Publicado el 23. julio 2017 In Vida en alianza

A veces los milagros toman tiempo

PARAGUAY, redacción de la Revista Tupãrenda

Con ocho meses de embarazo, Alicia y Nelson, recuerdan hoy sus momentos de desilusión y desánimo como algo muy lejano. Como toda pareja de recién casados, vivieron sus primeros días y meses en medio de la emoción y los detalles propios de la “luna de miel”. Al poco tiempo de haber unido sus vidas empezaron a albergar el deseo de ser padres, deseo que se acrecentaba cada vez más.

Transcurrieron los primeros tres años de matrimonio y el entusiasmo seguía intacto. En los últimos tiempos, las búsquedas para concebir se dieron con mucha fuerza, y a pesar que clínicamente no existían impedimentos, ya habían pasado casi 8 años de matrimonio y varios de búsqueda incesante.

Sufrieron muchas decepciones seguidas, pero por algún motivo, nunca desistieron. “Tuve un falso positivo o una pérdida precoz. En esa oportunidad el bajón de ánimos fue más pronunciado. Solo Nelson y yo sabíamos lo que estábamos pasando. Después de cada decepción hablábamos de seguir intentándolo o no, y con una mirada cómplice nos decíamos, ¡una vez más!, sabiendo que Dios tendría la última palabra”, recuerda Alicia.

Tras cada momento doloroso visitaban juntos el Santuario Joven. Esa visita los hacía sentir sostenidos y fortalecidos, por lo cual, según refieren, su vida en pareja nunca se vio afectada por esos episodios de angustia.

En esas idas y vueltas, consultas, exámenes médicos y análisis laboratoriales, contemplaron la posibilidad de adoptar. “Ambos sabíamos que ser padres se puede manifestar de diferentes formas, sin necesidad de ser padres biológico. No descartamos en ningún momento la posibilidad de adoptar, al contrario veíamos que hay tantos niños necesitados a quienes podríamos dar cariño, protección y todo lo que deben tener como derecho existencial. Pero por lo burocrático de esos trámites, siempre lo postergábamos para cuando las posibilidades de ser padres biológicos fueran realmente nulas”, comentan.

Ayuda celestial

Hace un año, específicamente en abril del 2016 el matrimonio resolvió ir a Tupãrenda, donde pidieron que la Virgen de la Dulce Espera que los acompañe durante unos días en su casa. La tuvieron hasta el 15 de mayo y durante ese periodo, decidieron entregarle todos sus anhelos, preocupaciones, salud y estados de ánimo, pidiendo siempre que se cumpla la voluntad de Dios en sus vidas.

Al cabo de cinco meses recibieron la noticia tan esperada, ¡Alicia había quedado embarazada!, se vieron invadidos por una inmensa felicidad y gratitud. Automáticamente todos los momentos tristes se borraron, al confirmar que siempre habían sido oídos por mamá María.

El milagro de la vida fue posible y viven el embarazo sin complicaciones, Alicia y su bebé gozan de bienestar y salud. Nelson por su parte es un marido y padre comprometido y ejemplar.

Lo que anhelaron con el corazón fue concedido a esta familia, que diariamente renuevan el compromiso de mantener la fe y jamás separarse de la María, que con su mirada de madre misericordiosa se vuelve luz entre las sombras y bálsamo para todos nuestros pesares y dolores.

 

Fuente: Revista Tupãrenda, junio de 2017

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