Publicado el 23. septiembre 2016 In Vida en alianza

Con María, una Iglesia nueva, dinámica: encuentro anual de la Familia de Schoenstatt italiana en Belmonte

ITALIA, Roma – Belmonte, Maria Fischer •

«En realidad, deberíamos haber pospuesto la fecha, y todos nosotros deberíamos estar en la plaza de San Pedro». Los organizadores se dieron cuenta demasiado tarde de que el primer domingo de septiembre, fecha tradicional del encuentro anual de la Familia de Schoenstatt italiana coincidiría este año con la canonización de la Madre Teresa de Calcuta. Un cierto pesar en muchos de ellos y menos participantes que en otros años, especialmente de los habituales invitados de iglesia a nivel mundial en Roma, fueron los signos visibles del error de fecha este 4 de septiembre. «Para el futuro, imagino que aquí en Belmonte acompañaremos y celebraremos en forma más activa estos acontecimientos», así lo dijo el futuro rector P. Marcelo Adriano Cervi, “sentir, celebrar, agradecer, sufrir con la Iglesia: ¡Belmonte también está para eso!”.

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Toscana llegó con bandera

El encuentro, con el que se inició el trabajo de Schoenstatt después de la pausa del verano, tuvo este año algunos momentos especiales: estuvo presente la Auxiliar de Europa, la que a partir de ese domingo nuevamente visita Italia; el futuro rector de Belmonte, el P. Marcelo Cervi, dio una charla; por primera vez, participaron personas del norte de Italia, de Trento; estuvieron presentes Terezinha y Nivaldo Abram, de Brasil, la primera “Familia Custodia” de Belmonte y Davide Russo transmitió en vivo, a través de Livestream de Facebook, todo el evento.

Y luego llegaron los participantes venidos de muchos lugares de Italia. La delegación de la Toscana se destacó porque traían una hermosa bandera con la imagen de la Virgen de Schoenstatt. Muchos llegaron desde Roma y sus alrededores, y un considerable grupo llegó desde Apulia. Más de una docena de imágenes de la Virgen Peregrina fueron colocadas sobre la balaustrada, en el hall de entrada de la Domus Pater Kentenich y formaron un hermoso telón de fondo para las charlas y testimonios que allí se dieron.

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Internacional y con muchas historias

Roma es centro de la Iglesia mundial y los encuentros de la Familia de Schoenstatt italiana se han caracterizado siempre por su internacionalidad. Por primera vez, participaron Gisela Ciola con su esposo Paolo. Ella es argentina, emigrada hace muchos años y desde su patria trajo a Schoenstatt y a la Virgen Peregrina. Y ahora surge Schoenstatt en Trento y Gisela buscó en este encuentro a personas que le ayuden a preparar a la Alianza de Amor a otras personas. El Padre Valentino, de Uruguay, que actualmente está estudiando en Roma: él selló su Alianza de Amor en el Santuario de Nueva Helvecia. Conoció Schoenstatt cuando comenzó a trabajar en una parroquia donde había un grupo muy vital de la juventud schoenstattiana. “Me invitaron a celebrar con ellos la misa de alianza, a bendecirlos cuando sellaron su Alianza de Amor, me regalaron libros de Schoenstatt… ¡y me convencieron y me ganaron para Schoenstatt!”. También estaba presente una señora de Ecuador, quien ha vivido por muchos años en Venezuela y pidió oraciones por su país que tanto sufre. Estaba entre ellos también el P. Rolando Montes, cubano y sacerdote de la Federación de Sacerdotes Diocesanos de Schoenstatt, quién asistió en la tarde e inmediatamente en la puerta de entrada, le pidieron escuchar confesiones. “Es la primera confesión que escucho en italiano”, dijo algo inseguro. Recién hacía dos semanas que había llegado a Roma. “No se preocupe”, le dijo la persona que quería confesarse. “Yo sí hablo italiano y realmente me quiero confesar». El Padre Rolando no salió del improvisado confesionario por un buen rato, ¡ya que rápidamente se corrió la voz de que ese día había posibilidad de confesarse!

Al final del encuentro, hubo un sencillo “envío misionero” en el santuario. El P. Rolando había dejado su Peregrina en Cuba, porque la gente la sigue necesitando allí. ¿Un misionero de la Virgen Peregrina hasta la médula sin la Peregrina? Durante la misa, la Santísima Virgen le golpeó tan fuerte el corazón a una misionera, que la pequeña Peregrina que hace algunos días se encontraba en el santuario (de la modalidad de bebés en riesgo de vida), cambió de dueño (o sea, de misionero) por los próximos tres años.

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La misión de Belmonte

El P. Marcelo Adriano Cervi, futuro rector de Belmonte, habló en su charla sobre la invitación del Santo Padre a ser una Iglesia en salida, en salida a las personas, y que Belmonte también ve aquí su misión. Y ésto tiene que ver con el Padre Kentenich, con Belmonte y con la Iglesia.

