Nuestro camino hacia el Santuario

Publicado el 21. mayo 2018 In Vida en alianza

Nuestro camino hacia el Santuario

PARAGUAY, Olga y Héctor Morán •

Somos Olga y Héctor, nos conocimos en la Universidad, donde fuimos compañeros; después de 9 años de novios, nos casamos hace ya casi 18 años. Frutos de nuestro matrimonio y regalo de Dios, nacieron Anahí (16) y Gaspar (14). —

Ambos venimos de familias católicas, pero no éramos muy practicantes. Íbamos a misa el Domingo de Ramos, y a Caacupé peregrinamos cada 7 de diciembre (con sol o lluvia, siempre). Algunas veces asistíamos a misa los domingos, esas eran nuestras prácticas. También algunas veces al año, no más de dos, visitábamos el Santuario de Tupãrenda, donde sin duda, olíamos y respirábamos una paz que, sin saberlo, ahora nos damos cuenta que era el eco sutil de un llamado.

Cuando llegó el momento de elegir un colegio para Anahí, buscamos uno católico que nos ayudara en su formación, delegando así inconscientemente su educación religiosa. En el año Anahí se preparaba para su primera comunión, como parte de su preparación y porque ella así lo sintió, nos pidió ir a misa los domingos.

Buscando una iglesia con una comunidad pequeña

En nuestro barrio, la iglesia más cercana es la Catedral de San Lorenzo y por alguna razón no nos sentíamos cómodos, quizás por lo grande de la comunidad que asistía a la misa y celebraciones. Buscábamos una iglesia con una comunidad más pequeña, pero siempre sentíamos que algo nos faltaba. Empezamos a rezar en familia, lo hacíamos en el auto o al salir de casa rumbo al colegio, pero no era suficiente, teníamos que encontrar un lugar en el que nos sintiéramos cobijados. Nos gustaba mucho ir a Tupãrenda, pero nos quedaba lejos para ir seguido, por lo que empezamos a rezar en familia para encontrar un lugar al cual ir y encontrar ese llamado que nos hiciera sentir que fuimos, somos y seremos elegidos por Él.

Una sobrina nos contó que conoció el Santuario Joven en Asunción, por lo que decidimos ir un viernes de enero. La primera misa a la que asistimos la celebró el Padre José Pontes, y realmente parecía hecha para nosotros. Por primera vez quizás, y en familia, escuchamos el llamado de nuestra Madre y a Ella no se la puede ignorar, ¡es imposible!

Fuimos a Misa todos los viernes

Decidimos que nuestro día de ir a misa en familia sería los viernes. Así, sin saberlo, empezamos nuestro camino hacia la Alianza de Amor, un verano del 2013, el primer viernes del año.

Cuando llegó la cuaresma, como íbamos los viernes al santuario, participamos del Vía Crucis, y con mucha emoción vivimos en familia una Cuaresma diferente. Al llegar la Semana Santa, decidimos ir a misa toda esa semana, realmente nos sentimos cobijados en el Santuario, nos sentimos en casa, y un poco, cerca de la cruz, con Él, con su Hijo.

Finalmente, la Alianza de Amor

De a poco fuimos conociendo a los sacerdotes, a las personas que ayudan en el santuario en las misas (sacristanes, coordinadores, ministros de la comunión). Allí todos nos hacían sentir, como si siempre hubiésemos sido del movimiento. Varias personas, antes de cumplirse un año de asistir a misa todos los viernes, nos invitaron a unirnos al movimiento, y finalmente hace tres años el Padre Martín Gómez nos invitó (con suave violencia) nuevamente. Iniciamos en la Rama Familiar y el año pasado hicimos nuestra Alianza de Amor con la Mater, con el grupo Sempiterno.

Así, conocimos hermanos maravillosos, y unos papás (líderes de grupo) del corazón (Nila y Tito) que nos guiaron desde el primer paso. Con ellos hemos pasado momentos y experiencias de alegrías y penas, pero siempre intentando servir y ser un poco mejor cada día, a semejanza de nuestro Padre Fundador José Kentenich, a nuestra Madre y a su Hijo.

Nuestra historia de Alianza es un camino sencillo, recorrido y vivido día a día y buscando en los pequeños detalles, lo que ella como Aliada nos regala. Muchas anécdotas y momentos han pasado, y solos, hubiese sido un camino muy difícil de recorrer, porque en los momentos difíciles, Ella nos cobija, Él nos sostiene. Y en los momentos de felicidad, Ella nos sonríe, Él nos apacienta.

Para nuestra familia, Schoenstatt es el camino a Jesús, un camino que estamos recorriendo todos los días, un camino iluminado por nuestros dos Aliados que, desde aquel primer viernes de enero, sentimos cada vez con más intensidad en nuestros corazones, nuestra Madre y Reina tres veces admirable Virgen de Schoenstatt y nuestro padre fundador, José Kentenich.

Fuente: Revista Tupãrenda, Paraguay

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