Publicado el 26. mayo 2019 In Vida en alianza

Reina de la Misión y de la Paz

MEXICO, Roy Garza •

Hace diecisiete años se abrían por primera vez las puertas del santuario en Monterrey. Contra todo pronóstico y con grandes dificultades de todo tipo, se pudo obtener ese gran anhelo de la Familia de tener una casa para nuestra querida Madre. Y fue ahí, en lo alto de un cerro de la denominada “ciudad de las montañas” a donde acudieron muchas personas del Movimiento y visitantes de otras partes del mundo, para ser testigos de la bendición de nuestro santuario “María camino al cielo”.

En el marco del jubileo del 2014 coronamos a nuestra Madre como Reina de la Misión y de la Paz. Así entregamos nuestra misión como movimiento pidiendo que fuera Ella quien guiara cada momento de nuestro andar, para que bajo su manto nos protegiera y ofreciendo cada una de nuestras actividades para su victoria.

Hoy, a un lustro de aquella ocasión, la Familia contribuyó con gran capital de gracias para volver a proclamarla nuestra Reina y reiterar nuestro compromiso. Desde las juventudes con su participación en misiones, la Rama de Familias, las misioneras de la Campaña de la Virgen Peregrina y así cada uno de los distintos grupos y ramas de la, cada vez más grande, familia schoenstattiana en Monterrey participaron con gran entusiasmo.

La misa fue presidida por el padre Stefano Daneri y concelebrada por los padres Guillermo Múzquiz, Andrés Espinoza así como por el Director Diocesano de la Pastoral Familiar de nuestra Arquidiócesis, el padre Óscar Lomelín, que fue testigo del acto de coronación.

Durante la homilía el P. Stéfano nos recordó las palabras que el arzobispo nos dirigió en la bendición del santuario hace 17 años, cuando nos dijo que subir a este bello lugar constituía un gran esfuerzo y que era sin duda, un acto de amor para nuestra Madre del Cielo. Así pues, estamos llamados no sólo a encontrarnos en lo alto del cerro con nuestra Reina, sino a ser esas personas que una vez transformado su corazón, vaya de regreso a la ciudad y sea testigo del gran amor y cuidado que la Santísima Virgen nos ha otorgado.

Además de ser un movimiento donde haya una bonita convivencia, seamos uno donde nos pongamos en acción para poder contribuir a mejorar nuestra comunidad.

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