Publicado el 11. mayo 2018 In Vida en alianza

“Recuerdo esa vez cuando…”

ITALIA, Gloria de Curtis •

Roma, 7 de abril de 2018 – Es una cálida mañana de primavera que le da la bienvenida a la Juventud Femenina de Roma en el soleado Santuario de Cor Ecclesiae para el primer día de formación. El lema del encuentro es “Mi corazón en tu corazón”, una expresión que nos da a entender cuál es la finalidad del retiro: Ponerse completamente a sí mismo a disposición de la Stma. Virgen, para que cada uno de nuestros latidos resuene en su alma vivificadora.

Precisamente, las sensaciones corporales fueron un punto de partida para la reflexión durante el primer momento de la oración. De hecho, se nos insta a superar la pereza y la falta de atención diarias – que hacen que la oración personal sea un ritual sin sentido –  hacia un nuevo paradigma espiritual, que consiste en una meditación que involucre cada fibra de nuestro ser, desde escuchar la respiración y los latidos del corazón, a la postura más relajada, pasando por la “oración del nombre de Jesús” para alcanzar una conexión más íntima con el Cielo.

La misión de la paternidad espiritual

Sobre el mismo tema de la enseñanza de la oración, la intervención del P. Marcelo se centró en cómo, en el mundo católico, el mayor defecto es no saber cómo orar. Evidentemente, los cristianos de hoy han olvidado las lecciones de Santa Teresa de Ávila en este sentido, que los invitó a practicar la oración; una oración que debe representar un diálogo profundo, capaz de ir más allá de las peticiones que pueden dirigirse al Padre y que permite un encuentro íntimo con lo Divino. Para facilitar esta conexión, nos han sugerido la figura del P. Kentenich que, en una época en la que tristemente se registra el eclipse de la paternidad, se ofrece como ese tú humano que permite una relación verdaderamente filial con Dios, gracias al recibimiento humano garantizado por él a quienes le han sido confiados. De hecho, a través del ícono del Padre Fundador se puede abrir una ventana al cielo. Luego, reconociendo en él, que ha sufrido la ausencia paterna, la misión de paternidad espiritual para todos los hijos del Movimiento, es posible sentir más tangiblemente el amor supremo del Dios Todopoderoso por la humanidad. Para ello, sin embargo, debemos emanciparnos de la idea de que este enlace puede surgir de forma automática, ya que la filialidad – así como la maternidad y la paternidad – se forma con el tiempo y se fortalece cuando se viven dificultades que nos advierten de la exigencia de abandonarnos al “abrazo divino, fuente de fortaleza y consuelo”.

Un pequeño viaje en el tiempo

Para investigar mejor el lema del día, otro sacerdote de Schoenstatt, el P. Valentín Goldie, nos guio en la lectura de Lucas, el evangelista, que para transmitir la Palabra reunió los testimonios directos de aquellos que habían vivido con Jesús, empezando con María, y nos ha invitado a compartir algún episodio en el que hemos formulado, en relación con algún evento significativo de nuestro pasado, la frase “Recuerdo ese momento cuando…”. Por lo tanto, hemos hecho un pequeño viaje en el tiempo, en medio de recuerdos de la infancia, a través de amistades decepcionantes o pequeñas discusiones familiares. Un camino, sin embargo, que no era un fin en sí mismo, sino que tenía como objetivo investigar cuál había sido la intención con la que habíamos dicho a los demás “Recuerdo ese momento cuando…”. Fue así que nos indujeron a preguntarnos cuál era la intención de la “Mujer de Mujeres” al contar algunos episodios de su vida con Jesús, y el apoyo privilegiado para responder a esta pregunta fue el Santo Evangelio. ¿De qué sirve rememorar el pasado en el presente si no quieres resignificar esos mismos episodios, que generan un futuro? Y entonces, ¿por qué la Mater ha compartido con el Evangelista Lucas el recuerdo de la escena del nacimiento de Jesús, así como también el haberlo perdido por tres días y encontrarlo predicando en el templo? María nos ha abierto su corazón porque, al encontrar la memoria del tiempo pasado con Jesús, podemos resignificar esos eventos y crecer en nuestra fe.

Un nuevo futuro de fe y colaboración

En la segunda parte de la jornada, la Juventud Femenina participó en la reelaboración de la mañana de estudio y oración, sobre todo para identificar el ideal de grupo, que podría ser el objetivo por seguir y por el cual conseguir comprometernos. Dentro de esta fase de reelaboración, la atención se centró en la búsqueda del lema y el emblema que podría distinguir a la Juventud Femenina Romana para el futuro. El resultado más brillante se logró después de la oración dirigida a la Mater en el santuario.

Así llegó a su fin ese día intenso que, enriquecido con la gracia de la Madre, constituye un momento decisivo para nuestro grupo. A partir de hoy, una nueva imagen de oración permanece en los corazones de todos nosotros, que sea un íntimo diálogo con el Padre. Entonces, madura en nosotros la convicción de que el P. Kentenich no surge solo como fundador, sino como padre de los hijos predilectos del Movimiento.  Queda finalmente sobre nuestra piel la calidez de la primavera y la tibieza del sol que nos ha calentado durante el picnic que ha servido como un parteaguas entre los dos momentos del día. De ahora en adelante tenemos una oportunidad más para recordar este día de estudio y oración y decirnos: “Recuerdo ese momento cuando…”, construyendo así un nuevo futuro de fe y colaboración.

Gioventù Femminile - Santuario

Original: Italiano, 10/5/2018. Traducción: Ana María Ghiggi, Santa Fe, Argentina/es

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