  • El Padre Kentenich, así lo dijo el P. Cervi, le regaló a la Iglesia no sólo el amor a María, sino también una nueva visión de una activa fe en la Divina Providencia. Hoy en día no basta simplemente creer: deberíamos creer en el Dios misericordioso y personal, que tiene que ver concretamente con mi vida. El hecho de que José Kentenich tuvo que experimentar en sí mismo el no tener padre, ésto le dio la misión de vida de ser padre para muchos: y no sólo una idea de paternidad, sino que fue un padre de verdad, un padre espiritual real. En el campo de concentración de Dachau, él hizo posible que los sacerdotes llegaran a soñar, soñar con un nuevo mundo y allí, justo allí, fundó la Internacional de Schoenstatt, ya que Schoenstatt debía ser un movimiento no sólo para Alemania, sino para todo el mundo. La Iglesia no lo entendió duranto mucho tiempo, incluso lo envió durante 14 años al exilio y sin embargo, él quiso que en su tumba estuviesen grabadas sólo dos palabras: Dilexit Ecclesiam, Amó a la Iglesia.
  • Belmonte es un regalo de todo el Movimiento de Schoenstatt al Padre Kentenich después de su regreso del exilio. Pero no se trata sólo de un santuario y una hermosa casa, sino del símbolo de la misión de Schoenstatt para la Iglesia, de la tarea de ofrecer a la Iglesia la originalidad de Schoenstatt y de servirla de esta manera. En este punto, es central la impresionante visión de Kentenich sobre la Iglesia: una Iglesia más sencilla, más humana, más solidaria, una Iglesia que sale de su zona de confort, una Iglesia que quiere estar dónde las personas viven, en la miseria material y humana. ¿Pero cómo se entera la Iglesia sobre esto que Schoenstatt puede ofrecer? Seguramente no a través de anuncios comerciales. Sino al experimentar la actitud, libre de envidias y ansias de poder, que se vive en las comunidades, y cómo el trabajo de las diferentes comunidades de Schoenstatt funciona y crea sinergias, dando una idea de cómo realizar una Alianza Apostólica Mundial, es decir, trabajar en conjunto con todas las fuerzas apostólicas para el bien de las personas.

 

  • Una Iglesia para el hombre de hoy, con el hombre de hoy, fue el gran desafío que el P. Kentenich ya identificó en ese tiempo y es el mismo desafío que tiene el Papa Francisco. Hoy en día, la sociedad ya no es, con seguridad, cristiana. Algunos reaccionan frente a esto con una tendencia a retirarse en fortalezas y con actitudes de rigor. Esta no es la actitud de Schoenstatt, sino la de ofrecer a las personas la verdad de Dios con alegría y con un nuevo lenguaje y nuevas formas. La Alianza de Amor es la medicina para las personas: para aquellos que no encuentran un sentido, se les ofrece la fe práctica en la Divina Providencia; a aquellos que construyen muros y que no viven la solidaridad o no la experimentan, la cultura de alianza; y para aquellos que se hunden en el materialismo, la verdadera alegría de vivir.

¿Una idea demasiado grande para nosotros? No, en absoluto, dijo el P. Marcelo, y se refirió a la Madre Teresa de Calcuta y su grandeza en la oscuridad de la fe, y a Don João Pozzobon, el “burrito”, que recibió «la gracia de comprender el origen”.

 

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Una Misa radiante

Después del almuerzo y durante la oración del rosario, que se efectuó en la casa debido al calor sofocante, llegó cada vez más gente. Muchos de ellos habían estado por la mañana en la canonización y compartieron algo de este acontecimiento radiante, uno de los aspectos más destacados de este Año Santo de la Misericordia. El breve testimonio del matrimonio Abram y una película hablada en italiano sobre João Pozzobon formaron parte del otro programa.

La Misa fue concelebrada por cinco sacerdotes pertenecientes a las cuatro comunidades sacerdotales de Schoenstatt, venidos de cinco países, acompañados por un coro y un grupo musical bajo la dirección de la Hermana Giulia: el P. Daniel Lozano, celebrante principal, el P. Marcelo Cervi (Instituto), P. Rolando Montes (Federación), P. Heinrich Walter (Padre de Schoenstatt) y P. Valentino (Liga). Argentina, Brasil, Cuba, Alemania y Uruguay.

«Somos instrumentos que Dios utiliza como Él lo necesita, especialmente con nuestra debilidad humana», explicó el rector P. Daniel Lozano en la prédica y recordó que la Reina de Belmonte nos ayuda en el santuario a ser discípulos y apóstoles del Señor.

Allí, en el santuario, el encuentro terminó con la bendición y la renovación de la Alianza de Amor… aunque no finalizó del todo, porque venía algo importante: ese prolongado y relajado momento de conversar y de intercambiar, al que se le llama “despedida”.

 

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Fotos: Maria Fischer, Davide Russo

Original: alemán. Traducción: Tita Andras, Viena, Austria

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