Publicado el 1. julio 2018 In schoenstattianos, Vida en alianza

Ordenación sacerdotal en Tuparenda

PARAGUAY, Julio Giménez •

El domingo 24 de junio de 2018 se celebró la ordenación sacerdotal de Pablito Martínez en la iglesia de Santa María de la Trinidad en Tuparendá, cuando aún estábamos bajo los efectos y las emociones de la beatificación de Chiquitunga – la primera beata paraguaya- que tuvo lugar el día anterior. —

Un estadio con lleno total

Así como estos días estamos viendo multitudes en el campeonato mundial de futbol en Rusia, también una multitud estuvo el sábado en un estadio, en la beatificación de la santa mujer paraguaya. Pudimos observar cómo el fervor de ese gentío, dentro y fuera del estadio se estremecía, con una profunda ola de espiritualidad al son de la música y con la ceremonia, que alcanzó su punto álgido al descorrerse el velo que cubría su imagen. También fue un momento especialmente emocionante la oración del Padre Nuestro, rezada al unísono por unas 50.000 gargantas, dentro y fuera de las instalaciones,  que temblaban de emoción y hacían crujir tanto las gradas como nuestros corazones. Incluso en la eucaristía se vio llorar a muchas personas. Sin embargo, lo más emocionante para mí, fue ver en llantos a un sacerdote; ha upea che mo pirimbá (y eso me produjo todo escalofríos).

Más emociones

También nos emocionamos en la colmada Iglesia de la Santa María de la Trinidad, donde tuvo lugar la ordenación sacerdotal de Pablito Martínez. Allá concurrimos toda la familia del Movimiento de Schoenstatt, tanto del Paraguay como de otras latitudes, en especial la de la querida Tucumán, una especie de segunda patria de nuestro querido Pablito; todo dentro de un marco solemne presidido por su ex maestro – creo que todavía continuará siéndolo – Monseñor Francisco Pistilli, en aquel tiempo Pa´i Francisco.

Las músicas interpretadas por el Coro Alegría, acompañado en forma magistral por la orquesta de Fernando de la Mora y la voz aterciopelada y vivificante de su primera voz femenina, todos bajo la dirección de nuestro maestro Joaquín Santiviago y de nuestro querido Pa´i Santi, con su punto culminante cuando cantaron la letanía en latín, que nos hizo sentir como si las lenguas de fuego del Espíritu Santo nos invadieran y penetraran en nuestras mentes y corazones, pero de una manera suave, armoniosa, como la melodía que escuchábamos y que neutralizaba el frío viento que imperaba en esos momentos.

Campanada

Un hecho notable fue que las campanas de la iglesia anunciando las 12:00 horas,  empezaron a sonar justo en el momento en que se realizaba la entrega de  los  símbolos y atuendos que le corresponden como nuevo sacerdote, como anunciando la apertura de las puertas del cielo para ese momento tan profundo de espiritualidad y religiosidad.

Parafraseando a monseñor Pistilli, tu maestro de novicio, podemos decir querido Pablito que podría no haber sido obvia tu consagración a nuestro Dios como sacerdote, como también no podría haber sido obvia la consagración a Dios del gigante de la cristiandad, tu tocayo el apóstol San Pablo, respetando por supuesto las distancias conceptuales; pero observando tu entorno familiar, con tu mamá, cuyas virtudes no necesitamos exponerlas porque ofenderíamos su humildad y sencillez, como la de tu hermana, ya una Hermana de María, como la de tus hermanos, agregado todo ello al recuerdo cariñoso de tu papá, nos hicieron  comprender que era obvia tu inclinación a brindarte por entero a Dios y a nuestra querida MTA, en forma tan radical como es el sacerdocio.

Un golazo de Pablito

Querido Pablito, en esta genial jugada que hiciste en el campo de juego de la espiritualidad cristiana, hiciste un gol de antología, que no tiene parangón ni con los de Cristiano Ronaldo, ni los de Messi, ni de Neymar, porque el tuyo fue de arco a arco, conmoviendo a esa multitud reunida en nuestro querido Tuparendá, por lo que no fue necesario que los árbitros ni siquiera recurrieran al “VAR” para reproducir y analizar tu jugada, y nos animamos a decir que estás inscrito como goleador en los registros espirituales católicos y, en especial, de nuestro querido Schoenstatt.

Muchas otras cosas podríamos decirte querido Pa´i Pablito – permíteme esta irreverencia – pero ko´ape aikytita che ñe´e, ha ajururé Ñandejara ha Tupasyme to ñangareko nderehé, tanderesape ikatuhaguaicha erahá ñande rapicha kuerape ñande Jara rapere.

(Pero acá voy a cortar mis palabras y voy a pedir a Dios y a su Madre, que cuiden de vos, que te iluminen para que puedas llevar a nuestros hermanos por el camino de nuestro Dios.).

Fotos: Javier Vera, Asunción, Paraguay

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