Publicado el 25. septiembre 2016 In Vida en alianza

Ordenación en Lisboa. La oración es el poder más grande en el Cielo.

PORTUGAL, Lena Castro Valente •

Recién volviendo de vacaciones, en Helder recibimos la invitación de la Comunidad de los Padres de Schoenstatt de Portugal, para asistir a la Ordenación Sacerdotal del Diácono Gonçalo Cravo, el 24 de septiembre en el Monasterio de Santa María de Belém. Este lugar, conocido como Jerónimos, es un homenaje de D. Manuel I –rey de Portugal, los Algarves y de Ultramar en África- a los descubrimiento portugueses, pues está cerca del sitio desde donde zarparon las carabelas portuguesas para difundir la fe y dar nuevos mundos al mundo.

Una mirada al pasado

Esta ordenación de un nuevo sacerdote portugués para el Instituto de los Padres de Schoenstatt, me lleva a mirar atrás hacia los tiempos en que entré a Schoenstatt en 1978. Entonces, aún teníamos un asesor chileno, el Padre Jaime Salazar, de feliz memoria, que en 1980 es trasladado y la Familia quedó sin Asesor. Siguieron tiempos difíciles sin un rostro visible de nuestro Fundador para ayudarnos a caminar en Alianza con la Mater y los otros.

De vez en cuando pasaba un Padre por Lisboa, daba un retiro, confesaba, ayudaba en lo que podía… y se iba. Hasta que se encontró un solución provisoria. El Padre José Manuel López Herrero, que estaba en Madrid, venía a Lisboa diez días cada dos meses, para hacer la tarea que un asesor hace día a día. Era tal la exigencia, que muchas veces volvió a Madrid enfermo; así era su cansancio. Fue muy bueno tenerlo como Padre durante esos años, porque es un extraordinario sacerdote a quien, justamente ofrezco un homenaje en estas líneas…

No era una solución, y en 1986 llega un nuevo asesor, el Padre Iván Simisic. Al principio, el Padre Iván viene por unos pocos días, de vez en cuando. Durante varios años, el Padre José Manuel continúa dando apoyo a la Familia aunque de forma más esporádica. En 1990, envían otro asesor, también chileno, el Padre Gonzalo Castro que trabajaba con la Rama de Madres. Dos años después, también se va. Nunca más nos faltaron sacerdotes en Portugal, pero esa repentina partida nos hizo anhelar una continuidad de sacerdotes que no nos “quitaran” continuamente.

El Círculo de Sión

Queríamos también sacerdotes portugueses, porque los que ya teníamos trabajaban en Brasil: el Padre António Lobo y el Padre Miguel Lencastre, y el Padre José Pontes, también en América Latina. No es que los chilenos, a cuya Provincia pertenecía Portugal, no fuesen excelentes, pero se corría el riesgo  de verlos partir cuando muchas veces se crearon vínculos más estrechos. Ante esta situación, en 1992 la Rama de Madres de Lisboa funda el Círculo de Sion, entregando, durante la Eucaristía los días 18, una hoja con la firma de quienes se adherían a esta iniciativa. La señal de compromiso era el ofrecimiento diario del Rosario por esta intención y la oración del Hacia el Padre… Oración por vocaciones Masculinas (H. El Padre| P. 171  538-531). A través del tiempo, otras Ramas y otras Familias Diocesanas se fueron uniendo a esta intención.

En julio de 1993, una delegación de la Rama de Madres de Lisboa, peregrinando en Schoenstatt, renueva esta entrega del Círculo en el Santuario de Sión junto a la casa de los Padres en el Monte Sión. Durante la Eucaristía, le entregan al asesor que las acompañaba (el Padre Eduardo Aguirre, también chileno) una postal del Santuario de Lisboa firmada por las Madres presentes.

A estas alturas ya teníamos dos jóvenes en los Seminarios de Schoenstatt. Francisco Sobral y Carlos Alberto – y dos más se preparaban para seguirlos  – Diogo Barata y José Melo. A ellos los siguieron  Tiago Frescata y ahora Gonçalo Cravo.

Nuestro Padre Fundador decía que la mayor fuerza en el Reino de los Cielos es la oración. Por eso, creemos que el poder de la oración del Círculo de Sión hizo nacer estas vocaciones que nos enorgullecen.

Diácono Gonçalo Cravo: llegó tu hora de servir, como sacerdote de Schoenstatt a este mundo en que vivimos, tan lleno de contradicciones pero a la vez de esperanzas en la intercesión de la Mater y su Divino Hijo. ¡Gonzalo, rezamos por ti!

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Original: portugués; traducción: Carmen M. Rogers, Santiago de Chile

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