Publicado el 2015-11-27 In Misiones, Vida en alianza

MISION TOTUS TUUS en Trinidad

URUGUAY, por Fernando Olmedo, vía Schoenstatt.org.uy •

A veces el encuentro con Jesús está a “un mar de distancia”, mar de distancia en las preocupaciones o rutinas del día a día, de la hostilidad y desierto del mundo, del dolor y la melancolía de lo pasado, que nos cuesta dejar ir, de la frustración de este o aquel proyecto que no sale. Y es que, a veces, es necesario un salto o paso audaz, como el que se animó a dar Pedro para salir al encuentro de ese Dios hecho carne, hecho hombre, tangible, que se puede tocar, abrazar y que termina por conmovernos hasta las entrañas más profundas de nuestro ser.

Ese salto se animaron a realizarlo 30 chicos el fin de semana del 2 de octubre cuando partieron a la ciudad de Trinidad a misionar, para encontrarse con las personas que viven allí, para llevarles la “Buena Noticia”, buena onda y alegría.

El rostro de Jesús en los demás

Es que salir a misionar es una experiencia que llena de alegría y nos renueva por dentro, hace nueva nuestra fe, nuestra relación con Dios, y nos vuelve a recordar que creemos en un “Dios de la vida”, de la vida concreta de nosotros y de las demás personas. Cuando “salimos al encuentro del otro”, en este caso de las personas de Trinidad, encontramos el rostro de Jesús en cada uno de ellos, y es así como “Jesús cruza ese mar de distancia” para dirigirnos su palabra en las palabras de la señora Rosita, para dirigirnos su mirada en la mirada de don Roberto, para regalarnos su sonrisa en la sonrisa de alguno de los niños con los que nos tocó jugar o compartir en la catequesis. Incluso es el mismo Jesús que nos comparte su sufrimiento en el abandono por parte de sus hijos de la señora Olga.

Pero no solo nosotros pudimos ver a Jesús en los rostros de las personas de Trinidad, sino que las personas de Trinidad pudieron ver en nosotros el rostro de Jesús, ese Jesús que “pasaba haciendo el bien”, llevando un mensaje de esperanza y buen ánimo sin ningún tipo de interés, sino con la simple alegría de poder “darse”. Y de esta manera, nos recordó, que llevamos algo “divino” dentro de nosotros, algo de Dios, que hacía que las personas de Trinidad nos abrieran las puertas de sus hogares; nos recordó que somos “Hijos de Dios” y que nos quiere de manera única.

Todo tuyo

“Totus Tuus” (Todo tuyo) fue el nombre que elegimos para la misión. Nombre que nace del lema que eligió Juan Pablo II cuando comenzó su papado. Este “todo tuyo” va dirigido a María, a la Mater, sabiendo, que si nos cogemos de su mano y nos abandonamos en Ella, todo va estar bien. Eso mismo quisimos transmitir en cada una de las casas que nos tocó misionar. La Mater peregrina fue la que entró en cada casa, Ella fue la que se quiso quedar para obrar milagros en la vida personal de cada uno de los que la dejaron entrar.

Esperemos que esta primera “Totus” sea la primera de muchas. Ojalá que como movimiento de Schoenstatt podamos seguir regalando estos espacios de encuentro con Jesús y María para que muchos jóvenes y adolescentes se puedan encontrar con Dios, con ese Dios que nos da vida y vida en plenitud.

Aprovecho para agradecer a tanta personas de la familia que nos ayudaron, tanto espiritual como materialmente, a que esta misión fuera posible; sin su apoyo habría sido difícil la realización de la misma.

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