Publicado el 21. octubre 2018 In Vida en alianza

El 18 de octubre en Tuparenda: Schoenstattianos sirviendo a los peregrinos

PARAGUAY, P. Antonio Cosp Fontclara, Rector del santuario •

Hace 37 años se bendecía en Tupãrenda el primer santuario de Schoenstatt en Paraguay. Nuestro movimiento, aún pequeño, recibía entonces a hermanos de Chile y Argentina y de más lejos. Desde entonces, la celebración anual del 18 de octubre ha ido creciendo y son casi 40.000 personas las que llegan de todo Paraguay. Octubre es un mes lluvioso y siempre con peligro de tormentas, esta vez solo cayeron algunas gotas. 

Lo que más asombra es la devoción y el entusiasmo con que los peregrinos llegan luego de 7 u 8 horas de viaje en colectivo o en auto. La Campaña de la Virgen Peregrina tiene el salón más grande. Ahí renuevan su compromiso anual de llevar a la Imagen Peregrina a muchos hogares. También sorprende que entre 7 y 10 sacerdotes confiesen sin dar abasto. Es un día de gloria, de alegría y de mucha devoción.

Las confesiones no paran

Se celebran cuatro Eucaristías. El altar está puesto bajo el techo de la Iglesia Santa María de la Trinidad y frente a la misma, en la gran plaza, muchísimos participan sentados y otros de pie. Por momentos, llega a haber unas 5.000 personas y a veces más.

En el quincho cercano al santuario, las confesiones no paran. En los salones a la entrada del recinto y en las carpas a lo largo del camino que lleva al santuario, se ubican los diversos stands.

Piden el día libre en el trabajo para servir a los peregrinos

Me admira ver a los cientos de voluntarios, que se distinguen por sus chaquetas de servidores, siempre dispuestos para atender a los enfermos y ancianos. Muchos son atendidos en una de las carpas por médicos y enfermeros, que han pedido un día libre en su trabajo para ofrecerle a la Virgen su servicio. Me impresiona que también exista servicio de almuerzo gratuito para un buen grupo de servidores que se acercan.

Me asombra, especialmente la fila de los que van entrando en el pequeño santuario, la devoción que se siente en sus miradas, en el musitar de sus oraciones. Creo que algo de esto soñaba el P. Kentenich: schoenstattianos de años, comprometidos con ELLA, sirviendo a los peregrinos. Maravilloso es también el reencuentro de viejos conocidos que ahora vuelven a estar juntos dialogando en torno al Santuario.

En esta oportunidad, hubo muchas ofrendas de los peregrinos para que, al fin, el año próximo culmine la construcción de la iglesia Santa María de la Trinidad.

 

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