Publicado el 18. mayo 2016 In Vida en alianza

Los mandarinos siempre buscan tierra fértil

PARAGUAY, por Carolina Ayala Silvera •

El pasado 11 de mayo tuvimos un encuentro maravilloso con María Fischer en el Santuario Terruño: ella nos dio una charla sobre el Padre José Kentenich, hacedor de vínculos, relacionada con el centésimo aniversario de la revista MTA.

Hoy, el lenguaje de los vínculos orgánicos, es el tiempo que regalamos

En esa noche varios miembros de la gran familia schoenstattiana esteña pudieron escuchar magníficas anécdotas del Padre y Fundador. María regaló más que un encuentro. Hizo descubrir dos cosas muy importantes: ante todo el vínculo personal con el Padre y Fundador, el gran amor de un Padre hacia sus hijos espirituales y todo lo grande que se derivó de ese amor. Hoy padecemos de una escasez atroz de tiempo; lo expresa una muletilla usada continuamente: “no tengo tiempo”. En este taller más de uno descubrió que en primer lugar, para hablar de una cultura de alianza, hay que crear vínculos. Y los vínculos se crean por medio de una buena comunicación. El Padre dejaba abiertas las puertas de su oficina día y noche, leyó las quince mil cartas recibidas, respondió con el mayor grado de compromiso. Nadie se quedaba sin respuesta.

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Encuentro de corazones que arden por la misma misión

El segundo gran descubrimiento fue la comunicación kentenijiana. María narró el caso de José Engling: en la época de la guerra había surgido la idea de crear grupos entre los congregantes, pero según el mismo Engling, no estaba resultando. La sugerencia del Padre Kentenich fue que se unieran todas aquellas almas que ardían por algo en común. Así la vida de los grupos comenzó a mejorar, porque había lazos vitales entre los miembros, nació el afecto necesario, la libertad de expresión y de elección que va mucho más allá que un simple marketing. No se “venden experiencias”, se transmiten las vivencias reales con el Padre y Fundador y con la Mater.

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“Jesús: nunca estás tan ocupado que mi visita te moleste”

Esa noche conocí una oración hecha por el Padre que tocó mi alma: “Jesús, nunca estás tan ocupado que mi visita te moleste”… Hagamos que esa oración llegue a otras almas de manera que todos se sientan únicos y amados por Jesús. Transmitiendo esta oración nos convertiremos en pequeños comunicadores, pero sobre todo en pequeños Kentenich, regalando algo de tiempo y una buena comunicación. Hace cien años ¿que fue lo que motivó al Padre Kentenich a redactar una revista en medio de la gran escasez provocada por la guerra? Fue el gran amor paternal que tenía por los suyos. Si hizo eso hace cien años, imaginemos lo que haría ahora, estando en el cielo con la Mater, ¡que otra locura haría por ti y por mí! Dejemos que el Padre nos sorprenda…

Como conclusión puedo decir que más de uno salió tan conmovido que llovieron los pedidos por un próximo taller en Ciudad del Este.

Gracias, María, por regalarnos el motor secreto de la buena comunicación kentenijiana.

Video: Carolina Ayala

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