Publicado el 22. septiembre 2019 In Vida en alianza

Madre y Reina de la misión, la unidad y la vida

ARGENTINA, Perla Piovera, via www.schoenstatt.org.ar •

El domingo 25 de agosto pasado, como todos los años desde hace treinta y siete, la Familia de Schoenstatt de Mendoza reunida junto a su Santuario: “Nazareth del Padre, tierra de unidad”, renovó la Coronación a María. En este año 2019 la proclamó “Madre y Reina de la misión, la unidad y la vida”.—

Este acontecimiento, que se repite anualmente, se fue transformando con el tiempo en la fiesta patronal del Santuario. Participan peregrinos de toda la Diócesis y de otras ciudades de Cuyo. También son traídas de las distintas parroquias las imágenes de María propias de sus advocaciones para coronarlas. Este año nos visitaron alrededor de 20 imágenes y se reunieron más de 1000 personas en el predio de la Mater. Todo refleja la piedad mariana de nuestra tierra mendocina. Llenan de alegría y colorido al predio de La Puntilla que se prepara y engalana totalmente para ese gran día de fiesta.

Familia de familias

Fue un día de fiesta familiar. Una familia de familias se encontró, se reunió y se unió bajo el manto de María. Las celebraciones comenzaron por la mañana con el izamiento de banderas junto al Santuario. A continuación, el Padre Pablo Gerardo Pérez, Director del Movimiento de Schoenstatt en Argentina, dio una conferencia sobre “El significado de la corona de la Mater como Reina y Madre de la misión, la unidad y la vida”.  Después hubo espacio y posibilidades para un almuerzo a la canasta y para intercambios entre hermanos y amigos.

Al promediar la tarde llegó el momento culminante: la Santa Misa de coronación. Fue presidida por Mons. Marcelo Mazzitelli, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Mendoza y concelebrada por los Padres Pablo Gerardo Pérez, Director del Movimiento de Schoenstatt en Argentina, el Padre Leonardo Di Carlo, Director del Movimiento de Schoenstatt en Mendoza y los Padres Alberto Sardá y Hugo Asid de nuestra arquidiócesis mendocina.

La belleza y serenidad de día, el clima de oración y silencio con que se participó en la Santa Misa crearon entre los asistentes un ámbito espiritual profundo y gozoso a la vez.

Monseñor Mazzitelli destacó en su bella homilía, que despertó la atención de los presentes, la importancia del compromiso misioneros por la vida y la unidad en los tiempos particulares que vivimos. Tiempos que necesitan fuertemente de Dios y de discípulos misioneros que lo testimonien.

Proclamando su obra en nosotros, en su Iglesia, en su pueblo, en su comunidad

Al finalizar la Santa Misa en procesión y entre cantos y oraciones subimos hasta el  Santuario en el cerro para regalarle la corona a la Mater. Antes de coronarla Mons. Mazzitelli  rezó lo siguiente:

“Ahora, con este gesto de amor, porque es un gesto de amor la coronación de María, los llevo en el corazón a cada uno, los llevo en el corazón también a cada uno de los que no están, los que todavía están llamados a descubrir el amor  que les Dios tiene. Que esta coronación, junto con las canciones, con la música, sea un coro hoy. Que nos unamos como  voces y corazones al canto de María proclamando la grandeza del Señor, proclamando su obra en nosotros, en su Iglesia, en su pueblo, en su comunidad. Que la alegría que vivimos sea alegría en el corazón de todos, aún en el de los que nos hacen sufrir, aun en los que nos cachetean. Por eso,  nadie nos puede robar la alegría, nadie nos puede robar la esperanza, porque creemos en el amor que Dios nos tiene. Y ustedes, cuando deposite esta corona, sientan sus manos y sus corazones en mi corazón y en mis manos y sientan la caricia de María en la vida de cada uno de ustedes. Vayamos con alegría, misionemos, compartamos el misterio que Jesús nos reveló: que tenemos un Padre que nos ama que nos hizo sus hijos muy queridos, sus hijos de predilección.”

Al terminar estas palabras, entró al Santuario y entregó la corona a la Mater. Todos acompañamos ese momento rezando en voz alta la pequeña Consagración a María. Al concluirla, con Nuestra Señora coronada, todos estallamos en júbilo y gozo. Después, poco a poco, entre saludos y alegrías, fuimos entrando a la pequeña Capillita para agradecerle y decirle a Ella, nuestra Madre y Reina siempre fiel, una vez más lo mucho que la queremos.

Como cierre familiar, todos los presentes pudimos gustar en familia de una rica merienda con tortas y bizcochos que se había preparado para culminar en un encuentro fraterno ese día cargado de gracias y alegrías.

Fuente: www.schoenstatt.org.ar

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