Publicado el 10. junio 2019 In Vida en alianza

El ramo de flores para la Mater en el Santuario de Nueva Helvecia

URUGUAY, Maria Fischer •

Como cada año, con unas amigas argentinas, misioneras de la Campaña del Rosario de la Virgen Peregrina, peregrinamos desde Buenos Aires al primer santuario filial, en Nueva Helvecia, Uruguay. Este año, el día elegido era una fecha y un momento muy particular de una persona querida, y ofrecí llevar un ramo de flores en su nombre al santuario. Grande era la alegría por la coincidencia, pero recién en ese momento me di cuenta de que ya era tarde para comprar flores en Buenos Aires… —

Salimos temprano, un sábado, sin poder comprar las flores. No confiábamos en encontrar una florería en Nueva Helvecia y menos aún, abierta un sábado por la tarde. Intenté buscar florerías en Colonia del Sacramento, vía Google maps, y terminamos frente a la única que parecía existir en realidad, la del cementerio…

Mientras mis amigas se quedaron en el auto, “redactando” ya entre risas, la historia de esta búsqueda de flores un sábado por la mañana en la florería del cementerio, entré, pensando (recién en este momento) que también necesitaría un florero. En el mismo momento me di cuenta que solo tenía poca plata uruguaya y que la florería no estaba en condiciones de aceptar tarjetas de crédito… ¡Qué vergüenza!

¿Es una promesa?

“Quiero un ramo de flores para este monto de dinero, dije, y si es posible, también un florero simple”.

“¿Es un regalo para alguien?”, me preguntó la dueña de la florería. “Si, es un regalo para alguien”, contesté, pero…

– “¿Quiere una tarjeta, de cumpleaños, o…?” – “No, no es para entregar directamente…”.

La dueña me miró. “¿Es una promesa?” – “Si, una promesa, para la Virgen, para alguien…”

– “Entonces le regalo las flores”, dijo ella. “Recuerdo, cuando era niña, siempre iba a una capilla pequeña, en mi pueblo natal, una capilla hermosa, con una imagen de la Virgen con el Niño en brazos. Una vez estábamos con una situación muy difícil en la familia, y mi mamá me envió con un ramo de flores a la Virgen de mi capilla, para hacerle una promesa…. ¡Ella nos ayudó! Ah, como amo a esta Virgen…”.

La Virgen de la pequeña capilla

“¿Dónde fue?”, pregunté, ya intuyendo el lugar. “En Nueva Helvecia” respondió.

“Estas flores las llevaré a esa capilla, a ese santuario de Nueva Helvecia”, le dije, mientras ella comenzó a llorar de emoción, y me pidió: “Dele mi saludo a mi Virgen de mi pequeña capilla, señora, por favor…”.

“¿Nueva Helvecia? ¿El santuario de Schoenstatt?”, intervino el hombre que estaba en la florería, esperando su turno. “Conozco Nueva Helvecia, siempre fuimos a buscar queso y leche allá; aun hoy vamos, y conozco esta capilla, siempre voy a rezar”.

Me quedé con mi ramo de flores y estas dos personas, hablando del santuario de Nueva Helvecia, prometiéndoles rezar por ellos y sus familias. Mientras volvía al auto, pude ver a estas dos personas que seguían hablando, seguramente sobre esta vivencia compartida del santuario de Nueva Helvecia, al cual nos dirigimos, como todos los años, pero esta vez con un ramo de flores, símbolo de la alianza de amor.

Nueva Helvecia ramo de flores

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2 Responses

  1. Dios, la Virgen y nuestro PJK, los ilumine cada dia mas para utilizar esta espiritualidad en hacer unas mejores familias que existan en el mundo pero fuera del mundo, siguiendo el ejemplo de la familia Sagrada de Jerusalen, para glora de nuestro Padre Celestial y como capital de gracia para nuestra salvacion.

  2. Qué tiernas emociones producen estas pocas líneas de la nota que tanto llega al corazón!

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