hicieron conocer personas increíbles y que fueron la piedra fundamental de mi historia personal. También agradezco a mis Facem (grupo de la Juventud Femenina en Ciudad del Este),  que nos ayudamos a crecer día a día desde los detalles más pequeños, nos acompañamos en los años más lindos, nos ayudamos a construir las bases de quienes somos e hicimos del Santuario del Terruño nuestro lugar favorito en la tierra.

Mi Mariengarten que me dio los abrazos más sinceros cuando parecía que todo se derrumbaba, que me abrieron el corazón y en poquísimos encuentros me hicieron sentir en casa.

Y obviamente, a mi juventud de Pilar que cada día me sorprende más, que cada día me enseña más sobre dejar de tener todo bajo control y aprender que darse a Schoenstatt siempre es un salto mortal y sobretodo, que cada detalle descansa sobre los planes de Dios.

¡Gracias por tanto, Madre!

Que sean muchos 105 años más de esta Alianza de Amor que sellaste con nosotros y que cuidas de forma tan especial…

Thais Ramírez nació en abril de 1999, “junto al santuario de Tucumán” y al primer artículo escrito sobre un evento fuera de Alemania y publicado en lo que hoy es Schoenstatt.org

 

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