Publicado el 3. junio 2017 In Vida en alianza

Capital de gracias en la calle San Diego

CHILE, Hna. Eugenia María Muñoz •

Era una de esas mañanas de día sábado en las que no puedes detenerte, vas directo a un negocio y el tiempo ‘vale oro’. Así salí de una imprenta de la calle San Diego, rápidamente con mis paquetes a tomar el Metro, sin mirar a izquierda o derecha para que nadie me detuviera. Avancé rauda por las veredas, pero de pronto me percaté de alguien en el suelo, sí, una mujer pidiendo limosna… no me detuve, seguí hasta que ‘algo o alguien’ dijo dentro de mí, que miserable eres, pasaste de largo…Me detuve, retrocedí a mirarla, estaba ahí postrada una mujer de mediana edad, muy delgada y demacrada, que levantó sus ojos hacia mí, con una presencia en la mirada, que me traspasó. La saludé y me preguntó textualmente, ¿usted es de las Hermanas de Schoenstatt? Muy sorprendida le dije que sí, y continuó… ¿todavía tienen esos papelitos que le colocan a la Virgen en el Santuario? Asentí, y me dijo a media voz, por favor ponga uno por mí. No pude menos que inclinarme junto a ella, abrazarla y darle lo que me pareció una miserable limosna.

Me vine al Santuario directo a buscar el papelito, donde escribí su nombre, lo puse y el cántaro como que se ‘repletó’… y sentí la mirada de la Virgen anhelante esperándolo.

Me sigue quemando hasta hoy ese vínculo amoroso vivo, en la calle San Diego. ¡Ahí estaba la Alianza de Amor!

Y me pregunto a menudo ¿Cuántos papelitos faltan todavía por llegar a los cántaros en los Santuarios?

 

Fuente: Revista Vínculo, Chile

 

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